Vuelve el rastrillo

Redacción
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Después de un mes de restricciones por la pandemia, 50 comerciantes regresan al espacio ubicado en los antiguos terrenos del Serranía para seguir vendiendo sus productos a los conquenses

Vuelve el rastrillo

Rastro, rastrillo, mercadillo o baratillo. Estas son algunas de las acepciones que se refieren a un mercado popular en la calle, que se desarrolla en días puntuales y en el que diferentes comerciales venden ropa, frutas y verduras, plantas o productos de alimentación en sus puestos. En la capital, el popular mercadillo que se instala todos los martes en los antiguos terrenos del Serranía, vuelve a recuperar su vida tras un mes marcado por las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia. 
Eso sí, lo hace poco a poco, con solo 50 puestos de los cerca de 150 que puede albergar –el 30 por cienro– y con una separación de cuatro metros entre puesto y puesto. Por ahora, los únicos comerciantes que pueden disponer de un espacio son los empadronados en la provincia.
La normalidad es el denominador común en la reapertura, confirman cuatro miembros de Protección Civil del Ayuntamiento que cuentan que los ciudadanos «son más respetuosos con las mascarillas que antes. Al principio había algún que otro comerciante, pero todo el mundo lo cumple». Si los casos descienden y las restricciones se normalizan «se irá ampliando el aforo». 
Vuelve el rastrilloVuelve el rastrillo - Foto: Reyes Martínez«Menos mal que hemos vuelto. No entendemos porqué están abiertos los comercios y aquí, que hay menos problemas de contagios, nos lo han cerrado», manifiesta un comerciante de Huete, que asegura que «quien gestiona no sabe de qué va el tema. Los autónomos siempre somos los últimos».
 En la churrería, una cola de gente espera su turno para comprar chocolate y porras. Los comerciantes son de Casas de Haro y cuentan que se nota que hay menos gente en este primer día, pero «es que muchos no lo saben. Al aire libre no debería haber problemas, pero las normas hay que cumplirlas».
También hay turno para comprar en un puesto de encurtidos y aperitivos que procede de Las Mesas. Esperanza, la vendedora, cree que es injusto que «el resto de compañeros no puedan venir» y reivindica que los mercadillos «estén al cien por cien como cualquier centro comercial. Que haya un control de aforo de público no de espacios para comerciantes, puesto que aquí se cumplen las normas de seguridad y la gente guarda distancia. Estamos pagando el pato nosotros y la hostelería».


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