CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Las formas

19/02/2020

La forma en la que ha sido destituido Fernando Garea como presidente de la agencia EFE no es de recibo.

Nombrado por el gobierno, como corresponde al cargo que ocupaba, un cargo de confianza y de gran responsabilidad, fue citado en una cafetería –no en su despacho- por el Secretario de Estado de Comunicación, donde le anunció la decisión de destituirle. A lo mejor Oliver, su jefe Redondo y su más jefe todavía Pedro Sánchez creían tener razones para proceder al relevo en la agencia, pero ni siquiera así –lo que parece dudoso por la conocida profesionalidad de Garea- se justifica, las cosas se hacen de otra manera. Le han tratado como si fuera un delincuente, que desde luego no lo es.

Tenemos un presidente de gobierno que ha hecho de la mentira un hábito, hasta el punto de que el valor de su palabra es cero, ninguno. Un presidente que ha engañado a sus votantes al asegurar que jamás llegaría a acuerdos con Podemos y que nunca negociaría con los independentistas sobre cuestiones que quedan fuera de la ley y de la Constitución. Ahora, cuando ha formado un gobierno de coalición con Podemos y promueve reformas del Código Penal y de la Constitución para favorecer la causa independentista, incluso se permite el lujo de echar en cara a la oposición que asuma que él ha tenido la mayoría de los votos. Los tuvo, pero a través de un monumental engaño.

Tenemos un presidente que, por primera vez en democracia, no ha dudado en llevar al gobierno y a las instituciones a maridos, esposas, novias, novios y toda clase de familiares de altos cargos para que también ellos y ellas se beneficien del reparto del pastel, y que tampoco ha dudado en utilizar medios públicos para sus actividades privadas, rompiendo una regla no escrita por la que dirigentes políticos de todas las tendencias, incluso de su partido, tuvieron buen cuidado de separar su vida profesional de la personal. Y si hubo excepciones, que alguna hubo, se corrigieron para no volver a repetirlas.

El trato a Garea, que indigna a toda la profesión periodística, incluso a aquellos compañeros con los que no mantenía relaciones personales especialmente estrechas, ha sido probablemente la gota que ha colmado el vaso de lo que se está soportando en esta nueva etapa política en la que, insistimos, lo más graves es tener un presidente que miente. Pero si es difícil asumir ese hecho que produce vergüenza, la pérdida de las formas no se puede consentir. También las personas despedidas merecen ser tratadas con respeto.

¿De verdad costaba tanto destituir a un alto cargo convocándole a La Moncloa para comunicarle que no cumplía las expectativas puestas en él? Expectativas que probablemente no tenían nada que ver con la manera de ejercer el deber periodístico de informar con la verdad por delante. Porque eso es posiblemente lo que ha costado el puesto a Garea.



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