Editorial

La victoria del esfuerzo y del trabajo en equipo

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Cuando Richard Jefferson, campeón de la NBA en 2016 con los Cavaliers, explicaba hace unos días en la cadena americana ESPN por qué los Estados Unidos y sus jugadores de la NBA habían sido eliminados del Mundial de Baloncesto de China 2019, fue interrumpido por la presentadora de la emisión con un llamativo reproche: «¡Pero si eres el equipo de Estados Unidos! ¡Debes presentarte allí y ganar!». Ganar, como si fuera cosa hecha, como si te regalaran el trofeo por el mero hecho de ser Estados Unidos.
Pero esta vez la historia fue otra. Los grandes favoritos para levantar la Copa del Mundo de Baloncesto fueron cayendo, ronda tras ronda. Los Bogdan Bogdanovic de Serbia, los Patty Mills de Australia, los Nando de Colo de Francia o los Kemba Walker de EEUU decían adiós a la competición y reservaban una butaca en la grada de los espectadores para ver la gran final de Pekín. Los prestigiosos All-Star, las exclusivas vedettes del básquet mundial, se quedaban fuera.  Ellos ya no jugaban, lo hacían deportistas normales, del montón, pero convencidos, trabajadores y llenos de talento y ganas. La final era para Argentina y España.
Ninguno de los dos finalistas que ayer disputaron la final del Mundial de Baloncesto contaba entre los favoritos. Las casas de apuestas y los ‘más entendidos’ decían que no tenían jugadores de peso, que no tenían estrellas. Sin embargo, este grupo de hispanohablantes, porque hasta eso comparten, han demostrado a los largo de las últimas semanas que para ganar, además de contar con unas determinadas condiciones físicas, hay que buscar la victoria de una manera particular.  El orden, la solidaridad, la disciplina y el compañerismo ha sido la receta ganadora. Confiar en el trabajo colectivo, vivir la competición siempre con intensidad, valorar el esfuerzo por encima de todo y huir del conformismo y de la mediocridad. Así han ganado ellos, buscando la excelencia a través del compromiso, la perseverancia y el equipo. Siempre el equipo.
La moraleja es esa: el mejor jugador de argentinos y españoles ha sido el equipo, desde el entrenador hasta el último suplente del banquillo. Estas dos grandes selecciones han dado una lección magistral al mundo y nos han mostrado una nueva manera de vencer. Estamos tan acostumbrados a buscar el éxito individual, a valorar e inflar al que marca la diferencia, que la lección de ayer en Pekín nos debe hacer pensar. España ha ganado y somos campeones del mundo, pero la victoria es para todo un grupo de deportistas geniales, el equipo argentino y el equipo español, que han dado un golpe sobre la mesa para reivindicar a la gente normal.