Editorial

Un fracaso de Sánchez en vísperas de una cumbre crucial para España

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Los más pequeños del tablero han querido hacer una demostración de fuerza

La ministra de Economía y vicepresidenta tercera del Gobierno, Nadia Calviño, ha quedado fuera de la Presidencia del Eurogrupo, un puesto al que la intentaba aupar el presidente Pedro Sánchez, con el apoyo de varios socios europeos. Una maniobra de última hora dio al traste con las aspiraciones de Sánchez, después de que, como reconocía ayer Calviño, uno de los diez países que habían comprometido su apoyo aprovecharan el carácter secreto del voto para escamotearla el apoyo y que finalmente se alzara con el puesto el ministro irlandés de Finanzas, Paschal Donohoe.
Partir como favorita y contar con el apoyo de los grandes europeos no han sido herramientas suficientes para que la vicepresidenta económica consiga colocarse en un puesto que ha acabado por escaparse en el último minuto, como ya había ocurrido en las anteriores ocasiones en las que España había aspirado a encabezar el Eurogrupo. Un fracaso que deja en una difícil posición a Sánchez, ya que pone en cuestión su capacidad negociadora. 
Es cierto que el ejecutivo había conseguido atraerse el respaldo de valedores como Alemania, Francia o Italia, pero también que el potencial económico  no otorga más poder en una votación como la celebrada este jueves. Seguramente el error de bulto de Sánchez ha sido no calibrar suficientemente el valor de los considerados países ‘pequeños’,  que han acabado por dar la espalda a su candidata en beneficio del ministro irlandés. No deja de ser elocuente que la elección de la Presidencia del Eurogrupo se haya hecho en contra de la opinión de los países que representan un 80 por ciento del PIB de la zona euro. Los más pequeños del tablero han querido hacer una demostración de fuerza y también de que no tienen porqué hacer seguidismo de las opiniones de las potencias.  
El escarmiento se ha hecho a través de Nadia Calviño, que de rebote puede ver cómo sus posiciones pierden peso en el seno del Gobierno, en favor de las del socio de coalición.  Pero lo más grave puede que esté por llegar. Si el presidente Sánchez contaba con el encumbramiento de su ministra para llegar en buena posición a la cumbre crucial que se celebrará la próxima semana y en la que se debatirá el fondo de reconstrucción, el fracaso del jueves ensombrece las expectativas. Con los criterios de reparto por decidir, cualquier escollo es malo para uno de los países europeos más castigados por el impacto sanitario y económico del Covid-19.
Que España llegue debilitada a la próxima cumbre es una mala noticia porque compromete su posición en una negociación en la que se está jugando su futuro y en la que la diferencia de intereses entre el norte y el sur puede ser más evidente que nunca.