CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


A toda velocidad

09/12/2019

Esta semana se reúnen las delegaciones del PSOE y ERC en Barcelona y en los próximos días se verán Pedro Sánchez e Inés Arrimadas. A ello hay que sumar los contactos casi diarios que mantiene el presidente en funciones con Pablo Iglesias, cara a cara o a través del teléfono, sobre los que corre un tupido silencio.

Casi tanto silencio como el que mantiene Podemos –se entiende- como el PSOE –no se entiende- respecto a las denuncias que han hecho dos abogados que trabajaban para el partido de Iglesias y que han denunciado toda clase de irregularidades en las cuentas del partido morado, que incluyen sobresueldos, pagos en negro y contrataciones ilegales. Curioso que los socialistas callen como mudos ante un probable caso de corrupción. Va a ser que a Sánchez no le conviene mentar la bicha cuando está negociando de todo y por su orden con el partido que hoy se encuentra cuestionado. Algo debe ser cierto en lo que dicen los abogados expulsados, porque si las cosas del dinero estuvieran claras ya habría aparecido alguien de Podemos ofreciendo pruebas que desmentirían a los denunciantes.

Sánchez quiere, como sea, ser investido presidente antes de que finalice el año, de ahí su actividad desenfrenada y la de los suyos. Quiere cerrar pactos y acuerdos a toda velocidad, lo que no es difícil en el caso de Podemos porque Iglesias está dispuesto a ceder en principio en casi todo con tal de que entrar en el gobierno como vicepresidente y su mujer como ministra. Distinto es lo que ocurre con ERC, que ve cómo Puigdemont y sus huestes ganan terreno, que teme encontrarse en situación de debilidad ante unas nuevas elecciones autonómicas, y que da prioridad a que Sánchez les haga promesas sobre el futuro penal de los dirigentes que cumplen condena , aunque son decisiones que competen a los jueces.

Lo último que trasciende de las negociaciones sobre el futuro gobierno es que en el PP se abre alguna posibilidad de abstención si Sánchez acepta gobernar sin Podemos y con apoyo de Ciudadanos –Casado no aceptaba esa idea ni en pintura- y por el otro lado tanto ERC como Podemos asumirían la estrategia socialista de aceptar algunas de sus propuestas, las menos polémicas, a cambio de apoyar la investidura de Sánchez ya, de inmediato, con la promesa de que las otras exigencias se estudiarían con Sánchez firmemente asentado en Moncloa.

Es decir, que lo que le importa a Sánchez es presidente ya, sin más aplazamientos, esgrimiendo el famoso argumento de la necesaria estabilidad. Una vez que se haya quitado de encima el incómodo “en funciones”, se sentiría más libre de manos para aceptar las condiciones de Podemos y ERC sin poner en riesgo la investidura.

¿Dónde está la ética de quien puede ser presidente en pocas semanas? ¿Qué garantías hay de que una vez superada la investidura defenderá con uñas y dientes la ley y la Constitución?



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