LA LÍNEA GRIS

Javier Santamarina


Vengadores: endgame

Los gobernantes piensan que merecen el mismo respeto que Chris Evans por su interpretación estelar de Capitán América; es difícil encontrar una simbiosis más perfecta. Hasta Jacques Chirac ha recibido un trato inaudito una vez que ha hecho lo mismo que cualquier mortal: morirse. Esos mismos políticos que critican el populismo que defiende respuestas sencillas a problemas complejos, arropan con cariño a una adolescente con coletas llamada Greta.

Si Angela Merkel cree que su final de mandato va a ser igual de plácido que la marcha de Chris se equivoca. Ningún político ha sabido reflejar mejor el populismo de salón. Cierto es que David Cameron fue horroroso en el cargo, pero estuvo menos tiempo. Por desgracia, Angela Merkel nos ha acompañado tantos años que su legado devastador se ha extendido más allá de sus fronteras. Su falta de estrategia, visión o principios básicos ha triturado la ilusión europeísta y su dinamismo económico con propuestas netamente populistas.

Los ingenuos pensaban que su condición de mujer u origen del este alemán eran una garantía de éxito y sensibilidad; nunca una idea ha sido tan sexista o racista. El origen o el género es irrelevante, lo importante son las ideas que uno quiere ejecutar una vez que se está en el poder. La improvisación o la demagogia pueden otorgar el éxito electoral pero te relegarán al ostracismo de la historia. Alemania se ha quedado sin política energética, de seguridad, bancaria, económica y viendo como el resto de Europa se descomponía en un mar de reproches.

Sería lógico esperar a su marcha para escribir estas líneas, pero no podremos aguantar mucho más su presencia. Rusia, el Brexit, el Euro o las instituciones europeas necesitan un liderazgo fuerte en el motor económico y tecnológico europeo. Polonia y los países Bálticos no tienen la capacidad para defender al continente y Estados Unidos se pregunta recurrentemente si tiene sentido mantener sus bases en un país hostil a su protección.

Ha sido demoledor comprobar como Turquía ha invadido Siria sin que la Unión Europea tenga una respuesta razonable ante la amenaza de un aluvión de refugiados. El poder requiere prepararse para lo peor, aunque se ilusione construyendo lo mejor. Alemania ha preferido una política conservadora, donde la superioridad moral era un activo. Han pasado ya catorce años y su legado no puede ser más triste. Lo dramático es que demasiada gente en Europa piensa que es un símbolo de estabilidad cuando solo ha traído decadencia.


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