El 'Mundialito', un campeonato en plena decadencia

Diego Izco (SPC)
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Poco queda de la gloria de la Intercontinental: la erosión del fútbol sudamericano ha dejado a Europa como única candidata al título

El ‘Mundialito’, un campeonato en plena decadencia - Foto: KARIM SAHIB

Fue el dirigente francés Henri Delaunay, empujado por la grandeza del Real Madrid de la época, el que propuso y parió la idea: ¿Cómo determinar cuál era el mejor equipo del planeta? Así nació en 1960 la Copa Intercontinental, un duelo de ida y vuelta entre el campeón europeo y el sudamericano (discriminando sin ambajes ni tontorrones cargos de conciencia a las confederaciones de inferior entidad): aquel año, el conjunto blanco (0-0 en Uruguay y 5-1 en el Bernabéu) inauguraría el palmarés venciendo a Peñarol.

¿Qué ha sucedido, 58 años después, para que el ‘planeta fútbol’ tenga la sensación de que este Mundial de Clubes de la FIFA, desde 2005 hijo putativo de aquella Intercontinental, es un trofeo decadente? ¿En qué punto ha perdido su prestigio? 

El palmarés global habla de un gran equilibrio de fuerzas a ambos lados del Atlántico. La UEFA posee 31 títulos y 26 subcampeones, frente al 26/29 de la Conmebol (completan el palmarés global dos segundos puestos para África y uno para Asia). Antes de la edición de 2018, Brasil y España compartían cabeza con 10 trofeos, Argentina e Italia el segundo peldaño con nueve, Uruguay seis, Alemania cuatro... 

EQUILIBRIO IRREAL.  Sin embargo, esa igualdad es ficticia, pura pantomima, con cierto rigor histórico. En sus tres primeras décadas, de 1960 a 1989, la Conmebol domina claramente el trofeo por una diferencia de 11 a 17 (en 1975 y 1978 no se disputó). En las tres décadas siguientes, de 1990 a 2017, la UEFA se dispara: 20 a ocho. 

Dos comparaciones más para ilustrar el gran desequilibrio que ha minimizado el rigor del ‘Mundialito’: desde que se disputa bajo el actual formato (2006), 10 europeos frente a dos sudamericanos (Internacional en 2006 y Corinthians en 2012) levantaron el trofeo. Sin embargo, la segunda de las comparaciones explica muchas más cosas: hasta 1995, Sudamérica ganaba por 13-20; desde 1995, Europa arrasa con un 18 a seis. ¿Qué sucedió en 1995? La ‘Ley Bosman’. 

LOCURA FINANCIERA. El fútbol dio un gigantesco paso hacia la locura financiera, en la que Ligas y clubes de estructura seria triunfaron... y en la que competiciones y equipos sin estructuras profesionalizadas se estrellaron. La inmensa mayoría de los primeros estaban a este lado del Atlántico, en Europa; los otros, en Sudamérica. Y claro, aquella lata abierta por el Torino en 1925, la llegada del primer sudamericano a Europa (el delantero argentino Julio Libonatti, procedente de Newell’s Old Boys), reventó. 

«Desde hace años -explicaba a la BBC el periodista argentino Jorge Barraza- estamos jugando con lo que queda en el tarro. Hace años, solo los mejores se marchaban a Italia, España o Inglaterra. Ahora eso ha cambiado: se van los buenos, los regulares y hasta los malos a muchas más Ligas». Desde enero de 2011 hasta junio de 2014, solo los clubes argentinos y brasileños exportaron al resto del planeta 8.158 jugadores.

Un estudio del portal de apuestas Bwin, no obstante, revela que en la última década los flujos de fichajes han cambiado. Aunque los países sudamericanos siguen siendo grandes viveros del mercado europeo, la tendencia es bajista: la llegada de argentinos ha descendido un 47 por ciento, la de brasileños un 23 por ciento y la de uruguayos casi un 50 por ciento. ¿Es un bajón que describe una pérdida de calidad del futbolista sudamericano... o certifica que todo lo bueno ya está aquí?

JÓVENES. Los grandes clubes europeos tejieron sus redes hace mucho tiempo: ojeadores y captadores, incluso escuelas patrocinadas, han creado lo que el periodista Juan Pablo Meneses (autor del libro Niños futbolistas) llama «el post-fútbol, una época en la que todos quieren estar en el gran circo... y ese gran circo es Europa». La agencia Euromericas Sport Marketing lo certifica: la edad media a la que un futbolista sudamericano deja el continente para viajar a Europa ha bajado a los 15,6 años. Es fácil encontrar sudamericanos en las canteras de los grandes clubes europeos:el brasileño Galván o al argentino Feuillanier en el Madrid B, al uruguayo Araujo y al ecuatoriano Delgado en el Barça B... 

Este factor se une a la desesctructuración de competiciones con aperturas y clausuras, que coronan a un campeón cada seis meses y benefician los proyectos inmediatos frente a los diseñados a largo plazo. Sin recursos más allá de la venta (a años luz de Europa en derechos de televisión o márketing), el fútbol de clubes suramericano es un páramo... y que el campeón de la Libertadores gane hoy al campeón europeo es casi una utopía. Bastante tienen con ganar a asiáticos o africanos...