LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Frente a Sánchez, derechos e instituciones

Como ciudadano me preocupa, y parece que no soy el único, pues para más de la mitad de la población española su clase política es un problema, la escasa credibilidad que tienen nuestros responsables, comenzando por el presidente Sánchez. Nada bueno puede salir si sumamos a un líder sostenido por una exigua mayoría, que éste persevere en su seña de identidad más característica: el cambio de opinión en alta velocidad.
El último ejemplo con Venezuela es demoledor. Así, o bien es que no tiene criterio alguno y se adapta a las circunstancias, o bien no tiene escrúpulos y miente por sistema. La sociedad, aunque critique a sus líderes, termina justificándose en sus propias faltas cuando observa la endeblez y mal ejemplo de éstos, y ello deriva en un efecto corrosivo que se extiende a mucha gente.
A estas alturas del desarrollo de la organización humana, sabemos ya lo bastante como para no hacernos trampas, y debemos de intentar ante cualquier confrontación socio política, económica, o ante la persistencia de pésimos gobiernos (de todo signo), recuperar un margen de certeza: un espacio intocable a los deseos de poder, a la insaciable expansión de grupos económicos, y a las ensoñaciones de vividores patrioteros o, en el caso comentado, de simples vividores.
Ese espacio de intangibilidad de cada persona nos lo dan los derechos humanos y los principios básicos de la convivencia democrática (libertad, igualdad, justicia, pluralismo, dignidad). Tenemos muchas cosas que arreglar en nuestras sociedades, e ‘irrenunciables’ aspiraciones que conseguir, pero como ya no estamos en la Edad Media, el respeto a todos esos derechos y principios comunes y de cada uno, exige que las voluntades propias, tengan que someterse necesariamente al derecho democrático común y legítimo.
La conjunción de libertades adquiridas y una justicia que las ampara en un ambiente de igualdad inclusiva facilita la paz social, pero también se requiere una aportación o compromiso de la ciudadanía. Confiemos, por tanto, en la fortaleza de nuestras instituciones hasta que pase el chaparrón que nos imponen las circunstancias, como por ejemplo están haciendo en Estados Unidos, pero también trabajemos para no rendirnos ante los hechos consumados de agresión a nuestras libertades, ni a las palabrerías que los adornan.



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