LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


Satanás

08/01/2020

Un joven de Sonseca empotró el coche que conducía la otra noche contra la iglesia de San Juan Evangelista. No sólo rompió la puerta, sino que penetró en el interior del templo hasta llegar al altar. Arrampló con todos los bancos que había dentro y organizó un estropicio considerable. Al terminar su recorrido, bajó del coche y, tras poner las luces de emergencia, hecho este que lo delata como buen conductor, salió diciendo que estaba endemoniado. No hay constancia ni evidencia de que los hechos hayan tenido algo que ver con la investidura de Pedro Sánchez.
La literatura sobre el diablo es extensísima y se pierde en el túnel del tiempo. Por no remontarnos más allá de la era cristiana y llegar a las bacantes o los ritos órficos, diremos que ya San Juan en el Apocalipsis advertía de la llegada del Anticristo que vendría marcado con los tres seises en el cabello. Nadie ha atestiguado que Pablo Iglesias los lleve. Además, el diablo tiene rabo pero en ningún sitio aparece con coleta. Otro elemento más a tener en cuenta para no vincular ambos sucesos, el de la investidura y la posesión demoníaca.
    Cuando el diablo no sabe lo que hacer, mata moscas con el rabo. Ahora está ocupadísimo y a lo más que llega es a la sumisión del cuerpo de un pobre joven. Descanso para exorcistas y expertos en Belcebú, que pueden ofrecerse a partir de ahora a Pedro Sánchez para componer un ejecutivo demoníaco. Una de las principales habilidades del diablo, cuentan las crónicas, es hablar en lenguas muertas o ininteligibles. Ahí tienen trabajo los esotéricos con Carmen Calvo, que reverbera de vez en cuando, si bien no está demostrado que entre en trance. Se transfigura alguna vez, aunque pudiera ser que únicamente fuera a la peluquería. Por aquí no hay sitio ni materia tampoco por la que tirar.
Es verdad que en el Evangelio, el demonio se apareció a Jesús en el desierto, cuando se retiró cuarenta días con sus cuarenta noches, y lo tentó. Le dijo que todos los bienes de la Tierra serían suyos, a lo que naturalmente contestó que no. Lo que no hizo bien el diablo entonces fue no haberle ofrecido el chalé de Galapagar, porque hubiera picado y caído con los pies vueltos. Al menos, libramos la Historia de la Salvación y eso que nos ahorramos. Hoy Pablo Iglesias, en su condición de mesías obrero, es el ejemplo verdadero de que sabe más el diablo por viejo que por diablo. Al final, todos los refranes trabajan.
El joven de Sonseca olía a azufre, como Chávez, y no sabía donde meterse. Al no tener un hueco en el gobierno, prefirió empotrarse contra la iglesia y llegar hasta el altar, el único sitio donde encontrarse seguro. No puso los triángulos de emergencia, pero eso es tanto como culparlo de que el Gobierno de España le importe un comino. Lo mismo que le importa a los de Esquerra y no los llamamos diablos. Si acaso, un tanto bizcos y montaraces. En la iconografía el diablo sale con los ojos vueltos y revirados, pero tampoco está nada demostrado que tuviese que ver con Junqueras, que para eso ya tiene al abad de Montserrat.
El diablo cojuelo es un personaje popular en la historia de nuestros pueblos, que ya recogió Vélez de Guevara en el XVII. El joven de Sonseca no dio muestras de cojera alguna, pero eso no quita para que el demonio no se disfrace y haga de las suyas. Por lo pronto, quitó el crucifijo y la Biblia el otro día. Voy a empotrarme contra algo porque el artículo se me está yendo de las manos.



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