La Tribuna de Cuenca
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Beethoven, canto llano

Marcos A. de la Ossa - domingo, 20 de abril de 2014
Interpretación del ‘Oficio divino de Viernes Santo en el tiempo del Greco en Toledo y El Escorial’ - Foto: Robayna
Codetta, Camerata Ireland, Schola Antiqua y The Tallis Scholars fueron los conjuntos protagonistas de los conciertos de Jueves y Viernes Santo. El notable nivel artístico contrasta con la mejorable asistencia de público

En la recta final de la Semana de Música Religiosa pudimos disfrutar de dos eventos muy diferentes entre sí pero de notable nivel artístico, tónica de la 53 edición del ciclo conquense. Pero, también de nuevo y en ambos casos, la asistencia de público fue muy mejorable, en torno a trescientos cincuenta espectadores para la velada del Jueves Santo en el Teatro Auditorio, y cercana a los ciento cincuenta en las múltiples citas programadas en la recién restaurada capilla del Espíritu Santo y en la propia Catedral el Viernes Santo.
Aunque analizaremos con más amplitud este hecho próximamente, sorprende la ya mencionada ausencia de estudiantes, docentes de distintos ámbitos, músicos profesionales y diletantes conquenses.
Tal vez se debe ampliar el espectro o comunicar con más tiempo la existencia, en algunos casos, de entradas con menor precio dirigidas a ellos. Sea como fuere, no podemos entender que obvien o miren hacia otro lado cuando conjuntos de gran prestigio nacional e internacional acuden a su ciudad a interpretar repertorios que ellos también realizan, han estudiado o trabajan de una u otra manera.
Centrándonos en lo meramente musical, el coro Codetta, al que ya pudimos escuchar en la tarde-noche del Lunes Santo, volvió a sobresalir en la interpretación del oratorio de Beethoven Cristo en el monte de los olivos op. 85. La agrupación destacó por marcar una línea plena en matices e intensidad, de muy buen tono durante toda la velada.
Junto a este conjunto, actuó también una correcta Camerata Ireland y los solistas Aioife Miskelly (bellísimo el timbre de esta soprano), el tenor John Porter, que pasó por algunas dificultades, y el barítono Owen Gilhooly, todos ellos dirigidos por Barry Douglas. Con respecto a la obra, muestra claras referencias operísticas y evidencia la influencia de Mozart. Su libreto, escrito por Franz Xaber Hume, presenta a un Jesús muy humano que, para Luis Gago y como pudimos leer en unas interesantes notas al programa, expresa unos sentimientos que quizá  Beethoven, que ya estaba sintiendo el avance de la sordera que le afectó cuando estaba componiendo la partitura, asumió también como propios.
Para completar un recital que, de otra manera, se hubiera quedado demasiado breve, se optó por incluir en el programa el Concierto nº 4 para piano y orquesta en Sol Mayor de Beethoven, dividido en tres movimientos (Allegro Moderato, Andante con moto y Rondo: Vivace). Ciertamente, no es una pieza de talante sacro, premisa principal del festival, pero tampoco debería ser obligatorio en todas las citas que el total de las composiciones que se interpretan sean religiosas, máxime cuando Barry Douglas, que dirigió a la Camerata Ireland desde el teclado, es Medalla de Oro en el Tchaikovsky International Piano Competition de Moscú y recibió la Orden del Imperio Británico en la 2002 New Year’s Honours List por sus servicios a la música.
El irlandés prefirió abrir la tapa del Stenway & Sons del Teatro Auditorio de Cuenca para proyectar todo el sonido (dicho sea de paso, lo mismo hizo el pianista de ascendencia conquense Eduardo Fernández en la misma sala hace unos años al tocar un concierto de Rachmaninov) en lo que podemos considerar como un regalo por parte de un excelente pianista y director  que dejó una excelente impresión en Cuenca.

Viernes Santo.  Ya hemos mencionado que la relación entre pintura y música y El Greco son ejes principales de esta Semana de Música Religiosa de Cuenca. Una de las apuestas de la 53 edición fue la recreación, reconstrucción o diseño de lo que pudo ser el Oficio Divino de Viernes Santo en el tiempo de El Greco en Toledo y El Escorial. Tal vez lo único a achacar a esta propuesta, dividida en siete conciertos, es esta consideración de concierto (quizá se les debería haber marcado como liturgias). Además, hacer ascender al público siete veces a distintas horas en un día tan intenso y bullicioso como el Viernes Santo en Cuenca al Casco Antiguo posiblemente hizo que más de uno prefiriera quedarse en casa, en el hotel, presenciar o participar en las procesiones o seleccionar solo algunas de las citas. Pero lo más importante es que la interpretación fue bellísima por parte de Schola Antiqua (dirigidos por Juan Carlos Asensio, fueron los encargados de las partes de del canto gregoriano), y The Tallis Scholars (conducidos por Peter Phillipps, se hicieron cargo de las secciones polifónicas con un altísimo nivel). El propio Asensio realizó en unas divulgativas y fantásticas notas al programa (por algo está considerado como una de las personas de mayor prestigio a nivel nacional y europeo en lo que a música medieval se refiere) en las que acercó de forma rigurosa a los presentes en los eventos al Oficio Divino y a la reconstrucción que han llevado a cabo para la Semana de Música Religiosa, sus condicionantes, la elección de las músicas y las líneas principales de las liturgias. En las Completas, las dos formaciones sobresalieron en lo que podemos considerar como éxito artístico de la Semana de Música Religiosa, eso sí, disfrutado por demasiado pocos espectadores.

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