"En Cuenca descubrí el otro lado de la vida"

J. Monreal
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"En Cuenca descubrí el otro lado de la vida" - Foto: Reyes MartÁ­nez

Joaquín Caparrós, entrenador de fútbol

Acude puntual a la cita. Extiende la mano y saluda con la calidez de la amistad, en una tarde veraniega de la Cuenca a la que Joaquín vuelve con frecuencia, o mejor dicho, de donde nunca se ha ido porque allá donde esté siempre encuentra el momento para referirse a una ciudad que para él tiene un gran significado.

De hecho, esta visita tiene un significado muy especial: recibir el nombramiento de Conquense del Año, galardón que le ha concedido el Club Rotary de Cuenca.

El entrenador sevillano, mira al campo de la Beneficencia que hoy lleva su nombre y rememora tiempos pasados, sin nostalgia, pero cargados de emotividad.

Joaquín habla de sus inicios en el fútbol, «como todos los niños, en el colegio, hasta que entro en el Sevilla, luego en el Castilla, y en otros equipos hasta recalar en Cuenca», señala Caparrós.

¿Qué recuerda de su llegada como jugador cedido a la Balompédica?

Fue una etapa muy bonita, ilusionante y llena de gratos recuerdos, tanto a nivel de jugador como de amistades que hice en la ciudad y que sigo conservando a día de hoy. Compaginaba trabajo, en la desaparecida Travenol, con el fútbol, y aunque eran años duros porque había que buscarse la vida, también fueron muy felices.

¿Jugó también en Tarancón?

Tras dejar la Balompédica estuve jugando en Tarancón en Tercera División, y seguidamente vine a jugar al San José, donde solamente disputé un par de partidos porque al siguiente me propusieron hacerme cargo del equipo y no lo dudé. Ese fue mi debut como entrenador, aunque nunca me lo había planteado de esa manera. Tras haber entrenado al San José, volví a la provincia para entrenar al equipo de Motilla y más tarde al Campillo. Poco después regreso a la Balompédica, pero en este caso como entrenador, y al margen de ese trabajo en el banquillo, pusimos en marcha las primeras escuelas deportivas de fútbol infantil que funcionaron muy bien.

¿Cuándo empieza a sentirse entrenador?

Mi primera sensación la tuve en los equipos de Cuenca, pero la conciencia de verdad de lo que es la profesión la viví en el Recreativo de Huelva, el decano del fútbol español, donde comencé mi andadura profesional como entrenador y tomé conciencia de que la exigencia es grande y tienes que estar muy seguro y bien preparado.

A partir de ahí, ha habido muchos equipos, tanto en España como en el extranjero. ¿El entrenador siempre anda con las maletas hechas?

En cierto modo es así porque siempre andamos de un lado a otro. Es raro el entrenador que permanece muchos años en un equipo, al menos en la época actual, y vives siempre un poco de acá para allá, pero lo asumes porque forma parte de la profesión que has elegido. Al principio cuesta porque la familia sufre, sobre todo cuando tienes niños pequeños, pero con el paso del tiempo ya te mueves con mayor libertad al tener situados a los tuyos.

¿Qué le atrajo del fútbol de Catar para ir a entrenar a Doha?

Me atrajo la novedad, el proyecto ilusionante de un fútbol distinto, emergente que se preparaba para un mundial y cuando surgió la posibilidad la aproveché. Pronto me di cuenta de que no casaba con la idea que yo tengo del fútbol, más que nada por la profesionalidad y por la cultura de aquel país y volví de nuevo a España.

¿Usted es sevillista convencido, desde niño, y por tradición familiar. ¿Imaginaba que un día llegaría a dirigir a la plantilla?

Esa ilusión siempre está presente, y más para un sevillista de raza como yo me considero. Llegar a ocupar el banquillo del club de tu ciudad es algo con lo que todos los entrenadores soñamos y yo tuve la suerte de estar en ese banquillo en una época de esplendor del Sevilla que logró títulos y se situó entre los grandes equipos de la liga.

¿Qué le sugiere la palabra derbi?

Por encima de todo me sugiere dos nombres: Betis y Sevilla, o viceversa. A lo largo de mi carrera en diversos equipos he vivido muchos derbis como son el Coruña-Celta, Athletic-Real Sociedad o Valencia-Levante, pero como el choque entre dos aficiones sevillanas no hay nada comparable. En una ocasión me preguntaron por el duelo entre Sevilla y Betis y respondí: «El auténtico derbi es el que juega el Motilla contra Campillo». Siempre son partidos especiales que se viven de forma diferente a los demás.

 

Siempre que tiene ocasión sale a relucir Cuenca. ¿Qué significado tiene para usted esta tierra?

Cuenca es para mí el principio de todo. Llegué muy joven y eso me hizo descubrir el otro lado de la vida. Vine a la ciudad hecho un chaval, y Cuenca me dio oportunidades en muchos sentidos, no sólo de trabajo sino de conocer a gente muy interesante, de abrirme al mundo. Mi llegada a la ciudad fue como si le pusiera más velocidades a mi vida y a saber manejarme en ambientes muy diferentes a los que no estaba acostumbrado hasta que llegué a vivir a esta ciudad.

Ha pregonado la fiesta de San Mateo, es asiduo a la Semana Santa, tiene casa en la ciudad, acaba de ser nombrado Conquense del Año, un estadio lleva su nombre. ¿Qué supone tanto reconocimiento?

Supone el que debo responder con gratitud a esta tierra a la que sigo tan unido. De todos los galardones, nombramientos o reconocimientos que se me han hecho estoy muy orgulloso, pero lo estoy especialmente al ver que un estadio de fútbol, con la solera y el sabor que tiene el campo de la Bene donde el fútbol base tiene su espacio, donde los chavales acuden con ilusión y ganas de ser alguien en el mundo del fútbol. Guardo un cariño inmenso a la ciudad, y agradezco todo cuanto me ha dado desde que llegué a día de hoy. De aquí es mi mujer, mis hijos crecieron y estudiaron aquí. ¿Qué más puedes recibir del lugar donde te sientes querido y en el que ya tienes raíces como si fuera tu propia tierra de origen? Agradecimiento total.

¿Ha acabado la carrera de Periodismo que empezó en Bilbao?

No la he acabado. Empecé cuando entrenaba al Athletic, pero al dejar al equipo también aparqué los libros. Intenté matricularme de nuevo en Sevilla, pero surgió lo de Mallorca y también tuve que renunciar a seguir estudiando. Periodismo es, de algún modo, la asignatura pendiente que algún día tendré que pensar en aprobar.

Hace meses usted dio a conocer que padecía una enfermedad. ¿Cómo se siente?

Lo hice público para evitar especulaciones y porque creo que el método adecuado de que las cosas se sepan es por boca del interesado. Es un tema del que no hemos vuelto a hablar, pero sí quiero decir que estoy bien, que soy positivo y por encima de todo un luchador que tiene ilusión por su trabajo y activo por genética por parte de madre que sierpe fue una persona alegre, positiva y con una sonrisa en la cara que es la mejor manera de afrontar la vida y de disfrutar de los amigos que tengo en Cuenca, que más que amigos son hermanos.

¿Qué sintió al verse en la prensa como posible seleccionador nacional?

Pues no fue nada especial, porque entre los nombres propuestos estaba yo, junto con otros compañeros. Al final las cosas son un cúmulo de circunstancias y cuando suceden es porque así debe ser, lo mismo que cuando no suceden. El no haber sido seleccionador nacional ha sido la consecuencia de que luego hayan venido otras cosas, como el volver al Sevilla, club que para mí es una ida y vuelta permanente desde que era niño y di mis primeras patadas a un balón en las categorías infantiles.

¿Se sentirá cómodo trabajando con la cantera?

Sí. Mi carrera en esta etapa se centra en la cantera del Sevilla pero eso no quiere decir que deje de ser y vivir como entrenador.