Javier Caruda de Juanas


Fe, esperanza y caridad

25/02/2021

Parece que los últimos datos nos dan ese ansiado respiro, aunque les aseguro que llevo días viviendo con la respiración contenida por miedo a que no seamos capaces de evitar aquello que los expertos dicen que tiene pinta de ser inevitable. Pero la realidad es que las medidas sanitarias vigentes a fecha de hoy hacen que Cuenca parezca salir de ese letargo invernal, sin duda la mejora climatológica también ayuda. ¿No les parece que poco a poco el bullicio vuelve? Sí, ya sé que no es lo de antes pero vayamos despacio. Y no me refiero exclusivamente a poder disfrutar del pequeño placer de compartir café y tertulia (con mascarilla, eso sí) sino que se empiezan a vislumbrar una serie de proyectos encaminados a revitalizar culturalmente la ciudad. 
Tengo el convencimiento de que el modelo económico de la ciudad debe variar, potenciando el soporte industrial y mantenido el cultural y el turístico, y aunque nos hemos llevado un buen varapalo con el cierre de Gamesa (otro día hablaremos de esa costumbre tan española de usar el»y tú más») la exclusiva adelantada por La Tribuna, hoy hace una semana, relativa al Bosque de Acero me permite creer que algo se mueve. Puesto que estamos en tiempo cuaresmal, apliquemos las virtudes teologales y pongamos encima de la mesa la fe necesaria para creer que el trabajo de nuestros munícipes va a dar los frutos necesarios para recuperar el impulso cultural en la ciudad. Sé que no estamos en el mejor momento para que los muchos grupos y asociaciones locales puedan plantearse ensayos, trabajo, conciertos… a corto plazo pero sí que podemos hacer todo lo posible para irnos adecuando a esta realidad cambiante. 
Desempolvemos la esperanza y depositémosla en la creencia de que esta ciudad no puede volver a languidecer, no puede permitirse tener una araña de patas blancas y vidrios rotos al lado del Júcar sin poder o saber darle un uso. Haciendo un ejercicio de coherencia hay que saber que poner en marcha el Bosque de Acero va a costar mucho tanto en la rehabilitación como en el acierto a la hora de usarlo. 
La especial acústica del interior de la araña no permite celebrar todas las actividades que podrían plantearse pero seguro que, de una vez y ante la noticia adelantada por este periódico, se van a hacer las cosas bien y dentro de unas semanas conoceremos un proyecto viable. O al menos mantengamos esa esperanza, que es lo último que se pierde y no estamos para perder mucho más. Y por caridad, no permitamos una vez más que los vericuetos administrativos y políticos den al traste con la rehabilitación de este espacio. Sería volver a la ideología del proyecto perdido. 
Esa que consiste en contarnos qué se va a hacer para ver cómo va pasando el tiempo permaneciendo el espacio inalterable y el proyecto sin ejecutar. Ejemplo de anuncios a bombo y platillo tenemos que duermen el sueño de los justos. 
Necesitamos volver a sentir que Cuenca está viva, que es sencillo idear un proyecto y ejecutarlo…en definitiva que del dicho al hecho no hay casi trecho.