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Ver a través del sonido

Leo Cortijo
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Sergio, voluntarioso y aplicado vendedor de la ONCE donde los haya y conocido por todos los 'paseantes' de Carretería, despacha cupones pertrechado tras una gafas que, en parte, le han cambiado la vida.

Ver a través del sonido - Foto: Reyes Martínez

En el manual de vida de cualquier conquense hay varias acciones ineludibles. Muchas tienen que ver con la Semana Santa, otras tantas con San Mateo y una parte importante se circunscriben al Casco Antiguo. Una de ellas, aunque en principio no tenga nada que ver esos tres pilares fundamentales del conquensismo, es pasear por Carretería. En esos caminatas de arriba abajo y de abajo arriba no es difícil apreciar la presencia de Sergio, voluntarioso y aplicado vendedor de la ONCE donde los haya. Haga el tiempo que haga, abandona su caseta –eficientemente techada y al resguardo del frío y de la lluvia– para despachar los cupones a su fiel parroquia en la acera de en frente, en las proximidades de la plaza del nazareno.

Pues bien, desde hace unos días, nuestro amigo Sergio –al que muy pocos en Cuenca no conocen– acude fiel a su cita con los clientes pertrechado con un nuevo elemento. Son unas gafas que ha estado esperando durante «cuatro años» y que le permiten ver a través del sonido. «Es otro mundo», reconoce con admiración, es como un «lenguaje diferente». Tal y como explica, las gafas te indican «cómo es la forma que tienes delante, si es cuadrada o redonda, por ejemplo, y el tamaño que tiene». Eso se transmite a través de un audio coclear hasta su cerebro en un sonido parecido, afirma, «al rumor del mar».

Sergio está entusiasmado, y es fácil apreciar en él la alegría que le invade merced a este nuevo descubrimiento. No en vano, reconoce que el hecho de distinguir algo sin tener que tocarlo por necesidad «es un paso muy grande». Hasta la fecha, para conocer la forma o el tamaño de cualquier objeto o persona, la única solución posible era hacerlo a través de sus manos. «Ahora no... ahora veo a través del sonido», explica con una sonrisa. Sergio ya se desenvuelve con ellas como pez en el agua después de unos días «de prueba» en casa. Las gafas «forman parte» de él.

Ver a través del sonidoVer a través del sonido - Foto: Reyes Martínez

¿Cómo funciona? Las gafas envían imágenes al microordenador que llevan consigo y las procesa en tiempo real, por lo que el usuario obtiene una respuesta instantánea. El entorno es capturado y procesado en tres dimensiones, lo que se traduce en que además se obtiene información acerca de la profundidad. A continuación, el ordenador convierte toda esa información en una serie de sonidos que permiten interpretar espacios abiertos, formas y obstáculos. Es importante destacar que el sonido es abstracto, por lo que no es necesario el lenguaje verbal. Eso facilita que, después de un breve entrenamiento, el cerebro automatice el proceso de información, por lo que el resto de la atención de la persona invidente queda libre para conversar, pasear o trabajar.

El usuario puede usar su dispositivo de dos maneras. Por un lado, utilizando un método rastreo en el que las gafas sólo capturan la zona central frontal. De esta forma, la persona que las está usando solo tiene que barrer girando el cuello a izquierda y derecha, de una manera parecida a cuando se utiliza un bastón en la calle. Por otro lado, con un modo panorámico, en el que las gafas capturan toda la escena que las rodean y suenan en todo el campo estéreo. El usuario obtiene un audiopanorama completo sin necesidad de girar el cabeza.

Los impulsores del proyecto ponen sobre la mesa un «aspecto importante», y es cómo se puede proporcionar el audio sin interferir en el resto de cosas que la persona invidente quiere oír. Es más, ponen un ejemplo palmario y imaginar la sensación de «estar ocho horas al día con un auricular dentro de tus oídos». Es algo «incómodo y poco higiénico» que además generaría «demasiado aislamiento y demasiados inconvenientes». Por esa razón, su enfoque es «muy diferente» y pasa por un audio coclear: un par de almohadillas de goma suave que tocan la cabeza. Así, el sonido se transmite a través de los huesos de la cabeza, dejando los oídos totalmente libres. La persona ciega no solo puede escuchar conversaciones o el tráfico, por ejemplo, sino que también se evita el estrés auditivo.