Un tesoro bajo las obras

Jonatan López - miércoles, 27 de enero de 2016
Los arqueólogos responsables del yacimiento en uno de los 'alveus' o baños del 'caldarium'. - Foto: Reyes Martí­nez
Los trabajos de canalización del acueducto Tajo-Segura sacaron a la luz en noviembre los restos del yacimiento de la Vega, de finales del siglo III

A escasos seis kilómetros de la autovía A-3, en la pequeña localidad de El Cañavate, las obras de la tubería manchega de abastecimiento para las localidades del acueducto Tajo-Segura sacaron a la luz en noviembre los restos termales de una villa romana, construida entre el siglo III y IV. Un conjunto de termas único en la provincia y comparable al yacimiento arqueológico de Noheda. Las termas halladas pudieron formar parte de una domus, un lugar para establecer relaciones comerciales entre las personas importantes que mercadeaban y hacían negocios, en ese eje que cruzaba la provincia conquense y que conduciría a Valeria y a Segóbriga, y en el tránsito hacia Complutum.
«El edificio tenía que ser muy espectacular, de diferentes alturas», explican los arqueólogos de Carpetania Integral, Chema López y Arturo Suárez, empresa encargada de las excavaciones. 
No existía carta arqueológica de un yacimiento, al que los arqueólogos han denominado de la Vega, ni existía documentación, aunque los lugareños sospechaban que bajo esa era, donde los niños jugaban y habitualmente se trillaba el grano, existían restos arqueológicos. 
Las zanjas realizadas por los obreros sacaron a la luz los restos, en el último tramo de una de las conducciones por las que atraviesa la tubería de abastecimiento. Posteriormente, Carpetania Integra inició las primeras excavaciones para descubrir cerca de 800 metros cuadrados del complejo termal, aunque asociados a los mismos pueden existir más de 3.000 metros cuadrados, entre edificaciones y la villa «que se encuentra al norte». 
 
Elementos. En la parte excavada se puede observar nítidamente el frigidarium (baños fríos) con dos alveus, que conectan con el tepidarium (aguas templadas) y un hipocausto (la parte calefactada a través de un horno o caldarium). El edificio romano también cuenta con una piscina (natatio), vestuarios y una sudatio o sala de masajes. Igualmente, las excavaciones han descubierto un mosaico formado por placas cuadrangulares de roca caliza.
Suárez, uno de los arqueólogos de Carpetania, también explicó que los muros del edificio estaban construidos con mampostería de roca caliza, «regulares, muy bien devastadas».
El arqueólogo destacó el horno de las termas, alejado del tepidarium, «con lo que tenemos un tipo de edificación con eje axial, similar al de Noheda, aunque serían más pequeños. Esto no se había descubierto aún en la provincia», afirmó.
La villa rural se desocupó a finales del siglo IV y se amortizó para usos distintos. «Se derrumbaron muros, paredes con estucos, una placa de roca caliza con motivos vegetales,  y se rellenaron las áreas de los hipocaustos», explicó el arqueólogo.
Además, en lo excavado hasta la fecha, se ha encontrado una lucerna tardía, cucharas de bronce, restos cerámicos tardorromanos en sigilata, y cerámica común como platos, jarras, bruñidos y con decoración pintada.
 
Preservación. La publicación del hallazgo, en palabras del arqueólogo Chema López, «no debe ser suficiente. No tiene ningún sentido excavar esto si mañana vamos a echar tierra encima. Se va a sepultar y en los libros quedará muy bien», dijo, e incidió en que «hay que devolver a la comunidad lo que sacamos a la luz, a través de las entidades públicas y promotoras e incluso de un mecenazgo». 
Unas ruinas que «no tienen paralelo en la provincia, excepto Noheda,» y que pueden «potenciar los recursos turísticos de la zona», reiteró López. 
Sobre el coste para preservar los restos arqueológicos, el arqueólogo de Carpetania, estimó que se necesitarían cerca de 60.000 euros para iniciar la consolidación de los restos.  
«Tenemos prácticamente todas las estructuras exhumadas. Faltaría abrir las parcelas y llegar a la carretera para integrar todas las termas. A partir de ahí habría que establecer los medios necesarios para darlo a conocer», dijo López, que recordó que los restos, desde su descubrimiento en noviembre, «están a la intemperie y ahora es la época donde hay que tomar una determinación. Esa no puede ser otra que sean tapados». En ese sentido reconoció que la Junta de Comunidades tiene conocimiento de ello y se están desarrollando los informes correspondientes. 
Además, la Diputación Provincial ya maneja igualmente la información detallada del proyecto, e incluso su presidente, Benjamín Prieto, «ya ha estado aquí. Es una persona muy involucrada con el patrimonio conquense», aseguró el arqueólogo.
Eso sí, López subrayó que si no hay respuesta por parte de las administraciones públicas, el yacimiento se tapará y «aquí paz y después gloria».
 
Una grata sorpresa para los vecinos. Los vecinos de la localidad están encantados con la posibilidad de que los restos hallados puedan consolidarse y ser visitables en un futuro. La población de cerca de 150 habitantes vive únicamente de la agricultura y la despoblación paulatina se sufre año tras año. Tanto es así que, aunque la bonita localidad dispone de un colegio reformado no hace muchos años, los seis o siete niños en edad escolar deben ir a otras localidades próximas.
«Fue una sorpresa muy grata para nosotros», dice Soledad Olmeda, una vecina de la localidad conquense que añade que «sabíamos que se habían sacado restos alguna vez». Lo cierto es que esta amplia vega es un lugar habitual de paseo de los vecinos, que desconocían el tesoro que había bajo sus pies. 
«Es una ruta de paseo. Un sitio muy tranquilo por el que no pasan coches», dice Olmeda, que recuerda que la localidad cuenta también con otros tesoros como la ermita de Nuestra Señora del Trascastillo o las ruinas de la fortaleza, «que estaría bien que se dieran a conocer y se supiera que también estamos aquí».
Otro cañavatero, Enrique, de 83 años de edad, comenta sobre el yacimiento que «me parece una cosa muy grande. Hemos estado por aquí 40 veces y no sabíamos que existía. Había algún resto, pero no pensábamos que se trataba de esto», dice emocionado, y agradece a los arqueólogos que «se haya descubierto». El vecino cree que el hallazgo «puede atraer a gente. Nosotros les recibiríamos con los brazos abiertos». 

 

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