Caminantes aventajados

Jonatan López
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David Prieto y Mila Ruiz, primeros peregrinos del Camino de Santiago y de la Santa Cruz de este año, cuentan en primera persona las bondades de un itinerario singular

Caminantes aventajados

Se llaman David Prieto y Mila Ruiz, son pareja, senderistas, y hace unos pocos días fueron los primeros peregrinos que cubrieron el camino de la Santa Cruz que discurre entre San Clemente y Quintanar de la Orden (Toledo). Solicitaron información a la Asociación del Camino de Santiago y de la Santa Cruz y emprendieron un viaje en solitario, en cuatro jornadas, lleno de experiencias y bellos paisajes de la Mancha que contemplar. Un camino «de fácil tránsito, con pistas amplias y sin demasiada dificultad, para las condiciones físicas de todo tipo de personas».

Prieto y Ruiz son habituales peregrinos que ya acumulan muchos kilómetros de mochila y bastón. De hecho, ya conocen la experiencia del Camino francés –el tradicional–, el inglés –discurre desde Ferrol–, o el portugués –que se inicia en Valença do Minho y culmina en Santiago–. No obstante, y a pesar de la pandemia, pensaron que era una buena opción recorrer cerca de 70 kilómetros de la ruta jacobea que pasa por La Alberca de Záncara, Belmonte, Monreal del Llano, o Los Hinojosos.

«Esperábamos que fuese un camino poco transitado, como realmente lo fue», dice el peregrino, que comenta su sorpresa al descubrir que encontraron paisaje extensos y llanos, de grandes superficies dedicadas al cultivo de la vid. Dehesas extensas que nos acompañaron durante prácticamente todo el recorrido, regadíos, frutales, y muchos animales que iban escoltando nuestro andar diario». 

Caminantes aventajadosCaminantes aventajadosA lo largo de la ruta se toparon con multitud de «caseríos de labranza y de edificaciones antiguas y singulares, en la mayoría de los casos en estado de ruina, y de edificios como la Casa de Bibiano en San Clemente, la Encomienda de Alcahozo o el Cubo de Fermín».

Prieto narra al detalle los múltiples vestigios patrimoniales que fueron encontrando. No solo los elementos arquitectónicos de la villa monumental de San Clemente, o la Colegiata y el Castillo de Belmonte, sino que también descubrieron la pintoresca entrada a La Alberca y su Convento de Santa Ana, y el Paseo y la Fuente Romana; la  iglesia parroquial, con su peculiar torre, en Monreal del Llano; o el templo fálico y el molino de viento de Los Hinojosos. También disfrutaron de la naturaleza que esconde el río Záncara y la Cañada de los Chorros de Belmonte, pero, sobre todo, destaca «el nivel de limpieza y cuidado del entorno de todas las localidades».

Las gentes del camino. Las excelencias del camino no quedan ahí, ya que el mejor patrimonio que atesoran las localidades por las que pasa el camino son sus gentes. En la Oficina de Turismo de San Clemente les dieron información; el párroco de La Alberca de Záncara, Don Román, les mostró la Santa Cruz con la que peregrinó a Jerusalén, Roma y Santiago Fray Francisco de la Cruz; en Monreal del Llano reponían fuerzas en la tienda-bar; y en Los Hinojosos, su alcalde, Guillermo Sacristán, les buscó alojamiento; amén de «la amabilidad de todas las poblaciones».  Precisamente, comenta Prieto que ante la posibilidad de que la pandemia condicionase la apertura de algún negocio, se aprovisionaron de comida o bebida. Sin embargo, pudieron degustar los productos y platos típicos locales en los bares y establecimientos por los que pasaron.

Caminantes aventajadosCaminantes aventajadosAsimismo, destacan los caminantes la óptima señalización de un camino que, gracias a la explicación de la asociación y de su presidente Miguel García, «es imposible perderse». Además, subrayan las facilidades para poder pernoctar y descansar cada jornada en varios hostales o en el coqueto albergue de peregrinos de La Alberca, que la Asociación del Camino de la Santa Cruz gestiona y que fue posible gracias a la implicación del Ayuntamiento. 

Como resumen, David y Mila recomiendan a los caminantes el Camino de la Santa Cruz y afirman que les ha permitido encontrar «la tranquilidad y el sosiego de realizar una peregrinación a pocos kilómetros de tu casa». Un recorrido que «sacia el sentimiento del caminante», sin tener que recorrer cientos y cientos de kilómetros hacia otras rutas, a pesar de que «el Camino no tiene principio ni fin. El Camino comienza y termina en el interior de cada peregrino».

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