Cirujano de plantas

J. López
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El servicio de jardinería de la Diputación se encarga de cuidar y mantener el extraordinario jardín de un Palacio Provincial que acumula singulares especies arbóreas de más de cien años de antigüedad

Cirujano de plantas - Foto: Reyes Martínez

Cerca de 8.000 metros cuadrados ocupa el bello y bien cuidado jardín del Palacio de la Diputación Provincial. Ubicado en la calle Aguirre, en lo que se denominaba antiguo campo de San Francisco, reúne varias especies arbóreas que alcanzan más de un siglo de vida. En los inicios del siglo XX, cuando se inauguró el emblemático edificio, se dispusieron los jardines de estilo clásico o francés –simétricos– e inglés –de espacio abierto– que incluyen desde castaños, magnolios, cerezos, tilos, piceas, aligustres, cipreses, tejos, o glicinias de la China, hasta dos grandes laureles, uno macho y otro hembra. 
Felipe Alarcón, auxiliar de jardinería de la institución provincial, es uno de los encargados de procurar la excelente salud de esta zona verde y única de la capital, un espacio para deleite de los sentidos.
Este madrileño, cuyos progenitores son de Hontecillas,  lleva en el puesto de auxiliar de jardinería desde que el pasado verano se renovaran las dos plazas de este servicio que se presta en los jardines del Palacio, en el entorno de la Beneficencia y  la Casa Cuna, y en las distintas dependencias de la institución, como el antiguo Psiquiátrico de la carretera vieja de Madrid.  
Junto a Felipe trabaja como oficial Belén y «luego tenemos un peón que nos ayuda a recoger las ramas», cuenta el jardinero auxiliar, quien explica que en esta época de invierno «nos dedicamos más a la poda». En cambio, en primavera «se realizan tratamientos y abonos», en verano «es casi todo riego y mantenimiento del césped» y en otoño «la retirada de hojas».
De  los árboles de mayor edad, señala la singularidad de tres castaños de indias, o los tejos, dos coníferas situadas en la puerta de entrada del recinto que a pesar de tener muchos años «son de crecimiento muy lento». Tampoco olvida uno de los grandes laureles, situado entre el lateral derecho del edificio y la valla que separa el Palacio de la calle peatonal de San Francisco. 
Cerca de la estatua que honra a Alfonso VIII y que fue encargada por la Diputación al artista conquense Miguel Zapata, hay un nogal de gran tamaño que corona la parte alta. Otros árboles fueron plantados con la reforma que se hizo en los años 90, como un pino que ha aumentado de tamaño considerablemente porque «en Cuenca crecen rápidamente. No les falta agua. El otro día tuvimos que cortar uno en la Casa Cuna porque había crecido demasiado, reventaba los muros y sólo tenía 20 años», relata. 
Otros aspectos que se cuidan al detalle son los bujes redondeados junto a las dos fuentes de la entrada o las numerosas flores que adornan y dan colorido. Para esta época se conservan a la perfección los pensamientos, «que no se hielan», o las coles de Bruselas, de vivos tonos, «que nos las proporcionan en el centro de educación especial Infantas de España». En primavera y en la época estival habrá lugar para las petunias y tagetes –o clavel de moro–, una flor ornamental muy utilizada en jardines por su resistencia.
Cree el jardinero que a este escaparate que presenta la Diputación a sus ciudadanos «no le falta prácticamente de nada. Están representadas muchas especies de la provincia», aunque «siempre se pueden añadir ciertas plantas características que se pueden echar en falta. Un acebo, por ejemplo, que lo tenemos en mente para incorporar». 
Los jardineros no descuidan un detalle, controlan el riego para que no falte una sola gota de agua a las diferentes especies y preparan los tratamientos necesarios para evitar que los hongos, o algún insecto como la araña roja puedan abrirse paso en este vergel. «Este es nuestro mayor enemigo», destaca el experto, quien asegura disfrutar de la profesión. «Es totalmente vocacional. Me dedico a ella desde el 96».