CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


Los caminos del desarrollo

08/12/2019

Tradicionalmente las rutas comerciales suponían una posibilidad de enriquecimiento, en todos los sentidos, para los territorios por los que transitaban. Obviamente generaban riqueza económica, con la compraventa de productos o el simple trueque de mercancías, pero también enriquecían a las comunidades con nuevos conocimientos y el desarrollo de las sociedades en sí mismas. Las vías pecuarias fueron vertebradores de los territorios, pero poco a poco esos caminos tradicionales o se quedaron sepultados por el asfalto o se abandonaron por la falta de la actividad que las mantuvo vivas durante siglos.
Ahora, algunos de esos caminos tradicionales vuelven a recobrar la vida y pueden suponer un motor de desarrollo para zonas despobladas del interior peninsular, como es el caso de muchas comarcas conquenses. El motivo de este resurgir es el Camino de Santiago. El más famoso y concurrido es el Francés que recorre la Cordillera Cantábrica, pero hay ramales por la práctica totalidad del territorio nacional. En Cuenca hay tres caminos: el de la Lana, que desemboca en el Francés en Burgos y atraviesa toda la provincia; el de Uclés, que nace en el Escorial de la Mancha y prosigue por Madrid; y el de la Santa Cruz, que va en dirección de Toledo desde San Clemente y Los Hinojosos. Estas vías son transitadas por unos pocos peregrinos, pero cada año la cifra aumenta. La razón es que los verdaderos peregrinos huyen de las masificaciones de otros recorridos y encuentran la tranquilidad en estos parajes conquenses.
Las asociaciones de Amigos del Camino de Santiago de la zona consideran que ayuntamientos, Diputación y Junta de Comunidades tienen la oportunidad de potenciar estas rutas jacobeas para ayudar a las zonas despobladas a salir adelante. A lo mejor no es una actividad que genere un volumen económico considerable, pero sí puede ayudar con un granito de arena a que se mantengan vivos algunos municipios. En el Camino Francés hay casos de éxito de aldeas ya deshabitadas que hoy vuelven a tener habitantes.
No hay que desdeñar ningún granito de arena, por pequeño que sea, para que la España vacía que denominan algunos tenga el más mínimo rayo de esperanza, porque hay que explotar todas potencialidades de los territorios y los tres caminos de Santiago que atraviesan la provincia de Cuenca lo son, por lo que hay que apoyar cualquier iniciativa que haya para dotar de infraestructuras jacobeas los distintos municipios por los que pasan estas rutas que mezclan el ocio en contacto con la naturaleza y la religiosidad.