«Optar al Premio Max es un impulso para seguir escribiendo»

José Luis Enríquez
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La dramaturga, actriz y directora escénica desvela su pasión por un oficio con el que soñaba desde que era muy pequeña y subraya la importancia de que Oliva Sabuco "fuera escuchada por fin después de tantos siglos de olvido e ignominia".

Teresa Valeriano - Foto: Cedida

Cualquier intérprete que se sube al escenario de un teatro sabe muy bien que la vida es sueño. Es el caso de Teresa Valeriano, una mujer que es ya todo un referente de las artes escénicas en Castilla-La Mancha y que tiene en Villanueva de la Jara, San Clemente y Casasimarro el triángulo vital de unas raíces que influyen en su manera de ver el mundo. 

Valeriano sintió el gusanillo de la interpretación cuando era una niña y desde entonces no ha dejado de perseguir su sueño como actriz, dramaturga y directora escénica. Atesora una amplia trayectoria y este año tiene la recompensa de figurar en la lista de candidatos al Premio Max en la categoría de Mejor Autoría Revelación por Oliva, una obra en la que recupera a una mujer castellano-manchega del siglo de oro injustamente olvidada. De la misma manera que Oliva Sabuco, Teresa Valeriano pone todo su empeño en sacar adelante las cosas en las que cree a través de un oficio que ama profundamente y que «hace feliz a los demás». 

¿Qué significa optar al Premio Max en la categoría de Mejor Autoría Revelación?

Significa un reconocimiento al trabajo de creación del texto, que en realidad fue el germen primero del proyecto. Es una tremenda alegría saber que un jurado compuesto por dramaturgos y profesionales del teatro valora mi autoría entre muchos textos que estoy segura de que son trabajos excelentes. Por eso, estar en el listado de candidatos, ya es un regalo en sí mismo que nunca pensé que podía suceder. Fue una sorpresa enorme y un impulso para seguir escribiendo.

Además, la alegría es doble porque Pepa Pedroche también figura como candidata en la Mejor Dirección de Escena…

Efectivamente, que se valore la dirección de Pepa Pedroche es una satisfacción mayúscula, pues ha hecho un trabajo impecable, con muchísimo rigor, compromiso y, sobre todo, con grandes dosis de amor al oficio teatral, que es tan fundamental para que el engranaje de una obra de teatro funcione. Pepa es una persona entrañable y una directora firme, eficiente y resolutiva que hace fácil el trabajo y cuida al equipo. Cualidades estas, que hacen de ella un pilar en el que se sustenta la obra. Personalmente le estaré eternamente agradecida por la confianza que puso en mí, cuando Oliva no era más que un sueño que rondaba en mi cabeza.

¿Llegar a la gala de los Premios Max con Oliva es un sueño hecho realidad?

De momento ahí no hemos llegado [sonríe]. Estar en el listado de candidatos no implica ir a la gala de los Max. En cada categoría hay sobre unos 20 aspirantes, de los que tres resultarán nominados. Esos tres son los que irán a la gala que se celebra en Tenerife, y de ahí saldrá un único premiado. Es una carrera difícil porque la calidad de los trabajos es superlativa, los compañeros y compañeras candidatos tienen montajes brillantes y hay muchísima calidad en todas las producciones. Por eso, para nosotros, una compañía pequeña de provincias, estar ahí ya es todo un logro.

¿Imaginaba que Oliva le iba a llevar tan lejos?

Lo más hermoso de los sueños es que a veces se hacen realidad. Nunca soñé que Oliva llegara a ser candidata a los Premios Max, la verdad. Pero sí soñé que Oliva Sabuco, una mujer pionera, culta, revolucionaria en su tiempo, tuviera voz y fuera escuchada por fin después de tantos siglos de olvido e ignominia. Soñé con devolverla a la vida, con ver cómo la gente se interesaba por ella, por su legado, por su vida. Y eso ocurre en cada función, Oliva vive en cada mente que la descubre. Ese sueño se ha cumplido y solo con eso, ya merece la pena el esfuerzo y el trabajo para sacar la producción adelante. Todo lo demás son regalos que Oliva nos devuelve y que recibimos con humildad y cariño.

¿Cuál ha sido la evolución de Oliva desde su estreno en el Festival de Almagro?

Ha pasado por muchos escenarios de la región, por la Feria de Artes Escénicas de Castilla la Mancha, por el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, por nuestro querido Auditorio José Luis Perales de Cuenca, por Alcaraz, el pueblo de Oliva, por Milán (Italia) invitada por el Instituto Cervantes dentro de un congreso sobre violencia de género en el Siglo de Oro… Y esperamos que todavía le quede larga vida porque es una historia que merece ser contada.

¿Qué hay de Oliva Sabuco, esa filósofa del siglo de oro, en Teresa Valeriano?

Nunca me lo había planteado, la verdad. Pero ahora que lo mencionas, creo que hay muchas cosas. El ansia de conocimiento, el no parar de aprender nunca, el amor por la naturaleza, por la música... el empeño en sacar adelante las cosas en las que creo sorteando toda clase de obstáculos, el gusto por los placeres de la vida, el amor como base en todo lo que hago… Hay tantas cosas, que me sorprendo. Gracias por la pregunta, me ha hecho reflexionar.

Si no me equivoco, la única representación de Castilla-La Mancha en los Premios Max es la de su compañía, Al Amor de la Lumbre Producciones. ¿Cómo valora la situación de las artes escénicas en la región?

¿Ah sí? Pues qué responsabilidad [sonríe]. Eso debe ser una casualidad, seguro. Porque en la región hay unas compañías buenísimas y consolidadas que tienen el aval de un montón de años haciendo producciones de calidad, que trabajan con tesón y desde el compromiso con esta tierra. Mi respeto para todas ellas y mi admiración profunda. Creo que la situación en este momento es difícil, no nos vamos a engañar, hay más oferta de espectáculos que demanda y eso nos afecta a todos. También creo que la Red de Artes Escénicas y Musicales necesita una revisión profunda, acorde con los tiempos, y me consta que se está trabajando en ello, desde el sector y desde la Junta de Castilla La Mancha. Yo personalmente, soy una recién llegada, me queda mucho por aprender de todos los que han hecho camino antes, y como mis indecisiones a veces son tan grandes, todavía me siento una intrusa que alza la voz con timidez, aunque me encuentro con compañeros maravillosos que me acogen como una más y eso es muy hermoso.

¿En qué está ahora la compañía?

Estamos intentando que Oliva llegue a más lugares y también con una producción más pequeña, sobre la vida en los pueblos que se llama Tina y Tuna, mujeres rurales con alma de juglares, que ha entrado en la Red esta temporada y con la que pretendemos acercar la cultura al mundo rural.

¿Y Teresa Valeriano? ¿Qué proyectos tiene a corto plazo?

Pues seguir escribiendo fundamentalmente para darle forma al próximo proyecto y seguir trabajando para consolidar la compañía. Y vivir, que a veces se nos olvida entre tanto ruido.

¿Cómo influyen en su carrera sus raíces en Villanueva de la Jara, San Clemente y Casasimarro?

Nací en Villanueva de la Jara y guardo todos mis recuerdos de infancia entre sus calles. Siempre será un lugar entrañable al que volver. San Clemente está unido al teatro, porque allí comencé mi andadura por los caminos inciertos de los cómicos y sigo ahí con la firme convicción de que el teatro nos hace mejores. Y Casasimarro, es mi pueblo, donde vivo, donde está mi gente querida y desde donde creo y sueño que todo es posible, aunque vivas lejos de la urbe. Creo que los tres pueblos influyen en mi manera de ver el mundo, porque los tres me conforman y me construyen.

Actriz, dramaturga, directora de escena y directora del Festival de Teatro Francisco Nieva de San Clemente, entre otras cosas. ¿En qué faceta está más a gusto?

Escribiendo, siempre. Es mi hábitat, donde me encuentro más a gusto. Siempre he dicho que me expreso mejor escribiendo que hablando. Escribo desde pequeña y mostrar al mundo lo que hago, lo que soy, es uno de los pasos que más me ha costado dar. Ahora ya no me escondo. Amo escribir, quiero escribir y, además, me hace inmensamente feliz.

¿Puede adelantar alguna novedad de la próxima edición del Festival de Teatro Francisco Nieva, que se celebra en abril?

El Festival Francisco Nieva es una de las cosas más gratificantes que hago. Porque ver a todo un pueblo volcado con el teatro es muy emocionante. Este año será una edición cargada de sorpresas y como novedad puedo adelantar que tendremos una ponencia de lujo con el dramaturgo Juan Carlos Rubio, que será una delicia.

La Escuela Municipal de Teatro de San Clemente, que también dirige, cumple 20 años. ¿Qué significa para usted?

Significa todo. Es mi principio, mi conexión primera con la docencia, con los alumnos. Yo era muy joven y aprendí con ellos, sin parar de formarme para darles lo mejor de mí. Ellos a mí me han devuelto mucho más de lo que yo humildemente puedo aportarles. Me han dado las ganas, la motivación, el entusiasmo. Me han hecho ser mejor y amar las diferencias y las particularidades de cada uno. Ha sido un viaje increíble, un lugar de encuentro, de debate, de reflexión y de interminables horas de felicidad, un regalo de la vida. Estoy muy agradecida al Ayuntamiento de San Clemente por confiar en mí durante tantos años.

¿Cómo se va a celebrar una fecha tan redonda?

Pues como mejor sabemos hacerlo, con teatro. Estrenaremos una obra de mi autoría a final de curso y haremos un homenaje a todas las personas que han pasado por la escuela, que son muchísimas.

¿Hay cantera teatral en Cuenca?

Claro que la hay. Hay grupos de teatro que llevan muchos años de andadura. Hay más compañías profesionales que nunca y hay escuelas de teatro por toda la provincia. Además contamos con la ESAD de CLM y con la Escuela Municipal de Cuenca.

¿El teatro aficionado de la provincia tiene el respaldo suficiente?

Creo que sí. La Diputación de Cuenca, a través de su área de cultura, tiene diversos programas que lo apoyan, como el Talía o las Escuelas Municipales de Teatro que gestiona Agrúpate, auspiciado por la Diputación, y una Muestra de Teatro.

¿De dónde nace su vocación de actriz o, mejor dicho, su pasión por las artes escénicas?

Desde que tengo uso de razón, cantaba y bailaba delante del espejo y hacía 'teatrillos' con mis muñecas. Creo que siempre he sentido ese gusanillo.

Recuerdo una entrevista en la que Ana Belén afirmaba que los actores se suben a un escenario para «expresarse, comunicarse y para que nos quieran». ¿Es su caso?

Creo que tenemos necesidad de contar, de remover, de hacer algo más por la gente. Y, sobre todo, creo que lo más hermoso de este oficio es hacer feliz a los demás.