La emoción marca el regreso de Ureña

EFE
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El murciano firma una gran tarde en su vuelta a los ruedos, seis meses después de perder su ojo izquierdo por una cornada en Albacete

La emoción marca el regreso de Ureña

Rompió ayer a aplaudir el público que colgó el No hay billetes en Valencia en cuanto se rompió el paseíllo. Tímido, como siempre, recogió la ovación el gran protagonista de la tarde, un Paco Ureña que volvía a los ruedos seis meses después de perder su ojo izquierdo por una terrible cornada en la Feria de Albacete. La imagen del regreso del héroe ya señaló que la emoción iba a marcar la tarde en el serial de Fallas.
El festejo era y fue para el murciano, que ya marcó sus intenciones en el quite por gaoneras que le hizo al primero de la tarde, que lidiaba Enrique Ponce, pasándose por los muslos al de Juan Pedro Domecq con un escalofriante ajuste.
Lamentablemente, el primer toro que mataba en público tras el grave percance fue tan descastado y vacío como el resto de la corrida.
Hubo de ser ya con el cuarto, con algo más de duración, pero similar mala condición, cuando Ureña pudo llevarse la primera satisfacción tras medio año de convalecencia, pero a costa de ser él quien pusiera toda la entrega que le faltó al animal. Muy firme de plantas y asentadísimo en la arena, lo llevó siempre tan embebido en la muleta que logró alargar en más de una ocasión, y sobre todo al natural, unas medias embestidas a las que se impuso en todo momento hasta que, tras un pinchazo, tumbó al animal de una estocada fulminante y por derecho. Fue de ley la oreja que le dieron como premio, como pudo ser también la que habría cortado del sexto de haberlo matado con contundencia.
No fue, pues, un triunfo redondo, pero la mejor noticia de la tarde fue que, en su regreso a los ruedos, el torero de Lorca dejó la sensación de que lo sucedido aquel 14 de septiembre en Albacete no ha afectado en lo más mínimo su valor ni su concepto del toreo.
En cambio, la actuación de Enrique Ponce, en el día que cumplía 29 años de alternativa, dejó más interrogantes. Si bien, y por un trasteo ligerito, se llevó una orejita del segundo de su lote, luego no llegó a aprovechar en toda su dimensión la bravura del quinto, el único con opciones de la corrida.