scorecardresearch

El vacuno de leche no levanta cabeza

M.H. (SPC)
-

A pesar de las ayudas y las subidas de precio, los ganaderos siguen en una situación crítica y existe la posibilidad real de que se produzca desabastecimiento para la industria

El vacuno de leche no levanta cabeza - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez Eugenio Gutiérrez Martí

El sector agropecuario está atravesando uno de los peores momentos de su historia. A la descontrolada subida de los costes de producción que se lleva produciendo desde 2020 se han sumado ahora los efectos de la guerra en Ucrania, un conflicto que ha llegado para agravar una situación que ya era alarmante. Todas las ramas de la agricultura y la ganadería se están viendo perjudicadas, pero los profesionales que se dedican al vacuno de leche son seguramente los que están en unas circunstancias más críticas.

Hace poco más de un año, Cultum se acercaba a este sector para conocer la realidad de las explotaciones. Hace poco más de un año los ganaderos lácteos ya estaban en una posición crítica, produciendo a pérdidas y sufriendo un encarecimiento en los insumos que solo habría de empeorar en los siguientes meses. Hace poco menos de un año se quejaban de que las 53 pesetas por litro que recibían en 1993 se habían convertido en 31 céntimos de euro 28 años después, es decir, seguían cobrando lo mismo por su trabajo después de tres décadas en las que todo lo demás había subido.

¿Cómo está la situación ahora? Tras meses de protestas ante las industrias lácteas, exigencias a las administraciones y con una Ley de la Cadena Alimentaria de por medio que debería haber solucionado el problema, lo cierto es que los ganaderos lácteos siguen produciendo a pérdidas. Los precios de la leche han subido en un año más que en los últimos cinco lustros, pero el coste de los insumos necesarios para obtener esa leche se ha incrementado proporcionalmente mucho más, con lo que la realidad sigue siendo muy gris, por no decir negra.

El vacuno de leche no levanta cabezaEl vacuno de leche no levanta cabezaZacarías es uno de esos ganaderos lácteos. Tiene la suerte de contar con terrenos cultivables gracias a los que se abastece de forraje y cebada para sus animales, lo cual le da una independencia parcial respecto a los precios de la alimentación animal, pero admite que no es lo habitual y confiesa que si no fuera por eso le sería muy complicado subsistir. A pesar de que puede alimentar a sus vacas, en parte, con su propia producción agrícola, los precios de la electricidad, de los plásticos o de los fertilizantes sí le afectan como a los demás. Y también los de algunos alimentos, como la pulpa de remolacha o la semilla de algodón, que ha dejado de adquirir porque no le salían rentables.

Este ganadero cuenta que, según el nutrólogo que trabaja en su granja, se están haciendo «verdaderas salvajadas» en algunas explotaciones. Las raciones de pienso se están modificando de manera que ahora solo son de mantenimiento. Es decir, se trata de mantener a las vacas vivas con el menor costo posible, pero eso implica un parón en la producción de los animales sometidos a este práctica que solo se podrá recuperar cuando la vaca quede preñada de nuevo y dé a luz a su ternero. «Si se reducen las raciones, los picos de lactación no se recuperan», dice Zacarías. Esto implica al menos un año con los animales sin dar leche.

En otros casos se está sacrificando parte de las cabezas de algunas explotaciones para poder dar de comer a las restantes con los beneficios obtenidos, explica Francisco Fernández, director de AGAPROL (Asociación de Ganaderos Productores de Leche). La carne tiene actualmente un buen precio y los animales que menos producen son llevados a los mataderos para que los ganaderos tengan un respiro en sus cuentas gracias a esos ingresos. Y esto también significa un descenso en la producción.

El vacuno de leche no levanta cabezaEl vacuno de leche no levanta cabezaDe hecho, Zacarías alerta sobre una posible escasez de a corto plazo. «Antes las empresas tenían dónde elegir, pero ahora quieren conservar sus entregas porque ven que puede haber escasez. La leche que venía de Francia llega ahora en mucha menos cantidad». Y es que España es un país deficitario en leche y buena parte de la que hace falta llegaba de Francia, pero ahora las tornas están cambiando. Otros mercados, como el chino o el asiático en general, están pagando mejor y el producto que antes venía a España ahora viaja a países de aquella zona. «Hay nerviosismo en la industria», dice Francisco Fernández, «se ven sin leche».

El director de AGAPROL explica que los precios de la leche están subiendo, pero de manera tardía e insuficiente. Fernández cuenta que los contratos que se están terminando de firmar estos días (aunque la fecha límite era el 1 de abril está habiendo algunos retrasos provocados por la incertidumbre de los mercados) aumentarán los pagos entre 6 y 8 céntimos por litro hasta llegar a una media alrededor de 42 céntimos. «Llega tarde. Ya son muchos meses de producir con grandes pérdidas. Muchos han tenido que cerrar y para otros tantos este incremento no será suficiente, porque los costes de producción por litro rondan los 45 céntimos». Por suerte para los ganaderos, estos contratos serán válidos en muchos casos por solo tres meses, de manera que se podrán renegociar las condiciones pasado ese plazo si las circunstancias cambian, cosa que tiene toda la pinta de ocurrir.

Fernández se queja de que «la gran distribución sigue utilizando la leche como producto reclamo», a pesar de que con la Ley de la Cadena en la mano está práctica es más que cuestionable. «Se aprovechan de que es un producto de primera necesidad par atraer a los clientes. Y el gran problema es que las pérdidas que deberían tener las empresas con esas ofertas las asumimos los ganaderos».

El vacuno de leche no levanta cabezaEl vacuno de leche no levanta cabeza - Foto: Eugenio Gutierrez Martinez Eugenio Gutiérrez MartíSegún datos que maneja AGAPROL, la diferencia entre lo que cuesta producir un litro de leche y lo que ingresa el ganadero por ella se ha disparado. Si en septiembre de 2020 los costes eran de 33,3 céntimos frente a unos ingresos de 32,9, en enero el ganadero invertía 42,3 céntimos para ordeñar un litro de leche por el que le pagaban 36,4.

A todo esto hay que sumar que la venta de terneros no está, ni mucho menos, para tirar cohetes. Las vacas adultas se venden bien porque el precio actual de la carne es alto, pero un ternero recién destetado va a tardar muchos meses en pasar por el matadero, muchos meses en los que comerán gran cantidad de pienso, y nadie sabe si después de ese tiempo la carne va a seguir a esos niveles de cotización. Por eso los cebaderos son cautos a la hora de meter animales en sus instalaciones. Lógicamente, no quieren pagar por un animal una cantidad que luego no van a poder amortizar.

Ayudas directas.

Hace pocos días el Gobierno aprobaba un plan para hacer frente a los efectos de la guerra de Ucrania en el sector primario. Entre todo el dinero destinado a este fin (430 millones) se contempla un montante de 124 millones de euros en ayudas directas al vacuno de leche, reconociendo implícitamente que constituye el sector que peor lo está pasando. Se trata de 210 euros por cabeza en el caso de las primeras 40 vacas, 145 euros por animal hasta completar 180 cabezas y 80 euros más por cada uno del resto de los animales de la explotación, con un máximo de 35.000 euros.

Según explica el director de AGAPROL, los ganaderos no tienen necesidad de solicitar estas ayudas, que se conceden automáticamente. El Ministerio de Agricultura cuenta con un registro a través del cual sabe cuántas granjas de este tipo hay en España y cuántas cabezas tiene cada una. Fernández aclara que publicarán en breve los datos de los potenciales beneficiarios en su sitio de internet para que cada interesado pueda comprobar que todo está correcto y a partir de ahí comenzará a abonar las cantidades que sean determinadas. Agricultura se ha comprometido a sacar el listado antes de que transcurran 20 días desde la aprobación del decreto (29 de marzo), así que no debería demorarse.

El problema es que, según Zacarías, no se espera recibir ningún pago antes de septiembre, de manera que muchas explotaciones seguramente no lleguen a cobrar nada porque habrán cerrado antes. Esto a pesar de que el Ministerio aseguraba que esas ayudas se gestionarán de manera «urgente e inmediata» tras aprobarse el real decreto-ley que las regula.

Y es que el ritmo de desaparición de granjas de vacuno de leche en España es preocupante. A principios de 2015 había distribuidas por toda nuestra geografía algo más de 17.500 explotaciones de este tipo. En enero de este año quedaban unas 11.300. Esto significa que unas 900 instalaciones cierran de media cada año y la situación actual no parece que vaya a hacer que las cifras se reviertan. Otro aspecto de esta realidad es que las entregas de leche, es decir, la producción, no solo no ha descendido sino que ha aumentado ligeramente desde 2017, según los datos que maneja AGAPROL. Esto indica que las explotaciones son cada vez más grandes, algo que en teoría la Unión Europea quiere evitar.

Zacarías insiste en que, a pesar de que han subido los precios de todos los insumos, el gran problema es la alimentación. Los plásticos para ensilar el forraje se han encarecido un 45%, el gasóleo y la electricidad están disparados, pero los piensos son la clave. «Si supone hasta un 40% de los gastos que tiene la explotación, es rentable. Pero ahora la alimentación se come el 60% y eso es inasumible».

La situación es crítica. Las explotaciones cierran y la oferta de leche va a disminuir peligrosamente. Pero Zacarías aún intenta ver el lado positivo de las cosas: «Si después de que pase todo esto y las cosas vuelvan a la normalidad los precios se mantienen como están ahora, al menos habremos conseguido algo positivo». Para los que queden.

 

Ovino y caprino también sufren.

La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de Castilla-La Mancha ha interpuesto una denuncia ante la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) por el incumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria por parte de algunas industrias lácteas. Esta situación afecta a los ganaderos de ovino y caprino de leche, quienes están viendo cómo se les complica la viabilidad de sus explotaciones por esta bajada de precios y la carencia de contratos. Tal y como deja claro un reciente estudio de la Universidad de Castilla-La Mancaha, el precio para mantener los costes de producción es de 0,909 euros en caprino y 1,353 en ovino, mientras que los ganaderos han estado recibiendo, en lo que va de año, una media de 0,87 euros en caprino y 1,10 euros por litro en ovino.