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Miguel Romero

Miguel Romero


A y A de Alfar y Aula. Poética del Barro

23/02/2022

Seguro que al bueno de Pedro Mercedes le hubiera hecho mucha ilusión saber que en sus rincones familiares, allí donde elaboró sus más finas piezas de arte en el barro, haciéndole vivir entre la tierra y el fuego, allí donde vivió junto a su gente, allí donde trabajó el raspado para generar cuencos, tablas y botijos, el verso poético o la lírica en canción y poema tuvo clara muestra de ensamblar palabra y arte.
Sin duda, la poesía del conquense Federico Muelas también vibró en su tiempo; y como todo siembra camino, ahora, la poética del sevillano Antonio Machado, esa que pone en vuelo el Aula Poética coordinada por Carmen Orellana y Carlos Solano, ha querido hacer homenaje al poeta y al artista del barro.
¡Qué bonita simbiosis¡ Los y las poetas de este grupo que tantos años llevan impregnando de ese aura sublime cuando la palabra se convierte en sentimiento, han querido estar en ese espacio cultural que acaba de abrir sus puertas a la cultura de Cuenca y que lo hace con un homenaje a ese poeta de corte modernista que evolucionó hacia un intimismo simbolista con rasgos románticos, que maduró en una poesía de compromiso humano, de una parte y de contemplación, casi taoísta de la existencia por otra, una síntesis que en la voz de Machado –y ahora en la voz de estos poetas conquenses- se hace eco de la sabiduría popular más ancestral. Dijo de él, Gerardo Diego, «hablaba en verso y vivía en poesía».
Por eso, ahora, cuando recordamos a nuestro Pedro Mercedes, el hombre que hizo bailar al barro entre belleza, armonía y maestría; el sencillo hombre que desde la calle San Lázaro potenció una artesanía convertida en arte; el soñador que conoció a Picasso y que nos ha dejado un legado inconmensurable al permitir que su Alfar sea Centro de Cultura, desde ese lugar elegido verá cómo la palabra ha hecho realidad un verso escrito en barro, al lado de su horno, en el patio, tal vez, en la galería de balconaje de madera o en su patio de entrada.
Y ese Aula Poética, este miércoles, lo ha hecho vivir y redimir, sentir y conseguir, unir y mantener el espíritu de una Cuenca, elegida como ciudad única y un Júcar, cuyas aguas discurren al lado para hacer sonreír a quienes utilizan la palabra como emblema de amistad y convivencia.
Y aún así, la Música no estará de lado sino en medio, porque querrá dejar sus notas silábicas en metamorfosis creativa, siendo el Rizos o Josema, o Pepe, o Luis, o el que ese día quiera, porque entre todos, saben flirtear con la armonía cuando la solfa reluce entre sintonía y palabra. ¡Enhorabuena Pedro Mercedes y enhorabuena Aula Poética!