Editorial

Merkel coge los mandos en un momento clave para la Unión Europea

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El discurso de la canciller ha virado hacia un tono más expansivo y conciliador

Ni el mejor de los guionistas hubiera diseñado un epílogo tan a medida de la personalidad europea más influyente para el conjunto del viejo continente durante la última década. La recta final de la carrera política de Angela Merkel estará marcada por la Presidencia de turno de la Unión Europea. La canciller alemana asume el mando durante los próximos seis meses, un periodo lleno de desafíos, el principal derivado de la crisis del coronavirus.
Con un liderazgo fuera de toda duda, Merkel, sin complejos, ha demostrado capacidad de adaptación a las circunstancias, un cambio de recetas que incluye, frente a la rigidez de un pasado no muy lejano, términos más conciliadores como unidad y solidaridad. Si la austeridad, el control del déficit y la deuda pública, el situar en el punto de mira y estigmatizar a los países del sur fue parte de la hoja de ruta de la crisis financiera de 2008, mitigar al debacle económico provocada por la crisis sanitaria ha sacado el carácter más aglutinador de la germana. Nuevas políticas y un talante renovado para conducir a la Unión Europea hacia la recuperación y convertir en oportunidad una situación que ha puesto en jaque a la economía mundial. Un cambio de perspectiva que incluye la necesidad de no dejar caer a países como España o Italia, vitales también para la estabilidad de la economía alemana que en los meses previos a la Covid-19 se asomaba al abismo de la recesión. Angela Merkel, que arranca su mandato continental con el objetivo de hacer que «Europa vuelva a ser fuerte», ha urdido a través del eje franco-alemán un plan de estímulo consistente en la emisión de 750.000 millones de euros de deuda conjunta, 250.000 en créditos a devolver. Una iniciativa de la que recelan los países ‘frugales’ (Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca) ahondando en las diferencias entre el norte y sur del continente. Así, sin dejar su pragmatismo, el cambio de rumbo de las políticas de la alemana viene definido por sus polítcas de expansión en el gasto frente a la no muy lejana sobriedad presupuestaria que hizo de Merkel un personaje antipático en determinados territorios.
Reanimar a una Europa debilitada por la pandemia no será su única meta. En el horizonte, modular los efectos negativos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, articular una política migratoria común o reconducir la relación con Trump, sobre todo en el ámbito comercial, son algunas tareas pendientes. Demasiado para un semestre que se antoja decisivo y en el que Europa necesita de un liderazgo fuerte como el de Merkel. Consciente de que «las expectativas de la presidencia de Alemania son grandes», también es sabedora de que su legado político y su sitio en la historia estarán marcados en gran medida por la gestión de una crisis que determinará el futuro de la Unión Europea.