TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Lo de Neymar

Si el mundo fuese un lugar más justo, Neymar no tendría equipo nunca. Pero claro, jugando con esa injusticia existencial el siglo XXI nos ha colado de matute algunos presidentes de grandes potencias que tiran de culo, a Kyrgios como profesional del tenis y a los tronistas de 'Mujeres y Hombres y Viceversa' como ejemplo a seguir de nuestros adolescentes y pronto-veinteañeros: no hay más que asomarse a playas y piscinas para ver que la figura del 'gordito' está en vías de extinción… y desear, resignados, que ojalá hubiesen decidido cultivar la mente con el mismo entusiasmo la 'tableta' abdominal.

En ese mundo más justo, seguro, el sistema no toleraría a un jugador, por bueno-buenísimo que fuese, reírse del 'establishment' a carcajadas. Hay demasiados intereses (más económicos que deportivos, y ahí radica el problema de estas nuevas divas del neofútbol) como para que un elemento decida desequilibrar cada verano con caprichos pasajeros.

Me da miedo, en el fondo, que Neymar no sea sino un adelantado a su tiempo. Como esos 'youtubers', 'influencers', jugadores de E-Games y 'streamers' y toda esa fauna 2.1 que comenzaron a hacer sus 'movidas' hace tiempo, cuando nadie creía en el engendro, y han pasado de pioneros a millonarios porque el nuevo mundo trae nuevas reglas. ¿Y si Neymar es el principio? Es decir, el niñato que hoy nos parece un sinvergüenza puede ser mañana el 'padre fundador' de un mercado donde no se estilan ni cláusulas ni contratos vinculantes, donde la firma vale lo que una lágrima en la lluvia (buen viaje, Hauer) y los clubes de fútbol sean lugares de paso, como moteles de carretera, en los que los jugadores, empoderados hasta el infinito, llegan cuando les sale de ahí para largarse cuando les salga de allá. Si tendemos a eso y Ney es el ejemplo, algunos preferiremos no mirar.


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