LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


La verdad del coronavirus

01/04/2020

Dicen que los chinos han soltado el Coronavirus para doblegar el pulso a Occidente. Cuentan que en tres meses han finiquitado el asunto mintiendo en datos oficiales y que el presidente del país acudió a la provincia donde todo esto surgió con una mascarilla que nosotros siquiera utilizaríamos para ir al váter. Hay que tener en cuenta que en China, estado comunista, la vida de una persona vale lo mismo que las de un videojuego. En un trimestre han resuelto la cuestión y ya están produciendo a pleno pulmón, esos mismos que se nos mueren sin despedirlos a causa de neumonías bilaterales. No lo sé, pero puede que sea cierto. Ellos han contenido la epidemia de forma clara y sus aliados, Corea del Norte y Rusia, apenas presentan problemas por infección. Tenemos a la comunidad científica devanándose los sesos para encontrar la vacuna y no tengo duda que lo hará. Aunque los resultados finales de la batalla, en esta veintena del Veintiuno, no colijo a vislumbrarlos.
Pero uno, que es optimista irredento, le encuentra algo positivo a la tremenda coyuntura que atravesamos. Y es que, en situaciones límite, caen las caretas sin remisión y la verdad emerge como un fulgor en mitad de la nada, de la oscuridad más absoluta. Donde antes eran artificios y mojigangas, ahora son quebrantos y fulgores que nos ciegan de su destello. De esta forma, podemos contemplar ya sin componendas la clase de gobierno que tenemos y de qué tipo y naturaleza son sus miembros. El presidente ha corroborado su soberbia, arrogancia y adanismo con las comparecencias hueras y vacías que protagoniza y las decisiones que finalmente adopta. Pedro no nació para el pacto, morirá sin conocerlo y solo contempla la posibilidad de la adhesión. Alguna vez escribí que su personalidad linda con la psicopatía y ahora protagoniza una huida hacia adelante de la que solo es posible escapar dejándolo caer, alejándonos de él. Aunque ahora no es momento de pedir dimisiones como ha hecho Abascal, otro que se retrata como impaciente y efectista. Lo bueno de todo esto es que cada uno sale según su perfil verdadero. La Madre Teresa de Calcuta dijo que la persona más peligrosa es la que miente. Pues bien, ahora podemos ver en el límite al que nos han llevado, la verdadera naturaleza de las cosas.
Mención aparte merece Pablo Iglesias, vicepresidente con todos los poderes posibles, pero desacreditado éticamente de ahora en adelante. Ha forzado todos los mecanismos posibles, ha retorcido cualquier tipo de protocolo establecido para imponer sus planteamientos y salirse con la suya. El comunismo es lo que tiene, ruina socializada y dolor repartido para todos, menos para quien lo promulga. Ha quebrantado todas las precauciones sanitarias posibles, rompiendo su cuarentena en varias ocasiones, para dictar postulados ideológicos y encerrar con llave a cal y canto al resto de la población española, mientras él se paseaba tranquilo por dependencias cuando debía estar encerrado cumpliendo escrupulosamente cuarentena como el resto. Es lo que tiene cualquier totalitarismo. Las medidas dictadas pueden ser oportunas; el problema es quién las va a pagar. Y ya se han procurado de cobrar la cuota a los autónomos y ninguno ha sido capaz de renunciar al sueldo de sus actividades políticas, que no todas parecen precisamente esenciales. El coronavirus ha hecho caer las máscaras y las ha mojado en un charco de aguas purulentas de las que habrá que aprender a no beber más.



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