ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Odette

19/01/2020

Odette es nombre de personaje de novela francesa. También del ballet del Cascanueces, de Tchaikovsky. Para poner un nombre así en los años veinte, del siglo XX, o se era de familia elevada  o se era hija de un padre  afrancesado. El padre de Odette Núñez fue un transportista  con aficiones exóticas. Sea como fuere, ninguna persona como Odette Núñez ha llevado  el nombre con tanta elegancia, entre francesa y española.

Odette Núñez pertenece a ese grupo de personas  anónimas que mejoran la vida de los otros como proyección espontanea de su bondad. Por esa condición, dejaba huella en cuantos la conocían. Permitan que incorpore  el texto de Facebook, que publicaba recientemente Luis Manuel Riaño: «Ha fallecido a la avanzada edad de 97 años Odette Núñez Sánchez, funcionaria ejemplar de la antigua Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Toledo. Su profesionalidad, conocimiento, entrega y simpatía personal, facilitaron la, con frecuencia, azarosa vida administrativa de varias generaciones de maestros y profesores de Toledo. Gracias Odette».

¿Se puede decir más? Fue una adelantada a su tiempo, como lo fue su hermana Enma. Trabajó en el INP (Instituto Nacional de Previsión)  hasta que pudo. Luego tuvo que cumplir  una obligatoriedad de la época: si eras mujer y te casabas, abandonabas el empleo. Fue madre de cuatro hijos. Y tan pronto como crecieron, hizo oposiciones y volvió al trabajo. Primero como maestra, más tarde como funcionaria en la absurdamente encrespada Dirección Provincial de Educación. Ella puso sonrisa, eficacia, diligencia y dignidad en la atención al público. Ante el mostrador, que separaba a unos funcionarios de otros funcionarios, lo que producía cabreo o tranquilidad dependía de quién atendía. Si lo hacía Odette, las dudas y las dificultades desaparecían.  De ahí el recuerdo emocionado de quienes la conocieron

Fue lectora compulsiva por su naturaleza sensible e imaginativa. Le hubiera gustado ejercer otras  profesiones. Por ejemplo, Bióloga. ¡Cuántas veces se vió a sí misma  tratando  con ternura ilimitada  a animales en selvas remotas! Le entusiasmaba  la Arqueología. Sentía pasión por  las civilizaciones antiguas. Removían en ella el anhelo de aventura con el que había crecido. Hubiera cumplido un deseo reiterado, visitando Egipto. Pero vivió épocas de renuncias. Y se inventó la felicidad delegada: se emocionaba cuando los demás viajaban. Le encantaba la música clásica. Con ella, sentía y soñaba, mientras alternaba la lectura absorbente con los Clásicos Populares. Ahora ya es  la  protagonista de su nueva aventura por  tierras y mares aún sin descubrir.