Experto en sabor

J. Monreal
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Nicolás Bermejo Gómez / Comerciante

Experto en sabor

Nicolás acude cada mañana a su establecimiento. Enfundado en su bata blanca, repasa  los estantes de la tienda y revisa los productos que tan bien conoce. «Empecé en el negocio de la mano de mi padre que fue quien se estableció en Cuenca, tras realizar un viaje a Valencia para dar conocer  la charcutería de nuestra tierra, Salamanca. Pasó por la antigua Plaza de Abastos y no dudó en quedarse con un puesto de venta. Así es como empezó nuestra familia en Cuenca», dice el veterano comerciante, quien a sus 86 años, goza de una excelente salud y vitalidad. Recuerda aquel primer establecimiento que montó su padre, al que siguieron otros puestos de ventas más, regentados por otros miembros de la familia. «Dos años después de establecerse mi padre, me vine yo a Cuenca, y son tantos años ya viviendo aquí que me considero conquense de pleno derecho aunque no olvido mi lugar de nacimiento en la provincia salmantina, a la que he vuelto en numerosas ocasiones», recuerda con cierta nostalgia Nicolás.
Años difíciles.
Memoria prodigiosa y actividad constante son las claves en las que se basa la vida de este comerciante veterano, que pese a estar jubilado hace mucho tiempo, sigue firme al pie del cañón.
«No hago nada especial en la tienda porque de esos trabajos se encarga la segunda generación y la tercera», dice sonriendo Bermejo al ver a los miembros más jóvenes de la familia tras el mostrador, atendiendo a los clientes del establecimiento.
 «El hecho de darme una vuelta cada día es lo que me mantiene en forma porque de otro modo me aburriría en casa sin saber qué hacer. Como no tengo horario ni jefe que me mande, cuando me canso de estar por aquí, salgo y doy una vuelta por los alrededores de la tienda. Así paso buena parte de la mañana y muchas tardes».
Experimentado comerciante y avezado catador de jamones y embutidos, cuenta por cientos de miles las  piezas que han pasado por sus manos a lo largo de sus 68 años de trayectoria profesional. «Si pusiera en fila las paletillas, jamones y lomos que he manejado, daríamos la vuelta a Cuenca varias veces», comenta sonriendo Nicolás, quien con tan sólo mirar el producto, sabe de su calidad y características.
«Este oficio requiere paciencia y estar muy atento a los productos. Me basta con echar un vistazo a las piezas para saber si son de buena calidad, aunque para asegurarlo tenemos métodos de cata, con un hueso que insertamos en el jamón y que, a través del aroma, nos asegura su sabor y categoría».
Todo un experto.
No hay más secreto, para ser un profesional en cualquier campo, que la dedicación absoluta y el ánimo de aprender cada día.
«Nadie nace enseñado, y si quieres llegar a algo en la vida, tienes que poner todo tu empeño y dedicarte a tu trabajo procurando mejorar día a día, y más en un comercio donde el público que acude a él exige calidad y tú te debes a tus clientes», asegura el experto comerciante de embutidos, jamones, salazones, quesos y un sin fin de productos más que pueblan las estanterías del negocio familiar, al que se han ido incorporando varios miembros más de la saga Bermejo, empezando por su hijo José Miguel, al que siguen sus hijos, tanto en la tienda como en el secadero y sala de despiece.
Satisfecho de su trabajo, Nicolás es la figura de referencia de la tienda.
«Gracias a Dios tenemos  muchos clientes fijos que siguen preguntando por mí cuando pasan a la tienda aunque saben que estoy más que jubilado», -prosigue Bermejo-, «y eso significa que  depositan su confianza en nuestro establecimiento».
 Apura los últimos minutos de la mañana, y deja en el despacho su bata. «Esta tarde volveré, como hago siempre». Genio y figura.