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Compromiso con La Palma

Marta Mora
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Ana Belén Galarzo y Victoria Bermejo son dos psicólogas conquenses de Cruz Roja que se desplazaron a la isla por la erupción volcánica en Cumbre Vieja para prestar apoyo psicosocial a los equipos de intervención y a la población

Ana Belén Galarzo y Victoria Bermejo - Foto: Lola Pineda

Compromiso, humanidad, empatía, respeto, igualdad y honestidad son algunos de los valores que definen a una persona voluntaria, aquella que ayuda de forma solidaria sin pedir nada a cambio. Una persona que desarrolla su actividad desde el corazón. Así pues, comprometidas con su misión, Ana Belén Galarzo y Victoria Bermejo se desplazaron hasta la isla de La Palma para hacer apoyo psicosocial a todas las personas afectadas por el volcán de Cumbre Vieja.

Las dos formaron parte del operativo nacional gestionado por Cruz Roja. Una experiencia que ambas definen como «muy gratificante». Por un lado, Ana Belén estuvo haciendo intervención con los equipos de emergencia que trabajaban en el volcán y que «eran todos vecinos de La Palma», asegura. Por otro lado, Victoria estuvo en la zona del desalojo donde ya no podía estar la gente. «La primera experiencia allí fue hablar con las personas que iban a ver las casas, que tenían su permiso y que me contaron un poco como lo estaban llevando todo. Ya llevaba dos meses el volcán en erupción, entonces pues fue una sensación así como un choque de realidad», cuenta la voluntaria de Cruz Roja.

Una realidad muy dura y es que ver cómo poblaciones y casas se llenan de cenizas tiene que ser muy triste. El volcán ha afectado a toda la isla, acabando con muchas viviendas y desalojando a miles de personas. «Estuve con personas que las habían desalojado de sus casas, que no las habían perdido, pero la gente, después de dos meses estaba como calmada, tranquila, pero no era una tranquilidad real, era como muy tensa. Más resignación y sensación de frustración de no hacer nada», destaca Bermejo.

Los vecinos de la isla estaban cansados de que no se apagara nunca el volcán. En el equipo de emergencia vivían como «un duelo». «Había mucha impotencia de que no se pudiera hacer todo lo que nos gustaría o les gustaría hacer a todas las personas que estaban participando en la emergencia. Había mucha preocupación, mucha tristeza», manifiesta Galarzo.

Y es que el volcán se veía y escuchaba desde todos los lados. «No se puede ignorar que existe», decían los vecinos de La Palma. «Es algo que no pueden ignorar que existe porque está allí, encima sonaba mucho cada vez que había una explosión, la tierra temblaba», relata Bermejo, al mismo tiempo que afirma que «impacta muchísimo, más todavía cuando ves que de día el fuego se ve perfectamente».

De día y de noche, pero ver el volcán de cerca tiene que ser una sensación inimaginable. «De día impacta mucho porque hecha los gases y demás, pero a mi me impresionó mucho la primera vez que lo vi de noche porque parecía como una fuente que se veía perfectamente expulsando toda la lava, la colada, el cielo rojo, la verdad que impresiona», detalla Ana Belén.

Pero aunque les impresionó, Ana Belén y Victoria volverían a repetir. «Si nos dicen de repetir, repetiríamos, que es lo importante», destacan. Tanto una como la otra han vuelto de la isla encantadas. «La experiencia, es duro estar con ellos, pero yo la tengo como muy bonita y como una de las mejores que he tenido en mi vida, porque no me esperaba estar nunca en una emergencia de estas características y bueno, mucho menos en un volcán», expresa Bermejo.

Su día a día allí era agotador, «una jornada completa». Cada una estaba en un lado de la isla, Victoria se encontraba en la lanzadera y Ana Belén en una población llamada El Paso. Además, tenían un horario diferente y sus propias funciones. «A las nueve de la mañana llegaba a la lanzadera y estaba hasta las seis de la tarde que era cuando se cerraba el acceso a las personas. Luego teníamos una reunión con el equipo psicosocial para contar un poco la experiencia», cuenta la voluntaria.

En el caso de Galarzo tenía la primera intervención a las nueve de la mañana y la última a las ocho de la tarde, pero tal y como afirma la voluntaria «ya que vas y estas tantos días, son días que vas a muerte».

Y más allá de la experiencia de haber estado en el volcán, también se llevan aprendizaje. «Al llegar allí y encontrarte con personas de La Palma dentro del equipo, ellos te iban explicando muchas cosas de como actuar o si tenías alguna duda y ese es el aprendizaje también que nos traemos, que es todo lo que nos han enseñado allí. Hemos aprendido muchísimo», afirman rotundas.

Anécdotas. Fue un viaje a La Palma cargado de trabajo, aprendizaje y también de historias imposibles de olvidar. Anécdotas que permanecerán para siempre en el corazón de estas dos mujeres conquenses.

Ana Belén y Victoria fueron hasta la isla con «una mochila carga da de recursos» y han vuelto con al amor y agradecimiento de todos los palmeros. «Eran unas personas muy cercanas y muy predispuestas a recibir ayuda. Yo en mi intervención que estuve con ellos lo tuve muy fácil, eran ellos lo que se acercaban y contaban sus preocupaciones, fue muy sencillo porque facilitaron muchísimo el trabajo», cuenta Bermejo.

Las dos se llevan un gran recuerdo de todas las personas de La Palma. «Por la calle nos daban las gracias por la ayuda que dábamos. Eran personas que no habíamos intervenido con ellas, pero igualmente estaban súper agradecidos de cualquier ayuda que iba allí», relata Victoria. Del mismo modo, Ana Belén asegura que «después de terminar las sesiones , la mayoría de la gente se te acercaba, te abrazaba y te explicaba tradiciones de allí».