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Museo de la Semana Santa: 15 años como puntal nazareno

Leo Cortijo
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El Museo de la Semana Santa conmemora sus tres lustros de vida como «un espacio cultural totalmente integrado en la ciudad, con una oferta muy interesante, estabilizado económicamente y con un nivel de visitas al año más que aceptable»

Museo de la Semana Santa: 15 años como puntal nazareno - Foto: Reyes Martinez

La comunidad semanasantera conquense está de enhorabuena. El Museo de la Semana Santa cumple 15 años. Un puntal para todos aquellos que no entienden la vida sin esta Pasión. «Un espacio cultural totalmente integrado en la ciudad, con una oferta muy interesante en forma de exposiciones, estabilizado económicamente y con un nivel de visitas aceptable que ronda las 10.000 al año». Esa es la radiografía general que realiza una de las almas máter del proyecto, el actual presidente de la Junta de Cofradías, Jorge Sánchez Albendea, y es que su mandato camina de la mano de los tres lustros de vida de este centro expositivo. El camino, «farragoso» en muchos momentos y «muy complejo» en sus inicios, ha conseguido un objetivo fundamental, y es que los nazarenos de Cuenca sientan este espacio como suyo, «no solo como un museo, sino también como un punto de encuentro». Misión cumplida a base de mucha dedicación, esfuerzo, constancia y trabajo. Y sin recibir nada a cambio...

La idea de erigir un Museo de Semana Santa en esta ciudad «siempre estuvo ahí», recuerda Sánchez Albendea, y es que «era un anhelo nazareno histórico». Las actas de la JdC de los años 70 son muestra de que el asunto estaba en el candelero, y que la iglesia de San Andrés podría haber sido el escenario elegido. Una Semana Santa declarada de interés turístico internacional desde 1980 no se podía permitir no tener un espacio para mostrar al visitante cuál es nuestra principal seña de identidad. «Algo que identifica tanto a Cuenca y a los conquense debía tener presencia a lo largo del año», añade. Todo terminó por concretarse bajo el amparo del entonces alcalde José Manuel Martínez Cenzano, «que se presentó en la Junta de Cofradías y planteó la posibilidad real». Hasta el día de su presentación oficial el 21 de abril de 2007, se vivió una auténtica «carrera frenética, con muchos proyectos encima de la mesa y muchos flecos que no terminaban de materializarse».

A los pocos días de la gran puesta de largo, Sánchez Albendea tomó el testigo de Javier Caruda y adquirió las riendas de la institución nazarena. «Aquel momento lo recuerdo con alegría por tener el Museo, un espacio maravilloso, muy bien pensado y con un diseño espectacular, pero con las manos vacías para gestionarlo». Los orígenes no fueron fáciles, y es que «todo partió de un presupuesto irreal que no se podía materializar». Eso obligó a idear una fundación para sostenerlo, cimentada en argumentos jurídicos «muy sólidos». «No fue sencillo adaptar y hacer ver a la gente el verdadero presupuesto que debía tener el museo», recuerda el que por entonces se batió el cobre en este asunto.

Museo de la Semana Santa: 15 años como puntal nazarenoMuseo de la Semana Santa: 15 años como puntal nazareno

Siguieron los problemas, y es que «a los dos o tres años de arrancar», el mundo se llevó un bofetón por una grave crisis económica tras la que se perdieron todos los patronos privados a excepción de Construcciones Sarrión, que todavía sigue. Y, sobre todo, añade Sánchez Albendea, desapareció la Junta de Comunidades, que por aquel entonces era «el principal sustento». Hubo que idear de nuevo el patronato, adaptar el museo económicamente a la realidad de ese momento y así se pasó de un presupuesto de 260.000 euros a uno de 65.000 en apenas un suspiro... «y con eso había que vivir». Ahí entró en juego la tenaz «cabezonería» del presidente de la institución porque «mucha gente nos decía que entregáramos las llaves, que eso no se podía mantener, pero sabía que si cerrábamos ya no volvíamos a abrir». Aquel ejercicio de perseverancia «salió bien» y «poquito a poco se ha ido generando actividad e ilusión, porque los nazarenos por aquel entonces tuvieron sus dudas».

Afortunadamente, a base de regarla bien y de arrancar las malas hierbas, la planta terminó echando raíces. La sala de exposiciones se fue asentando, «con muestras de cierto calado para el presupuesto que teníamos», se incorporaron elementos nuevos y se creó el Espacio Marco Pérez. Fruto de un convenio «fundamental» con el Cabildo de la Catedral, todo el que visite el gran templo conquense puede hacer lo propio con el Museo de la Semana Santa con la misma entrada.

2016 fue el año de otro gran hito, la remodelación integral de la planta baja, que además de generar nuevos espacios y de dotar de un mayor protagonismo al icono del museo, el Cristo de Marfil, se instaló la sala inmersiva con tres pantallas gigantes colocadas de forma envolvente para generar una sensación única al espectador. La última aportación fue la tienda, y es que Sánchez Albendea entiende que «cada cierto tiempo hay que buscar renovaciones». Por eso ahora se marcan como meta la reestructuración de la planta superior, donde se encuentra el gran discurso museístico del centro. «Llevamos un año dándole vueltas, requiere un estudio pormenorizado de ideas, y aunque no hay nada sobre la mesa, tenemos claro que hay que hacerlo», destaca a La Tribuna el presidente de la JdC.

Hoy, 15 años después, el Museo de la Semana Santa cabalga a lomos del corcel de la estabilidad. Un buen ejemplo de su extraordinario funcionamiento es que hasta la Cuaresma del año que viene la sala de exposiciones temporales ya está reservada para diferentes muestras. «Antes había que buscarlas; ahora solo hay que ordenarlas», remata un Sánchez Albendea que recalca que cuando haga «balance interno» de su gestión, «una de las cosas de las que más orgulloso me sentiré, si no es la que más, es de tener un Museo de la Semana Santa como el que tenemos, por lo que ha costado y por lo que cuesta mantenerlo en pie».