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Un arte sin un lugar claro en la sociedad

Manu Reina
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La capital posee numerosos murales en varios barrios y zonas, pero ninguno está incluido en la lista de los 100 mejores del pasado año

Un arte sin un lugar claro en la sociedad - Foto: Reyes Martínez

El eterno debate. Unos consideran que se trata de puro arte mientras otros insisten en que es meramente vandalismo. El grafiti es una rama de la cultura que nunca ha tenido una posición clara y definida por la sociedad. Para gustos los colores, nunca mejor dicho. Y es que el hecho de pintar en las paredes o en espacios públicos no termina de convencer a todos por igual. Lo que sí es evidente es que dan colorido a la ciudad. Los artistas dan rienda suelta a su imaginación. Basta con pasear por la capital para disfrutar de estos murales, algunos mejores que otros, unos con un mensaje u otro, pero todos creados con el propósito de colorear y animar los barrios y espacios conquenses. Aunque, desde la irrupción de las redes sociales, el modo de percibir los murales ha cambiado. No cabe duda de que los espacios sociales virtuales dieron otro enfoque diferente, pero también una promoción y alcance sin límites. El reconocido artista Mario Rodríguez, conocido popularmente como Mr. Trazo, que cuenta con infinidad de obras y numerosos proyectos, retrata que las redes sociales son un arma de doble filo. «Es cierto que te permiten hacer llegar tus obras más lejos, hasta rincones inimaginables, pero también es verdad que está saciando el arte del mural». Ese sentido, este grafitero subraya, con pena, que «la gente ahora cuando sale por las calles no se detiene a ver las obras, ya que las ha visto previamente desde el móvil». No cabe duda de las redes sociales han generado un cambio en muchos sectores, con especial énfasis en el arte. Las nuevas generaciones aprovechan las facilidades de las nuevas tecnologías para empaparse de cultura.

Si bien, es cierto que la digitalización ha permitido que exista una globalización de las obras. Uno puede disfrutar del arte callejero desde cualquier punto del planeta e incluso elegir la mejor obra desde casa, sin inmutarse. Por ejemplo, la comunidad Street Art Cities, que concentra a los aficionados al arte urbano de todo el mundo, hizo una lista de los 100 mejores murales del planeta durante el pasado año. Un concurso impensable, quizás, para muchos, en los inicios de esta disciplina artística, teniendo en cuenta que por entonces no existían los facebook, instagram o WhatSapp, por mencionar solo algunas de estas famosas plataformas de convivencia virtual. Lo cierto es que, por desgracia, Cuenca no está incluida en esta lista. Sí que hay 18 obras en suelo español, pero esta comunidad mundial no ha tenido por bien nominar al menos una conquense. Eso no significa que tengan una mínima calidad las obras de la capital, sino todo lo contrario. «En Cuenca hay obras muy buenas por diferentes barrios, unas mejor que otras, pero todas con un criterio y con un nivel muy alto desde que empezaron a realizarse», apunta Rodríguez, que recuerda como en la última década se llevaron a cabo proyectos ambiciosos en la ciudad para fantasear los edificios públicos. 

Quizás una de las razones de que no exista ningún ejemplar conquense en esa privilegiada selección se deba a que existe una alta competencia y «una gran saciedad en el mundo de los murales», profundiza Mr trazo, que explica como cada vez más los municipios incluyen más murales en sus calles y zonas públicas. Esto hace que el número de estas obras callejeras se haya disparado y «uno termina por perderse entre tantos ejemplares», incide el artista afincado en Carrascosa del Campo, que insiste en que se «ha perdido la percepción». 

Si uno pasea por Cuenca tiene la oportunidad de disfrutar de estas obras, como por ejemplo en los barrios de San Antón, San Fernando, Pozo de las Nieves o Los Tiradores, así como en el centro o en la zona universitaria, que cuentan con gran número de ejemplares. Si bien, es cierto que en la elaboración de estas creatividades siempre existen diferencias de opiniones. «Un mural no debe vendernos una falsa realidad o contener postureo, que se lleva ahora mucho», asegura Rodríguez, y tacha, a su juicio, que muchos «no aportan nada». Un mural «debe contarnos una realidad desde la perspectiva del artista», ensalza, al mismo tiempo que defiende que «deberíamos explotar más la realidad». Y es que en este mundo callejero se llevan a cabo obras «políticamente correctas», en lugar de mostrar «verdades como la ansiedad o el estrés, por ejemplo, que sufren niños en la escuela, o muchos otros problemas sociales», sentencia. Está claro que el arte callejero suscita mucho debate y una opinión unánime es inviable, al menos, a corto plazo. Por lo tanto, unos seguirán disfrutando y otros criticando.