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21 de septiembre de 2018

La caza invierte 230 millones en conservación ambiental

La Tribuna - martes, 11 de septiembre de 2018
Los cotos de caza que tienen buenas poblaciones de conejo de monte y perdiz favorecen la existencia de especies protegidas, como linces ibéricos y águilas imperiales.
El sector privado de la caza invierte cada año más de 230 millones en conservación medioambiental, cantidad a la que se suman los 54 millones que se destina al mantenimiento y construcción de infraestructuras como caminos rurales o cortafuegos.

Así lo revela el informe 'Evaluación del impacto económico y social de la caza en España', elaborado por la consultora Deloitte, un documento que deja claro que "la actividad cinegética juega un papel importante en la preservación de la fauna silvestre", según ha dado a conocer hoy la Fundación Artemisan en un comunicado.

Según este informe, los terrenos gestionados para la práctica de la caza menor "conservan hábitats de gran valor ecológico" y muchas de las prácticas que allí se realizan desde el sector cinegético -uso de bebederos y comederos, mejoras del hábitat y control de predadores- benefician a especies no cinegéticas, como es el caso de numerosas aves rapaces y esteparias.

Además, los cotos de caza que tienen buenas poblaciones de conejo de monte y perdiz favorecen la existencia de especies protegidas, como linces ibéricos y águilas imperiales.

De hecho, las fincas donde mejor se está recuperando el lince en España son, precisamente, fincas de caza, han señalado.

El informe de Deloitte, realizado a instancias de la Fundación Artemisan, señala, entre otras cosas, que el sector de la caza invierte cada año 15 millones de euros en gestión de puntos de agua y 41,46 millones en siembres.

Además, casi 11.000 cotos participan en programas de conservación de especies protegidas y más de 26.000 desarrollan programas de concienciación y sensibilización medioambiental.

Los responsables de los cotos (titulares privados y sociedades), destaca el informe, apuestan por las buenas prácticas cinegéticas y medioambientales, evitando malas prácticas y con un control continuo sobre la fauna protegida.

También la caza mayor "constituye una herramienta más dentro de la gestión ambiental", ya que ciertas especies de ungulados (como ciervos y arruís) palían los efectos negativos de la desaparición de la ganadería tradicional extensiva, "contribuyendo así al mantenimiento de hábitats como la Dehesa y otros localizados en media y alta montaña y ayudando a prevenir incendios".

A su vez, las piezas de caza mayor proporcionan alimento a las aves carroñeras.

El informe resalta que "la caza bien gestionada puede ser muy positiva para el mantenimiento y conservación de las zonas rurales y los cazadores y gestores de cotos pueden ser custodios del territorio, convirtiéndose en piezas clave para la conservación de los ecosistemas".


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