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La comunidad nazarena da el visto bueno al cartel

Leo Cortijo
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La obra de Martínez Gil agrada entre los 'semanasanteros' por el «significado» que tiene y, especialmente, por el recuerdo a los nazarenos fallecidos por la pandemia.

La comunidad nazarena da el visto bueno al cartel - Foto: Reyes Martínez

Ya es toda una tradición. Comentar y enjuiciar el cartel de la Semana Santa se ha convertido para cualquier conquense en un hábito por estas fechas. Además de hacerlo llegar hasta los rincones más apartados del planeta –sobre todo a los lugares en los que se encuentran los nazarenos de la diáspora–, no hay semanasantero que se precie que no tenga su particular punto de vista. Con los amigos en la barra del bar, con la familia en una sobremesa o en el trabajo con los compañeros. Da igual el escenario y la compañía escogida. Desde que se presenta la obra hasta que el Domingo de Ramos sale el primer paso, prácticamente no se habla de otra cosa.

Como ocurre cuando se pone el foco sobre los colores, opiniones hay para todos los gustos. Algunos carteles de la colección que atesora la Junta de Cofradías han generado unanimidad, para bien o para mal. Todos recordamos algunos ejemplos... Lo importante al fin y al cabo es que el cartel no caiga en el olvido y que, guste más o menos, cada nazareno extraiga de él las lecturas que considere. Es arte y el arte es muy subjetivo. Así, la obra de Martínez Gil, por lo general, ha caído bien entre la comunidad cofrade, que lo arropa sobre todo por la carga simbólica de la misma.

Comenzamos a recoger impresiones y lo hacemos por riguroso orden procesional con secretarios, representantes y miembros de juntas directivas de las hermandades. Carlos Pontones, de la Borriquilla, destaca que es un «gran acierto» porque mezcla «tanto lo abstracto como la fotografía», sin olvidar los 24 triángulos que a él, personalmente, le sugieren los capuces, «tan representativos de nuestra Semana Santa». Por parte de Jesús de Medinaceli, Pedro José Valiente, explica que la combinación entre «fotografía y elementos de diseño» define «lo que es» nuestra Semana de Pasión. «Cuando más impacta es cuando lo contemplas de cerca... es espectacular», remata. En esa misma línea se mueve José Manuel Calzada, de la Esperanza, que se deshace en elogios y llega a tildarlo de «extraordinario». Entre sus calificativos, subraya que es una obra «llena de ritmo, geométrica, con una composición muy buena y en un formato muy original». Eso sí, «desde un punto de vista muy subjetivo y sin ponerle ni un pero», Calzada entiende que la Semana Santa de Cuenca es color y que éste puede faltar en cierto momento.

Continuamos con nuestra particular procesión, y lo hacemos con dos hermandades que procesionan el Miércoles Santo. Pablo López, como representante de El Prendimiento, destaca por encima de todo dos detalles de gran peso en un conjunto que «representa a Cuenca». Uno es el hecho de incluir el año 2021 en el cartel «para que no caiga en el olvido» y otro son los 24 triángulos en forma de vidriera «para representar los 24 meses que llevamos esperando, así como a los hermanos perdidos en este tiempo». Pedro Paños, de la Amargura, argumenta por su parte que la obra de Martínez Gil comunica dos claves fundamentales. Por un lado, «el sentir nazareno» a través de todas las analogías que plantea el artista, y por otro, las tristes consecuencias que ha traído consigo «la pandemia que nos ha tocado vivir», lo que configura una pieza «interesante y muy bien armada» en su conjunto.

Simbolismo. Uno de los aspectos que más ha impactado a Antonio Abarca, del Huerto de San Antón, es el mosaico de triángulos. «Unos son más intensos porque son los nazarenos que se encuentran en los puestos de organización, otros tienen una intensidad menor, que son los que están en segunda fila, y luego hay otros en negro por los hermanos que ya no están, pero absolutamente todos son necesarios», enfatiza. En relación a esto, Luis Ángel Martínez, de la Soledad del Puente, completa con que «la vidriera de triángulos, que simboliza claramente los capuces de los nazarenos, invita a mirar a través de esa mágica ventana para buscar y contemplar una Sagrada Imagen que todos esperamos, en este caso, de un Cristo crucificado».

Terminamos viaje y lo hacemos con tres paradas más en los tres últimos días de la Pasión conquense. Julián Espada, de San Juan Evangelista, afirma que el cartel «escenifica de forma singular lo más representativo de nuestra Semana Santa, la pasión y muerte del Señor, y los nazarenos de Cuenca con una composición que recuerda a vidrieras que calan luz y esperanza en estos tiempos». Pablo Muñoz, de las Santa Marías, dice que la imagen «destila ese sentido de la estética que tiene el autor», y en lo personal «conecta» con él porque «recupera y renueva esos trabajos con la fotografía que tanto se veían en los carteles de las décadas de los 80 y 90».

Más allá del simbolismo de la pieza, Javier Caruda, de Jesús Resucitado, pone el foco en que es «perfectamente identificable» con la Semana Santa conquense, porque «anuncia única y exclusivamente la nuestra y esto ya es un valor». Un «regalo» en forma de «magnífico» cartel que «perdurará en la memoria de los nazarenos durante muchos años».