Garaballa: La Virgen de Tejeda y su Monasterio como símbolo del marquesado

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Los Trinitarios y el Equinoccio en marzo, tradición religiosa el primero y simbología eterna, el segundo

Garaballa: La Virgen de Tejeda y su Monasterio como símbolo del marquesado

Las aguas del río Ojos de Moya o, simplemente, río Moya, desdibuja en las huertas que arrinconan un paisaje rocoso y verde, advirtiendo las primeras raíces de lo que sería un poblado prerromano. Así quedan restos en sus escarpadas rocas que siluetean esa pequeña pero fructífera vega.

Sin embargo, los almohades que fracasan en la toma de Cuenca, pasan por aquí en 1172, descansan antes de la toma de Moya y permiten que Averroes escriba sus primeras líneas de conquista. Unos años después, en 1177, hay una pequeña fortaleza a los pies del río Bary Gaballa dando lugar al topónimo que en tiempos de repoblación cristiana abrirá núcleo en el siglo XIII.

Pero la historia de este lugar está plenamente ligada a la Virgen de Tejeda, esa devoción mariana que hace centro de peregrinación desde época temprana. La aparición de la imagen en un tejo, cerca de una cueva en el mismo cauce del río el 14 de agosto de 1205, durante el pontificado de Inocencio III, hace que el obispo San Julián permita la construcción en el lugar de un monasterio e iglesia que debía de fundar los monjes que tuvieran como símbolo esa Santísima Trinidad, la misma que el pastor llevaba grabada en la piedra santa.

Así será y de esa forma, desde el convento Real de Burgos vendrían en el año 1.207 religiosos trinitarios presididos por su fundador San Guillermo Escoto, quién fundase tal monasterio. La avenida del río Mayor o de Moya, provocando la ruina del convento en 1.516 obligaron a edificar uno nuevo que levantarían en el actual lugar de ubicación donde surgiría a su lado, la población de Garaballa.

Este es el momento de mayor apogeo, tanto de peregrinación al lugar como de creación de su caserío.

Habría que andar a tiempos pasados para recordar sus rincones de historia y monumentalidad, por eso, en la base rocosa del cerro de la Leña, la cueva donde restos del Bronce se hallaron, un poco más al lado, esos restos de pequeña fortaleza donde romanos, después almohades y luego, carlistas, afianzaron posición de defensa, al cauce izquierdo, el primitivo convento y luego su molino de papel, poco conocido y sí, importante por su producción a lo largo de muchos años. En el libro Becerro del covento, del año 1756, se hace constar la fecha exacta en que empezaría a funcionar ese bello molino que “principió a moler trapo el día diez, luego se harían algunos pliegos de estraza, más luego el papel fino o florete el día dieciséis de mil setecientos y cincuenta y seis”.

Perteneció el mismo a los padres Trinitarios Calzados de Nuestra Señora de Tejeda, luego sería arrendado por Tomás Tornal de origen francés que desarrolló una intensa actividad en el siglo XVIII hasta la desamortización en que el convento y la fábrica serían abandonados, quedando solamente una herrería que compró un tal Pedro Conde. Era bello el cuño del gamo, cruz trinitaria y la palabra Texeda que le significaba.

Ahora, podríamos hablar del bello edificio conventual, el cual ha pasado de monasterio a Posada, luego Hostería, tal vez residencia y quizás, iglesia con cafetería. Arriba, en el caserío, la parroquial de San Sebastián, ahora casi abandonada y sin culto con espadaña de sillería y techumbre de madera; abajo, el santuario con su iglesia de cruz latina, bóvedas nervadas, el camarín de la Virgen, llamada “la capillla Sixtina de la Sierra”, decorada con pinturas barrocas y sus dos claustros. La parte baja con arquería de medio punto sobre pilastras de muy bellas proporciones, luego la parte superior con un ala de arquería también; el segundo claustro, barroco, es de planta cuadrada de cuatro arcos sobre pilares cuadrados y cubierto por bóveda con lunetos. Retablos barrocos de gran belleza, púlpito todo dorado con gofrado y algún que otro alfarje. Para el lugar y la comarca, sus fiestas del 8 de septiembre y su septenario en esa romería hasta Moya, cruzando todos y cada uno de los pueblos que la circunda. Belleza y fuerte devoción de gentes de Teruel, Valencia y Cuenca que aquí llegan para venerar a la virgen de Tejeda.