TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Dame pan, y dime tonto

Es época convulsa en que los garrulos siembran cátedra en las letrinas, juras y perjuros. En las instituciones de España los comediantes acuden a oficiar su regalía, su votada efigie, con planteamientos macarras, matoniles, tirando de paletismo que diría L. Ventoso. Muchas señorías y señoronas con carrera se comportan como chonis,  a lo hippy pero sin cueros; van regaladas de plástico rígido amarillo reciclado hecho con botellas de lejía, cual si de amarillear se tratara un causa tan rancia como el independentismo o las encías de su señora Señoría Cutrefacta. En la corte de Felipe VI se recibe y escuchará, entre otros, a una colección de idiotas que se creen importantes, oportunistas de la democracia a los que un Rey debe poner buena cara. Que nadie olvide que recibe hasta republicanos, esos que no renuncian al salario de la Monarquía parlamentaria española. Recibirá a fanfarrones de nueva silla con fanfarria acorde, como si fueran «personas decentes» que diría C. Herrera. ¡Qué lejos queda la corte de Felipe III con sus juegos, sus colores, su trapío y su golfería, jugando a las cañas o en los toros de la corte vallisoletana! Sólo nos quedan los farsantes, como esos que jugando a poner lazos amarillos a sus marionetas dicen que no tienen Rey. Yo me fio mucho de los que leen a Cervantes, menos de los que llaman droga dura a las lecturas de Quevedo aunque sean de Cuenca como Raúl del Pozo. Aún recuerdo la última promesa que me hizo a mi solito un alcalde de Cuenca que me prometió que iban a limpiar las teclas de los parquímetros, hasta me enseñó el mensaje que mandó a la empresa que mantiene perfectamente mugrientas y asquerosamente sucias y pegajosas las letras que hay que pulsar obligatoriamente para pagar la hora. Otras promesas las hemos oído todos, ¡íbamos a tener una ciudad que iba a ser la envidia del Mundo! Pero se referirían a la del mundo deshabitado, algo que ya estamos a punto de conseguir, y sin ayuda, ¡ojito!