¡Que viva San Julián!

Jonatan López - viernes, 1 de febrero de 2019
Carlos González Culebras - Foto: Reyes Martí­nez
Carlos González Culebras, vocal de la Agrupación de Devotos de San Julián El Tranquilo

Conquense de pura cepa, nacido junto a La Ventilla y uno de los más de 250 miembros de la Agrupación de Devotos de San Julián El Tranquilo. Tiene marcado en rojo en su calendario este lunes (28 de enero), día del patrón de Cuenca. Se llama Carlos González, manitas y hombre para todo, que limpia, fija y da esplendor –emulando aquel lema de la RAE- en la ermita del santo. Él, junto a otros, es uno de los responsables de que el paraje, a lo largo de todo el año, esté bien cuidado y aseado para el día más importante. «Aquí subimos todos a trabajar, pero es por la devoción que tenemos a San Julián. Ponemos nuestro dinero y tiempo pero, a cambio, recibimos mucha satisfacción», asegura.
Cuenta que desde niño ha participado en los festejos de San Julián pero, por circunstancias y trabajo, no lo pudo hacer de continuo en años posteriores. Eso sí, desde que está jubilado no se ha perdido un solo día del santo y van 17 seguidos.
Prepararon todo con minuciosidad para la celebración de las misas de las 11, 12 –la ofició el obispo de Cuenca, José María Yanguas–, y 13 horas y, pata que posteriormente, la imagen del santo en andas procesionara junto a la cornisa de la pared rocosa, desafiando la verticalidad. 
Por si acaso, y en previsión de los ciudadanos que se acercan a las inmediaciones de la ermita para comer, los hermanos de la agrupación colocaron bolsas de basura anudadas a los pinos más próximos. En los últimos años, «la gente que viene al paraje es más cuidadosa», comenta. 
Los fieles conquenses llegaron poco a poco, deteniéndose antes en la cantera de San Antón y en el primer tramo del escalerón que asciende por la entrada principal. Allí, como es costumbre, la hermandad entregó los panecillos de caridad. Quien lo consideró oportuno, echó unas monedas en el cestillo para costear el gasto, quien no, disfrutó gratis de un rico bollo con matalauva (semillas de anís).
Una panadería conquense se encargó de elaborar hasta 10.000 unidades que se entregaron en estas fechas. Dos mil de ellos se repartieron el viernes a «las casas que colaboran con nosotros, como el Ayuntamiento y la Diputación, el Obispado o las monjas». El resto, 8.000, se acabaron el domingo por la mañana y en pocas horas. 
Carlos, que recuerda que los panecillos no se venden sino que «es caridad», reconoce que el coste «no se llega a cubrir». Además, cuenta que «muchos nos piden un panecillo para un familiar enfermo. Si fuera verdad los hospitales estarían llenos ese día». 
Otros acudieron a los dos puntos de reparto, e incluso regresaron al primero, o subieron, descansaron, y volvieron a bajar para pedir otro pan dulce y tierno.
A lo largo del día también vendieron objetos de recuerdo del santo, caso de rosarios, pulseras, imanes para la nevera o llaveros. Carlos indica que «se vende mucho, pero los precios son tan bajos que sólo tenemos para los gastos».
Asimismo, dice que «está complicado» el reemplazo de gente más joven que se haga cargo de preservar la tradición y la veneración por el patrón. «Todos los de la directiva somos mayores de 65. Los jóvenes no se implican y el caso es que luego suben y les encanta, pero el día a día es otra cosa. Para mantenerlo así de limpio hay que ser constante».
Ahora que, ni hablar de eso que dicen de cambiar el festivo local por el de San Mateo. «¡Vamos, vamos. La Virgen de la Luz es la patrona y San Julián el patrón de Cuenca! De siempre».
Esboza una sonrisa mientras observa alrededor para no olvidar ningún detalle y recalca la gran cantidad de trabajo que efectúan varios hermanos a lo largo de todo el año. Eso sí, asegura que este domingo, «para todos nosotros, es el no va más».

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