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Sánchez desbarata su partido

Pilar Cernuda
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No hace falta una percepción especial para llegar a la conclusión de que el desánimo es general en el PSOE, el rechazo al secretario general y presidente del Gobierno se percibe entre muchos de los 'barones', como Vara, Page y Lambán

Sánchez desbarata su partido - Foto: Javier Lizon

No hace mucho tiempo, cuando le preguntaron a Felipe González si seguía siendo del PSOE, dijo: «Soy militante, pero no simpatizante». Una descripción perfecta de cómo se siente hoy un número muy destacado de socialistas, que se niega a renunciar a su militancia pero no comparten las decisiones que toma Pedro Sánchez en el Gobierno y en el partido. Donde fue expulsado por el Comité Federal aunque regresó un año más tarde tras ganar las primarias a Susana Díaz. Propuso entonces una ejecutiva federal en donde no tenían sitio los dudosos de apoyar incondicionalmente el sanchismo, excepto los pocos cargos electos que todavía tenían vigentes sus mandatos. Y llevó al congreso del partido una reforma de los estatutos que impedían que el secretario general pudiera ser relevado del cargo como lo había sido él.

Esa declaración de Felipe González es de plena actualidad cuando el PSOE atraviesa la época más complicada de su historia, porque el secretario general ha creado un Gobierno de coalición que promueve proyectos que van contra los principios que han sido santo y seña del partido, ha perdido toda credibilidad por mentir de forma sistemática, se ha alineado con partidos que se mueven en la ilegalidad y la inconstitucionalidad, protagoniza una grave confrontación con las instituciones judiciales, ha intentado hacerse con las institución del Estado y tapa bocas tirando de las arcas del Estado.

Felipe González ha declarado que no habría decretado el indulto en las circunstancias que pretende hacerlo él, que no habla con Sánchez desde la moción de censura, que no habría votado a Gabilondo si hubiera sabido que en el debate le iba a decir a Pablo Iglesias que tenían 12 días para llegar a un acuerdo y que hay que gobernar con respeto a la ley.

Aunque lo peor para Sánchez es que escuchar a Felipe suponía que millones de españoles se daban cuenta de su sentido de Estado y ver su coraje como político y su fluidez y confianza de sus relaciones con los más importantes dirigentes mundiales, mientras en España un mediocre presidente no encuentra hueco en el escenario internacional, donde no pinta nada, gobierna con un partido populista de extrema izquierda, promueve iniciativas intolerables con partidos antiespañoles con el único objeto de asegurarse el apoyo parlamentario para mantenerse en el cargo y desprecia a los políticos socialistas más capaces mientras promueve a los que solo tienen como mérito ponerse en primer tiempo de saludo ante las instrucciones que les da Sánchez.

 

A favor y en contra

Esa situación se ha envenenado hasta un punto insostenible esta semana, cuando Sánchez anunció su disposición a conceder el indulto a los independentistas catalanes. Decisión que no será inmediata, entre otras razones porque no quiere que el indulto influya en el resultado de las primarias andaluzas, donde su antigua rival Susana Díaz se presenta contra Juan Espadas, el alcalde de Sevilla al que Sánchez consiguió convencer de que se presentara con el apoyo de Ferraz.

No hace falta tener una percepción especial para llegar a la conclusión de que el desánimo es generalizado en el PSOE, el rechazo al secretario general y presidente se percibe sin indagar excesivamente.

Hay silencios clamorosos que indican que las adhesiones incondicionales a Sánchez han pasado a la historia, y dirigentes como Fernández Vara, que desde que Sánchez es presidente defendía que había que ser leal con quienes habían elegido los españoles y pocas veces expresaba sus discrepancias, ahora se ha situado abiertamente en contra de los indultos. Aunque ha sido Emiliano García Page el que se ha colocado al frente de la manifestación, como ha hecho siempre sin que le dolieran prendas a la hora de marcar distancias con el presidente cuando promovía iniciativas que no compartía. Javier Lambán se mantiene en silencio estos días en los que convalece de una operación, pero todo el mundo espera que, cuando se encuentre en condiciones de hablar, se posicionará más cerca de sus compañeros Page y Vara que de Pedro Sánchez.

 

Sin arrepentimiento

Desde Moncloa han tocado a rebato para insistir en la idea de que los problemas se resuelven con diálogo y que la instituciones judiciales deben aceptar las decisiones que son prerrogativa del Gobierno. A esa interpretación se ha sumado también el expresidente Rodríguez Zapatero.

No es la persona más adecuada para defender nada: está contaminado por su desafortunada gestión como jefe de Gobierno, incapaz de reconocer la gravedad de la crisis económica, y sobre todo por su actitud respecto a Venezuela, donde se ha convertido en el máximo defensor de Nicolás Maduro, personaje dictatorial que ha llevado a su país a la indigencia.

Para Pedro Sánchez sin embargo el adversario más peligroso es el juez Marchena, presidente de la Sala Segunda de lo Penal del Tribunal Supremo, la que condenó a los dirigentes independentistas por sedición y malversación.

En el informe por el que la Sala se pronunciaba en contra del indulto, los argumentos son de una solidez incontestable, pero añade un concepto que no había sido advertido: el autoindulto.

El informe señala que el decreto que pretende aprobar el Gobierno tiene como objetivo indultar a unos condenados de los que depende la continuidad de ese Gobierno, pues son los partidos de los procesados los que lo sustentan y, por tanto, los que podrían poner fin a la Presidencia de Sánchez.