Tiempos de swing

Sonsoles Arnao


Los efectos invisibles

01/03/2021

La semana pasada se habló por primera vez en la tribuna del Congreso de una de las graves consecuencias de la pandemia que vivimos. Iñigo Errejón, advirtió al Presidente en la sesión de control, que el gobierno debe atender y poner más medios para atajar el preocupante aumento del deterioro de la salud mental que se vive en silencio. Lo que no se pronuncia no existe. Sobre lo que no se discute no se hace política. Sobre lo que no existe no se investiga, no se hace ciencia. Lo personal es político.
Llevo tres meses viviendo una alteración en mi ciclo menstrual. Mis reglas se han alterado por completo. He estado sangrando continuamente y he precisado atención médica y fármacos para regular el ciclo ovárico. Yo, como muchas mujeres, creemos que es un problema propio, es algo que no está pasando al margen de lo que ocurre ahí fuera. Tardamos en darle importancia, porque son cosas que pasan, porque no son temas serios. O porque como es habitual, los problemas de salud sexual y reproductiva de las mujeres no están en primera línea de la agenda política ni sanitaria. Pero resulta que somos muchas las mujeres que hemos vivido desajustes menstruales en este periodo de pandemia y confinamiento. Hoy sabemos que hay una evidencia manifiesta de los efectos del estrés y la ansiedad, el distanciamiento físico o la ruptura de la rutina, como causas en la alteración hormonal que regula el ciclo menstrual. La excesiva liberación de cortisol cortocircuita o suprime los niveles normales de hormonas reproductivas provocando una ovulación anormal. De repente se deja de menstruar o se tiene la regla de manera continuada. Periodos más cortos o largos de lo habitual, o varias menstruaciones en un mismo ciclo. Situaciones que aumentan la preocupación y temor de las mujeres ante estas anomalías y sus posibles consecuencias. Embarazo, menopausia, tumores, o como ocurre en la mayoría de los casos, momentos de miedos y preocupaciones, a veces de manera inconsciente, que se ven reflejados en nuestros cuerpos. Los estudios más serios que existen sobre los efectos del estrés prolongado y la alternación menstrual son sobre mujeres en condiciones de vida muy extrema. Víctimas de campos de concentración, mujeres recluidas o que han sufrido un gran trauma.  
Pasará tiempo para conocer los efectos que esta pandemia ha tenido para nuestra salud en todas sus esferas. Y si queremos que se analicen y se investiguen los efectos sobre la salud de las mujeres, no debemos silenciar ni invisivilizar lo que nos pasa. Y exigir la necesaria perspectiva de género en la investigación médica. Que los cuerpos y las mentes de la mitad de la población han sido históricamente invisibles para la ciencia y la medicina occidental es un hecho incontestable. El elemento de investigación ha sido un cuerpo, cosificado y unificado sin tener en cuenta las diferencias de género. Se ha erigido como un modelo patriarcal y androcéntrico en el que el cuerpo referencia ha sido el del hombre para la investigación, el diagnóstico y el tratamiento. Pero ni las enfermedades ni la influencia del contexto sociocultural en nuestra salud son igual para hombres y mujeres. Afortunadamente esto empieza a cambiar gracias a esa crítica y mirada feminista que reclama un abordaje de la enfermedad, la salud y el procedimiento terapéutico de manera integral y con equidad. Como la que ha realizado recientemente la doctora Carme Valls en su ensayo ‘Mujeres invisibles para la medicina’ (Capitán Swing, 2020). Una obra clave para entender los mandatos de género en el terreno de nuestra salud y bienestar, nuestra sexualidad y nuestro cuerpo como campo de batalla y territorio de conquista.