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Javier López

NUEVO SURCO

Javier López


El trabajo a pérdidas

30/03/2022

En el país que quiere ser ya postpandémico a la altura de esta primavera lluviosa de 2022, a la espera de los cirios semanasanteros que deseamos con fervor recuperar ya, nos encontramos con un alza increíble de precios y los suministros tabaleándose en algunos sectores por la falta de movimiento de materia prima. Los refugiados ucranianos llaman a nuestra puerta desde su angustia y su desesperación mientras que Sánchez presenta un plan de choque en la enésima emergencia de los últimos años. Nos hemos instalado en el país de las perdidas subvencionadas y los que hacen huelga esgrimen que 'les cuestas trabajar', es decir, que no ganan nada, que vale más el viaje que la mercancía que transportan. Y no son los únicos en España. De ahí el concepto terrible del 'trabajo a pérdidas'. Ya puede afinar la sonrisa de Yolanda Díaz para que en nuestro país pasemos la página de la precariedad, como sigue proclamando solemnemente mientras no termina de tejer su proyecto político para unas elecciones generales inciertas.
Sin embargo, a los que se manifiestan se les tacha desde algunas terminales de fascistas, ultraderechistas y golpistas. En el país de las perdidas todo acaba siendo una argucia dialéctica que nos tiramos a las cara para terminar solapando así las realidades y su análisis correspondiente. Tenemos el caso también de esas realidades paralelas que ponen en jaque a los entramados representativos a los que estábamos acostumbrados. Así la plataforma de transportistas que ha seguido en sus trece y rechaza el acuerdo anunciado por el Gobierno tras una nocturna reunión maratoniana con las tradicionales asociaciones del sector, básicamente dinero para enjugar las perdidas. Los de la plataforma rebelde siguieron adelante con los pitos y los gritos en el Paseo de la Castellana, sin intención de salir a la carretera.
Y luego nos encontramos al currito medio español, el de los mil euros mensuales, que de momento tampoco contempla gozoso como pasa la página de la precariedad en España. El españolito de infantería haciendo frente heroicamente con tesón y soltura probada a una inflación desbocada del 7,6 por ciento, es decir que somos de momento un 7,6 por ciento más pobres porque cobramos lo mismo pero podemos comprar menos, considerablemente menos en algunos casos. Adiós los extras, las cenas del sábado, y los modestos planes de vacaciones. El currito de los mil euros no puede. Bastante es con llenar la cesta de la compra en la que debe hacer cabriolas en el aire para que no se noten mucho los huecos sin rellenar. La pérdida de poder adquisitivo entre las llamadas clases medias es un síntoma evidente de decadencia.
Casi en las mismas estábamos allá por 2011 cuando otra brutal crisis económica de raíz financiera invadió nuestras vidas y varios movimientos populistas salieron a la palestra , -en España Podemos-, monopolizando la acampada callejera, megáfono en mano. Una década después sabemos que los que llevaban el megáfono se pusieron el mundo por moqueta y han aumentado considerablemente su nivel de vida, el suyo, nada más. De manera que en el país de las perdidas y la inflación al 7,6 por ciento todo acaba siendo un recurso al dinero público, los ERTE, los créditos ICO, los fondos europeos, las subvenciones al combustible…como si se tratara de un maná inagotable, como si el algún momento no nos tuviéramos que plantear y replantear seriamente nuestra estructura de ingresos y gastos, es decir, lo que hace cualquier familia en los momentos en los que arrecia el temporal.
Sin embargo, y en medio de este panorama tan desolador, hay alguna noticia positiva que hay que poner en valor, aunque sea provisionalmente, como la propia medida anunciada. Es bueno para todos que la UE reconozca la excepcionalidad ibérica en materia energética, es una buena noticia que marca un horizonte necesario de unidad y compenetración con el otro país que comparte con nosotros esta península que es casi como un gran islote a modo de cabeza geográfica de Europa. Por ese camino puede ser posible abaratar el precio de la luz excluyendo de la factura el componente gasístico en España y Portugal, cuya dependencia del gas ruso es escasa. Victoria temporal, provisional, de incierta implementación, que, sin embargo, deberíamos mantener en el tiempo y que no tiene que ver, esta vez, con el analgésico de la subvención ni con la ilusión óptica de que otros vengan a resolver nuestros problemas. No estaría mal ahora plantearse aligerar la carga impositiva sobre los combustibles.