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Los últimos trashumantes

Jonatan López
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Los hermanos Cardo, ganaderos de la Vega del Codorno, cumplen con la tradición, atraviesan la provincia y trasladan cerca de 1.500 ovejas por las cañadas reales hasta el Valle de Alcudia en busca de temperaturas más suaves

Los últimos trashumantes

Cuatrocientos kilómetros, la distancia que separa la localidad serrana de la Vega del Codorno de Mestanza (Ciudad Real) es el trayecto que recorrerán cinco hombres, dos yeguas, un caballo y 1.500 ovejas. Los hermanos Cardo, Antonio y Juan Manuel, reunieron su rebaño esta pasada semana y lo prepararon todo para cumplir el que será su décimo tercer trayecto. No son supersticiosos, todo lo contrario, ni huyen literalmente del frío. Cumplen con una tradición antiquísima como es la trashumancia, que se remonta al siglo XIII con la conocida Mesta.

Esta vez no lo harán solos. Emilio Guadalajara, profesor, historiador, naturalista y por encima de todo un entusiasta de lo que tenga que ver con Cuenca y su provincia, les acompaña en este tránsito que durará 23 días y 23 noches, gélidas y lluviosas, probablemente. Esta será, a buen seguro, toda una aventura para el maestro. 

Hasta sierra madrona. Con los hermanos, además, van otras dos personas que ayudarán en las tareas de guiar al rebaño a través de las cañadas. A jornadas de 18 kilómetros de media, casi la distancia de una etapa del Camino de Santiago, hasta que lleguen a los fértiles valles de Sierra Madrona. Allí, a los pocos días, empezarán las parideras –espacio en el que pare el ganado lanar– y pasarán el invierno. Para el 20 de abril se trasquilan y un mes después iniciarán la vuelta a la Vega del Codorno. En camión, eso sí. 

Los últimos trashumantesLos últimos trashumantesEn esta ocasión no se juntan con los trashumantes de Guadalaviar, que desde la localidad turolense se unen habitualmente a la altura de Tragacete para continuar su camino hacia el sur. 

Quizá no fuera casualidad que iniciaran el camino este pasado viernes, pero los ganaderos ya han podido comprobar en sus carnes la dureza que supone transitar por el monte lloviendo a mares o con temperaturas bajo cero. «Ya lo teníamos fijado para ese día y, la verdad, la Vuelta Ciclista no se suspende aunque llueva», dice Antonio, que reconoce las dificultades, pero «estamos acostumbrados a nuestro trabajo y, para nosotros, el buen tiempo es que llueva».  

Una de las estampas típicas año tras año se produce en la rotonda de la carretera de Chillarón y el Centro de Investigación Agroforestal de Albaladejito. El ganado, que se ha detenido en las jornadas pasada en Villalba de la Sierra y el collado de Embid, cruza por Chillarón y por Albaladejito, sorteando la autovía y la capital. 

Los últimos trashumantesLos últimos trashumantesDe hecho, la Guardia Civil de Tráfico detiene durante unos minutos la circulación para que pueda circular por su paso natural, la Cañada de los Chorros, y encaminarse por el amplio paso del Pinar de Jábaga hacía el sur de la provincia. Solo han cubierto seis jornadas de trayecto y aún les resta una buena parte de kilómetros hasta la meta final pero lo hacen, apunta el ganadero, conscientes de cumplir con una de las costumbres en peligro de extinción. 

De la Cañada de Rodrigo Ardaz al cordel de La Alcoba. Desde el inicio del itinerario, el ganado de los hermanos Cardo transita por la Cañada de Rodrigo Ardaz hasta el puente Palmero. Es ahí donde toma la Cañada Real de los Chorros que atraviesa la provincia, explica el ganadero veguero. La cañada conquense pasa por Socuéllamos y Manzanares (Ciudad Real) y confluye en la Cañada Real Soriana Oriental, que pasa por Puertollano. Desde ahí , un cordel –denominado de La Alcoba– les llevará hasta la finca de Mestanza donde acaba el largo recorrido.  

Cardo asegura que «se está arreglando la de los Chorros y sus cobijos». Eso sí, hay abrigos a disposición de los ganaderos y sus acompañantes «hasta Villalba y luego ya no hay. En Las Pedroñeras también tenemos y el resto de jornadas dormimos en tiendas de campaña», explica Cardo, que añade que el grupo de trashumantes lleva «un módulo grande para guisar y hacer la comida o la cena». Lo cierto es que si no fuera por los ganaderos trashumantes «las cañadas se quedarían para autovías, para los ciclistas o para el turismo. De no ser por los ganaderos de la Serranía y de Teruel, se perderían», sentencia el ganadero.