PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


El verano triste

11/07/2020

Le pueden llamar con los eufemismos que quieran, pero este para España y para los españoles es un verano triste. Y no empeoran las cosas por decirlo. Es más, el ser conscientes de la realidad y asimilar la verdad es mucho mejor a la larga que andarse con engañifas.
Es triste por lo que todos sabemos y lo es por sus muchas consecuencias. La primera, esa de la que no se quiere ni contar siquiera, es porque más de 50.000 familias, han perdido a un ser querido. Y por mucho que nos pretendan ocultar a la mitad como si por morirse de no se sabe qué, que bien se sabe, parezca como que no se hubieran muerto, a quienes lo han sufrido les duele y muchos y hasta ese desprecio les supone un mayor sufrimiento.
La segunda es porque seguimos estando con el miedo metido en el cuerpo y es mejor que lo tengamos. Ojalá se hubiera tenido y alertado a tenerlo cuando se debió hacer, en vez de andarse con cataplasmas, pamemas, lavaditas y no pasa nada. El miedo preventivo es saludable, mucho más que la imprudencia suicida, porque nos lleva a tomar precauciones y a protegernos. Que algunos, lo de tantos jóvenes haciendo ostentación de su irresponsabilidad y egoísmo bobo, pues inmunes no son aunque lo crean, resulta cada vez más ofensivo, abducidos por la monserga creen que se ha pasado y en absoluto es así, sino que los mordiscos del virus están yendo de nuevo a más cada día.
La tercera es que el panorama económico invita a todo menos a la alegría. Lo que ya ha caído sobre nuestra economía y caerá de manera mas visible y sensible a partir de septiembre y ya no te digo cuando asome enero, que se prevé como el momento más pavoroso. Porque descarnadamente aparecerá lo que ahora mas o menos, y en parte, se camufla. El paro aún más desbocado y la angustia de la gentes emergerán ya con toda su crudeza y ya no valdrán como cuidados paliativos ni declaraciones ni milongas. Ahora mismo el ver y comparar muchas zonas que eran un rebullir de millones y millones de turistas hace que no solo a quienes tienen en estos meses para llenar la despensa de todo el año sino a lo que simplemente lo contemplan, hace que el ánimo no se ponga precisamente por la nubes sino que bastante hacemos con mantenerlo al menos a flote.
Y la cuarta, pues que ni siquiera hay ni debe haber una fiesta de pueblo que llevarse la boca. Nos hemos quedado sin una fiesta, ni grande no mediana ni chica. Ni los Sanfermines ni la del pueblo más pequeño de las Alcarrias. Ni una ha quedado y además es que en eso hay que estar todos de acuerdo: bajo ningún concepto, y cada vez está más claro, deben hacerse. Sería un verdadero disparate y tener que pagar luego las risas con muchas lágrimas.
No hacerlas y tenerlo muy claro no significa el no sentirlo ni echarlo de menos. Que se echa y mucho, porque si algo tenemos es ganas de juntarnos, de tocarnos, de compartir . Somos ante todo un pueblo que entiende la celebración como algo que nunca puede hacerse solo, que cuanto más se unen mejor lo disfrutamos. Ahora, y casi ni es metáfora, nos han cortado las manos.
Pero hay que sobrellevarlo. Y, eso también es muy nuestro, poner al mal tiempo buena cara. Que, y sin que no los diga un psicólogo, es lo mejor que podemos hacer, lo mas sano y conveniente y lo tiene muy testado el refranero. Así que a ello, a apechugar con lo que viene y, en lo posible, sacarle el jugo que traiga. Que aunque venga tristón, habrá que disfrutar lo que precavidamente se pueda. Ya nos vengaremos en cuanto podamos.