EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Ilegítima defensa

12/07/2020

Estoy muy agradecido a la Ley de Libertades Sexuales que me protege cuando vuelvo solo/a y borracho/a a casa, pero estaría más agradecido si estuvieran protegidos mis derechos básicos a la seguridad vital y a la propiedad, en donde existen dos dominios en grave desatención.
El primero es el fenómeno Okupa, cuyas últimas víctimas han sido un matrimonio de 84 y 91 años, que por la epidemia habían dejado su casa. ¡Que les hablen a esos ancianos -que ven su vivienda destrozada por cinco jóvenes de entre 18 y 31 años- de la solidaridad habitacional y los beneficios de la multiculturalidad! Como lo trágico y lo cómico se emparejan, la misma noche del asalto los okupas llamaron a la Policía para pedir ayuda porque «tenían miedo de los propietarios». Dentro del mismo tema, vivir en el municipio madrileño de Alcorcón también se ha convertido en una pesadilla por la permisividad municipal de izquierdas ante los asaltantes de un antiguo mercado de abastos convertido en un centro de trapicheos. Lo tragicómico es que algunos de los okupas están realquilando los locales a terceros.
Otro dominio es la incapacidad de autodefensa en los casos de asaltos domiciliarios. Casimiro Villegas hirió de bala a tres de los cinco asaltantes que en mitad de la noche le estaban dando una paliza y le tenían herido y ensangrentado. Fue procesado y condenado a dos años y seis meses de cárcel, por lesiones al dispararles cuando ya trataban de huir y la autodefensa era desproporcionada. La sentencia obliga al agredido a pagar a los delincuentes 52.924 euros por las lesiones ocasionadas, que a su vez también han sido condenadas a penas de prisión por el asalto. Pero ¿quién resarce al condenado los ocho años pendiente de juicio, bajo la petición del fiscal de 20 años de cárcel y una responsabilidad civil de 300.000 euros, con sus cuentas embargadas y que le llevaron a un intento de suicidio?
Jonás C.R y otro joven entraron la noche del 1 de marzo de 2015 a robar enmascarados y armados con un formón y una pistola (que luego se supo que era simulada) en casa del octogenario Jacinto Siverio. Los dos ladrones golpearon al acusado, le pusieron en la sien la pistola, pegaron a su esposa y le exigieron que les diera todo el dinero que tuviera. En ese momento, Jacinto cogió un revólver con el que trató de ahuyentar a los asaltantes disparando al suelo, pero un segundo tiro descontrolado mató a Jonás. Pues le han caído dos años y medio de prisión por homicidio. Este suceso también termina en tragicomedia pues el otro ladrón confesó en el juicio que él hubiera hecho lo mismo si alguien entra así en su casa: «Y no dejaría que se escapara ninguno».
Proteger la transexualidad es un progreso, pero defender la vida es algo básico ¿Pero cómo van a preocuparle los anteriores dramas a quien vive en un chalet blindado hasta la coleta?
Si yo me veo en un caso semejante, prefiero acabar en la trena antes que en el tanatorio ¡soy tan políticamente incorrecto y tan fiel al instinto natural de supervivencia que me obliga a anteponer mi vida a la de cualquiera! He de suplir por mis medios la desprotección de la ley, por lo que si alguien asalta mi casa pistola en mano, intentaré ser el más rápido.