CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Nada que hacer

No hay acercamiento, nada que hacer para que se produzca un acercamiento entre Casado y el gobierno. Casado exige ruptura con el independentismo y Sánchez denuncia el bloqueo sistemático. Imposible cualquier tipo de acuerdo.

Ninguno de los dos dirigentes políticos esperaban demasiado del encuentro. Se encuentran políticamente en las antípodas y además, y es importante, hay unas elecciones gallegas y vascas en cuestión de semanas que contamina el diálogo entre dos rivales.

El independentismo es el problema que más les separa. Y además les separa de forma enconada, envenenada. El PP no se cansa de repetir que Sánchez se ha entregado a los independentismos paras garantizarse la continuidad y que su interés en una nueva definición de delito de sedición es para favorecer a Junqueras. No acaba de aclarar su posición sobre un posible indulto. Sánchez acusa a Casado de no tener sentido de Estado, de haberse echado en manos de la extrema derecha, y de bloquear la renovación de las instituciones.

Las instituciones. Es difícil acordar nada respecto al Consejo General del Poder Judicial mientras no se celebren las mencionadas elecciones autonómicas, porque además el PP pretende que se cambie el modelo de elección .Pero en cambio sí se podría llegar a acuerdos respecto a los cuatro miembros del Tribunal Constitucional que deben ser renovados. Además, si hay acuerdo entre Psoe y PP, la presidencia del TC seguiría en manos del PP por el número actual de vocales que corresponden a cada partido. Solo la perdería si el Psoe fuera a la ruptura con el PP y maniobrara para que entrara algún miembro de Podemos que rompiera la situación actual.

Pablo Casado tiene razones sobradas para desconfiar de Pedro Sánchez, que engañó a todos los españoles al asegurar que no tenía la menor intención de gobernar con Podemos y además no dudó en compadrear con ERC para ser investido, sobrepasando los límites de lo que podría aceptar un partido que debe preservar la unidad de su país. Sánchez ha hecho lo imposible para ningunear al PP –ni siquiera comunicó a Casado el nombramiento de la directora del CNI, a lo que obliga la cortesía política ni, este lunes, el relevo en la presidencia de la agencia EFE. Y para Casado, el crecimiento de Vox se debe en buena parte a una estrategia de Pedro Sánchez para restar votantes al PP.

También Sánchez tiene razones sobradas para desconfiar del PP porque cree, o le interesa transmitir, que Casado tuvo en su mano impedir la coalición con Podemos y el acuerdo con ERC si hubiera empujado a Rivera a un gobierno de coalición con Sánchez apoyado desde fuera por el PP.

Todo esto demuestra que las relaciones entre los dos dirigentes son difíciles de encauzar. Por la desconfianza mutua, porque piensan más en sus intereses que en España y porque los dos están lejos de coincidir en cuáles son las cuestiones de Estado que deben defender por encima de rivalidades y simpatías personales.



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