EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Los propietarios de la verdad

13/04/2021

Las ideas acaban tomando cuerpo y se hacen objetos personales que forman parte de nuestro patrimonio. Con el tiempo llegan a ser adhesivas y pringosas y se convierten en creencias. En términos de filosofía: de enunciados acaban siendo proposiciones.
‘Tener razón’ significa en puridad poseer la capacidad de raciocinio, pero se toma siempre como estar en la verdad. Parecida confusión existe entre ser consciente y tener conciencia, siendo lo primero un acto de percepción mental, mientras que lo segundo añade una perspectiva moral. Por ejemplo: soy consciente de que es agua es escasa y tengo conciencia para no malgastarla. Por motivos prácticos en esta página voy a hacer sinónimos razón y verdad.
El concepto patrimonial de la verdad consiste en que ésta pertenece a alguien, y lo que está en litigio no es el contenido que se discute sino la autoridad de quienes opinan sobre ello.
Cuando se corporeizan tanto, las ideas forman parte física de nuestras mentes creando en ellas un troquelado neuronal. Era el caso de los dirigentes fascistas que al oír la palabra cultura ‘echaban mano a la pistola’ o las jóvenes alemanas de los años treinta que al abordar el orgasmo gritaban ‘¡Heil Hitler!’, o las feministas a las que un chiste les hace aprestarse al contraataque o aquellos jóvenes que convenientemente amaestrados en las ikastolas vascas o las escolas catalanas amanecen odiando a España.
Esta servidumbre hoy día la representan las ideologías que no son ideas que uno tiene, sino que le tienen a uno. Son algo así como el ‘pret-a-porter’ a diferencia del traje a medida. Por esta razón no pueden ser materia de un debate porque nadie puede convencer ni ser convencido cuando en el campo de discusión se mueven piezas que no están en manos de uno. Siempre hay un Gran Padre que por encima de ‘lo justo’ marca ‘lo conveniente’. Por tanto, quienes discuten se limitan a emitir sentencias precocinadas sin atender a las que su rival ofrece y que ambos las han recibido, uno de Telepizza y otro de Pizza-Hut. Así, según la cartilla, uno bendice a un político y otro le maldice. Otro hace equipo con los cruzados de la anticorrupción sin ver que estos han robado en mayor cuantía que los acusados.
Un gran invento del poder son los ‘ismos’ o grandes clichés de pantalla que lanza la propaganda oficial para orientar las filias y las fobias de los súbditos. Este ambiente arbitrario y emocional se nota en los blogs de opinión en donde suele pasarse rápidamente del diálogo al insulto que es una forma práctica de opinar sin necesidad de argumentación alguna.
Hay unos parientes bastardos de las razones, que son las ‘racionalizaciones’ o juicios de oportunidad para intentar justificar con sofismas y sentimentalismo algo que racionalmente no se sostiene, como alabar la inmigración ilegal por los beneficios de la multiculturalidad, o la Ley de Violencia de género en el que un sexo se hace por principio acreedor da la veracidad.
Esta apropiación de la verdad se hace extrema en el sectarismo, que es una actitud de fuerza que trata de compensar la debilidad de la propia sinrazón. Carl Gustav Jung lo explicó claramente: «El fanatismo es una sobrecompensación de la duda».