PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Un triste podio

27/03/2020

Castilla-La Mancha tiene en la tragedia del coronavirus pareja situación con respecto al conjunto de España que nuestra país con relación al resto del mundo. Estando por detrás en población, muy por detrás, de otras naciones de la Tierra y en nuestro caso de otras autonomías, resultamos tener el tristísimo honor de ocupar el podio en mortandad.
España ya tan solo por detrás de Italia y nuestra región, en tercera posición, solo superados por Madrid y Cataluña. Cuando escribo estas palabras, son ya 367 nuestros muertos, pues lo son y ya cada vez más empiezan a tener cara, ojos y recuerdos, (mi amigo Lorenzo de Grandes, mi tío José) y en cada caso, el de un familiar, un conocido) y que cuando ustedes las lean la única certeza es que se habrán incrementado bastante más. Algo que, amén de encogernos el corazón, nos debiera hacer pensar.
En el caso de Guadalajara la razón primera parece estar en la total interconexión poblacional que supone el Corredor del Henares y los hábitos de trabajo, estudio, residencia de sus habitantes de un lado al otro de esa linde que no es otra cosa que una raya en el aire entre la provincia alcarreña y Madrid. Alcalá, el centro universitario por excelencia de los jóvenes guadalajareños, así como Torrejón fueron como también la propia capital de la provincia castellana y sus aledaños focos de infectados, por ejemplo casos en colegios de Marchamalo, y por tanto de contagio. Ahí existe en efecto un origen. Pero de ahí viene la primera y esencial pregunta. ¿Por qué no se actuó atendiendo a esas características diferenciales y, en este caso, de gran peligro.
Sabemos, de hecho el dar la información en las redes me costó un ataque brutal por alarmista de los tranquilizadores mediaticos, que el viernes dia 6 de marzo hubo una propuesta de cierre de los campus universitarios de Madrid, que el Gobierno central rechazó y retardó. La razón: no se podía perjudicar su 8-M. Hubo también sobre la mesa el tomar medidas de aislamiento sobre puntos concretos que también se pospusieron. Hasta el lunes no había que dar la voz de alarma.
La Junta de Castilla-La Mancha tampoco hizo nada al respecto. Me constan las demandas de ayuda, las peticiones angustiosas de equipos de protección para los sanitarios, de test para los posibles contagiados, pues eran los propios médicos quienes me las hacían llegar a mi también para que les diera notoriedad y que las autoridades sanitarias reaccionaran. Están recogidas en mis artículos de todas estas semanas anteriores. Pero la respuesta, no decirlo sería un verdadero delito contra la gente y la propia ética profesional, llegó, cuando ha llegado, tarde y mal.
Y además revistada de una vergonzosa opacidad, por no decir ocultación. Los colegas del digital La Crónica de Guadalajara, en un notable trabajo de investigación, demostraban que durante cerca de dos semanas se habían estado ocultando los muertos, así de duro es, pues no se daba cuenta de quienes en el tanatorio era tratado ya con el protocolo de fallecidos por causa de virus. Según las cifras oficiales se habían quedado parados en cuatro. Según el conteo de Crónica eran, al menos, 39. Al día siguiente la cifra oficial se multiplicó de golpe por más de ocho, y pasaron a ser 34 los fallecidos. Desde entonces no ha dejado ni un solo día de crecer, aunque haya habido casos que se han incinerado sin hacer siquiera la prueba de si eran portadores del virus letal. Terrible sí. Y que alguien está obligado a dar cuenta y asumir responsabilidad por ello también. Lo hará cuando toque, pero debe hacerlo y se le debe exigir con toda crudeza y donde sea menester.
Tiempo habrá también de valorar los retardos y las razones de enfados, rehuses y negativas del propio presidente Page a tomar algunas medidas que luego se vio obligado por mandato nacional a tomar. Como también habrá de aclararse el asunto del nuevo hospital de Toledo, y si es posible y era necesario haberlo abierto ya. Tiempo habrá después de pedir y dar explicaciones.
Pero ahora estamos en una situación que sigue siendo, tras dos semanas de Estado de Alarma, de emergencia, saturación y desbordamiento en algunos lugares y de cronificada falta de medios, de los mismos que desde hace dos meses se viene exigiendo que se pongan a disposición de los sanitarios para protegerse ellos y poder atender mejor a los enfermos. Cuando escribo, la escasez de test y de los apropiados equipos de protección siguen siendo bienes ansiados. Ni el Gobierno Central, desde hace dos semanas ya responsable máximo, ni el regional, han sido capaces en todo el tiempo desde que se conoció de poner remedio a esa situación.
No se puede olvidar en este momento tampoco, la virulenta y devastadora irrupción del coronavirus en la ciudad más poblada de toda nuestra región, Albacete, que es la que está viviendo ahora la situación mas dramática y que también nos ha llevado de nuevo a la penosa notoriedad a nivel nacional. Momento de colapso, donde lo que hay que resaltar y agradecer, allí y en todo lugar, esta siendo la entrega de los profesionales, poniendo en riesgo y sin metáfora alguna su salud y su vida. A ellos y a muchos otros servidores públicos, tanto en el ámbito sanitario, desde el más prestigioso doctor hasta la mas humilde y sacrificada limpiadora del hospital, a quienes quiero de manera muy especial mandar mi abrazo y con el la gratitud inmensa a su labor, como en todos los demás, policías, guardias civiles, así como quienes tienen la obligación de trabajar para que todos podamos vivir confinados en nuestras casas. No nos quejemos de estarlo, pues con todo el inconveniente, ese no es ninguno ante la exposición continua que tiene la cajera de un supermercado, un cartero o el conductor de un camión. Tenemos con ellos una deuda eterna y, al menos, un monumento pendiente, que cuando esto acabe tendremos que levantar en nuestras ciudades a todos ellos.



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