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Langostinos de meseta… y sostenibles

M.H. (SPC)
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Noray Seafood cría estos crustáceos en la localidad vallisoletana de Medina del Campo sin apenas huella medioambiental: mínimo gasto de recursos y residuos escasos y reutilizables

Langostinos de meseta… y sostenibles

Criar langostinos en plena meseta castellana puede parecer imposible, pero no lo es. La empresa española Noray Seafood lleva haciéndolo más de una década en la localidad vallisoletana de Medina del Campo. Y con bastante éxito, por cierto. Abastece a supermercados, al canal HORECA y a clientes directos e incluso envía producto a Austria y Noruega. Y de momento no tiene techo, puesto que acaba de conseguir una inversión de 16 millones de euros para aumentar la producción.

Pero ¿cómo se crían langostinos en un lugar como Medina del Campo? Es todo más sencillo de lo que podría parecer, pero al mismo tiempo tiene su complejidad. La planta de Noray Seafood cuenta con un criadero, donde nacen los nuevos langostinos; otra zona, que podría calificarse de engorde, donde alcanzan su tamaño comercial; y un área de procesado, donde los preparan para sus clientes. Es decir, el ciclo completo hasta que el producto llega a las manos del cliente se lleva  cabo en las instalaciones de la compañía.

Según explica a Cultum Sebastián Díaz, director comercial de Noray, los primeros langostinos llegaron de una empresa de Estados Unidos, único lugar del que se permite importar estos animales vivos. Ahora Noray ya produce sus propias larvas, que cría hasta alcanzar el tamaño adecuado para que el producto pueda ser comercializado. En cualquier caso, cada cierto tiempo han de traer nuevos ejemplares para renovar la sangre y evitar la endogamia, como se hace en cualquier ganadería que reproduzca sus propios animales.

Langostinos de meseta… y sosteniblesLangostinos de meseta… y sosteniblesConviene que se mantengan genéticamente estables, porque el langostino de hoy en día es el resultado de muchos años de selección -Díaz quiere dejar muy claro que «no es modificación»- y la endogamia podría perjudicar los caracteres que se han seleccionado. A lo largo de décadas se han ido eligiendo para criar los ejemplares más resistentes a las enfermedades, los que más rendimiento ofrecen respecto a unidad de pienso consumida, etc., de tal manera que los langostinos de hoy en día no tienen nada que ver con los de hace 30 años en su comportamiento en instalaciones de este tipo.

Estos animales nacen en el criadero, una zona con controles estrictos de acceso por protocolo de bioseguridad. En la etapa de larva son mucho más frágiles que cuando son adultos y hay que protegerlos. Los huevos que ponen las hembras eclosionan en uno o dos días y las larvas son llevadas a tanques especiales donde pasan los primeros estadios de su desarrollo. Con un tamaño de apenas un par de milímetros, pero morfológicamente ya idénticos a los langostinos adultos, pasan a las piscinas de engorde.

Estas piscinas no son más que grandes huecos en el suelo de perímetro rectangular y una capacidad de unos 300 metros cúbicos de agua. Esta agua, aparentemente sucia para el ojo no experto, tiene muchos sólidos en suspensión. «Los langostinos no quieren aguas cristalinas», explica Díaz, «necesitan fondos fangosos y comida disuelta para poder alimentarse, cosa que hacen filtrando continuamente», añade.

Langostinos de meseta… y sosteniblesLangostinos de meseta… y sosteniblesEl agua que utiliza Noray no es más que agua del grifo preparada para que ofrezca las condiciones de salinidad, pH y oxigenación ideales para el desarrollo de los langostinos. Yolanda Patiño, directora de Marketing, explica que se analiza diariamente el estado del agua para evitar problemas y también el de los animales. «No se añaden sulfitos y, aunque no es común que los langostinos porten anisakis, los de Noray están completamente libres de este parásito». Añade que no se usan antibióticos, cosa que en otras instalaciones acuícolas es bastante común.

Lo mejor de todo es que no es necesario cambiar ni renovar el agua, simplemente hay que reponer lo que se pierde por evaporación. En la nave hay casi 30 grados y una humedad relativa altísima para recrear el ambiente tropical en el que viven los langostinos, por lo que algo de evaporación es inevitable, a pesar de que se usan lonas para tratar de minimizar este fenómeno. Pero con agua de la red normal de abastecimiento se soluciona el problema.

El agua se mantiene en buen estado gracias a los bioflóculos. Estos bioflóculos son acumulaciones de bacterias que se desarrollan en determinadas circunstancias, como las que se crean en Noray para el crecimiento de los langostinos en los tanques, y que mantienen el agua en perfecto estado porque se alimentan de detritos y mantienen a raya los niveles de amonio, nitritos o materia orgánica. A su vez, sirven de alimento para los langostinos, con lo cual se cierra el ciclo de una manera muy eficiente.

De todos modos, Noray cuenta con un exclusivo sistema que ayuda a mantener el agua en perfectas condiciones de salubridad. Se trata de un método de decantación que extrae el exceso de residuos. Estos residuos se centrifugan, de manera que el agua obtenida puede reutilizarse y el sólido seco se emplea para compostaje. En cualquier caso, el volumen de residuos es, valga la redundancia, residual, ya que de cada tanque de 300 metros cúbicos se obtiene el equivalente a un ladrillo cada cuatro meses. Este método es simple y requiere poca energía, al contrario que las enormes instalaciones de filtrado con las que cuentan otras plantas acuícolas.

Además, a los langostinos se les administra pienso fabricado con harinas de pescado, soja y otros componentes necesarios para ofrecerles la dieta idónea para su desarrollo. El ciclo, desde que nacen hasta que alcanzan el tamaño comercializable, dura alrededor de cuatro meses, pero se puede jugar con la temperatura del agua para ralentizarlo, de manera que Noray puede planificar su producción teniendo en cuenta los pedidos de los clientes. De este modo los langostinos se envasan el mismo día de su pesca y llegan al consumidor con la máxima frescura.

Y por si el ahorro de agua y energía y la ausencia de contaminación no fueran suficientes, otra ventaja medioambiental de esta planta vallisoletana frente a los criaderos tradicionales es la protección del medio. Normalmente se les cría en zonas tropicales de manglar y estos bosques sufren deforestación para hacer hueco a las granjas, algo que en Medina del Campo no es necesario. Además se evita la captura accidental de otras especies. Y un proceso que comienza y termina en las misma instalación cuenta con un plus de trazabilidad.

 

Nueva inversión.

Hasta ahora, la mayor parte de la producción salía fuera de España, a países como Austria o Noruega, explica Yolanda Patiño. Pero hace apenas un par de semanas Noray ha conseguido 16 millones de euros en inversión que ayudarán a acelerar su expansión en el mercado español. También servirán para multiplicar su producción: pretenden pasar de las 50 toneladas que salen ahora de la planta anualmente a unas 600 en dos o tres años. Eso implica ampliar las instalaciones de Medina del Campo, porque Patiño aclara que no tienen intención de deslocalizar la producción. Actualmente la planta da trabajo a 14 personas y este crecimiento implicaría nuevos empleos.

Bjorn Aspheim, CEO de Noray Seafood, afirma que «ha sido un largo, pero emocionante reto el de desarrollar una granja bajo techo de langostinos a 300 kilómetros del mar, para sorpresa de muchos locales. Estamos emocionados de poder continuar creciendo y distribuyendo nuestros langostinos en Europa». Lars Backer, jefe de Operaciones y de Gestión de Recursos Económicos de Noray, añade que «estamos muy contentos de haber alcanzado este hito tan importante para Noray y que da la bienvenida a un grupo de inversores con el que compartimos nuestra misión; apoyando así uno de los pilares del Pacto Verde Europeo con su estrategia 'De la granja a la mesa', o como nos gusta llamarlo a nosotros 'Del tanque a la mesa'.

Así, esta operación servirá para respaldar y promover los planes de Noray Seafood para incrementar su capacidad de producción con el objetivo de proveer a más supermercados, clientes del sector HORECA y consumidores directos que busquen langostinos nacionales de calidad, durante todo el año y de la mano de una marca que aborda el enorme desafío de reemplazar productos alimenticios no sostenibles.

No es extraño que grandes firmas de inversión hayan confiado en Noray, ya que en octubre pasado se convirtió en el primer criadero de langostinos bajo techo que obtiene la certificación ASC (Aquaculture Stewardship Council). El sello ASC es la única norma internacional de certificación y etiquetado para productos del mar cultivados de acuerdo al International Social and Environmental Accreditation and Labelling (ISEAL) y se desarrolla siguiendo las directrices de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Los requisitos para obtener esta certificación pasan por cumplir una serie de compromisos sostenibles y responsables, como son un sistema de producción que genere un impacto mínimo en la sociedad y el medio ambiente y una trazabilidad del producto auditada y totalmente rastreable de vuelta hasta una granja bien gestionada. El objetivo de ASC no es otro que obtener los mejores rendimientos sociales y medioambientales de la acuicultura, garantizando que la producción respete y promueva la conservación de la biodiversidad marina, los recursos naturales y el bienestar animal, la conservación y el buen uso de los recursos hídricos y una gestión responsable de los residuos.

En el plano social, los estándares de ASC se involucran en el reto demográfico, la igualdad salarial entre hombres y mujeres, la no discriminación en el trabajo, la seguridad de los trabajadores, el desarrollo de economías locales o las relaciones comunitarias. «Una serie de valores que forman parte del ADN y de la cultura empresarial de Noray desde sus inicios», asegura la compañía.

Además, la empresa también apuesta por cerrar el ciclo de economía circular y sostenibilidad en el proceso de envasado: bandejas de PET transparentes -de mejor reutilizado que las tradicionales-, de celulosa reciclada y las denominadas de atmósfera modificada, para alargar la vida útil del producto. Y para los envíos, las cajas de polietileno estirado (corcho blanco) se han sustituido por envases de cartón reciclado térmico con certificación FSC.

 

Caldad al alcance de todos.

Los langostinos que produce Noray ofrecen al consumidor una excelente calidad que ha sido galardonada con la máxima puntuación posible (3 estrellas) en los prestigiosos Superior Taste Award 2022 que el International Taste Institute celebra cada año en Bélgica, de la mano de los mejores chefs. La empresa abastece a supermercados y al canal HORECA, pero también se pueden adquirir a través de su web (noray.seafood.es) en dos calibres diferentes y tanto frescos como cocidos -en el cocedero con el que cuentan en sus propias instalaciones-.