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A por la victoria

Leo Cortijo
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Óscar Fabián vino con su familia desde Colombia en busca de una oportunidad. ¿Su sueño? Montar su propia pastelería en Cuenca y vivir en paz.

A por la victoria - Foto: Reyes Martínez

Ninguna victoria es fácil de conseguir. De hecho, en la inmensa mayoría de los casos, hay que lucharla hasta la última gota de sudor sin cejar en el empeño ni tirar la toalla antes de tiempo. Dicen que el que la sigue la consigue, y eso es precisamente lo que busca Óscar Fabián en territorio conquense. Victoria, esa palabra de tan profundo significado marca su vida. No solo porque es lo que intenta lograr en Cuenca desde hace tres meses junto a su mujer, Anne Juliana, sino porque ese es el nombre de la hija que tienen en común, de tan solo cinco años. La familia dejó atrás su Bogotá natal en busca de un futuro mejor para la pequeña 'joya' de la pareja. Tristemente, «los titulares de las noticias en mi país hablan de muerte tras muerte todos los días sin importar la edad de las víctimas», comenta angustiado. Allí «no respetan la vida» y ese no era el porvenir que querían para Victoria.

Decidieron poner tierra de por medio, cruzar el charco y seguir los pasos del hermano de Óscar, que emigró desde tierras cafeteras hace ya casi 20 años. Él allanó ese pedregoso camino porque la decisión «no fue nada fácil de tomar». Había que arriesgar y empezar una nueva vida. Casi con los ojos vidriosos y a pesar de llevar muy poco tiempo aquí, Óscar comenta que en Cuenca solo se ha encontrado con «ángeles» que le han brindado ayuda.

Ese es el caso de las hermanas García, que se cruzaron en su camino para sumar su particular granito de arena. Una porción de pastel tuvo la culpa. Un día Óscar acudió a su establecimiento a comprar y una de las hermanas le obsequió con un trocito de tarta. El colombiano quiso corresponderle a los pocos días regalándole un par de cupcakes, y es que él era pastelero en su país. De hecho, junto a su mujer emprendió la aventura de abrir Vicoria, una tienda dedicada a la venta de ricos y sabrosos dulces. Pidió a las hermanas García si de vez en cuando podían hacerle un hueco a sus productos para que los clientes los probaran, y así es como dio su primer paso en Cuenca. Gracias a una mano amiga.

El camino todavía es muy incipiente y por ahora solo ofrecen sus maravillosas creaciones en esta tienda ubicada en la Avenida de la Música Española. Ahora bien, Óscar tiene la esperanza de que la promoción que realizan en Instagram (@vicoria_love_details) y, sobre todo, el boca a boca sirva de trampolín para que más gente les conozca y puedan vender sus artículos.

El mayor sueño de todos es poder tener su propia tienda abierta al público, para no solo ofrecer todo tipo de pasteles, sino también que sirva como cafetería. «Ese es el propósito hacia el que vamos enfocados», comenta con toda la ilusión del mundo. De hecho, sigue «paso a paso y poco a poco» ampliando sus conocimientos en esta materia. Acaba de terminar un taller de repostería, y cada vez es mayor el abanico de productos que puede hacer. Ya no se le resiste ni una tarta ópera ni un brazo de gitano ni tampoco un entremet.

Todo suma en pro de conseguir sus sueños, que no son otros que ganarse la vida de lo que le gusta, como le gusta y en paz. Qué bonita palabra, por cierto. Y qué tan fácilmente asumible tenemos en ciertas latitudes del planeta y qué compleja de conseguir en otras tantas... Pensémoslo. Eso, que tan sencillo parece conseguir, será la particular gran victoria de esta familia. Y esa Victoria –en este caso con mayúscula– es la que marca el camino. Por la niña dejaron atrás todo lo que tenían y hasta por ella nombraron así su negocio, pues cuando a la pequeña le preguntaban por su nombre, ella decía que se llamaba Vicoria. ¡Suerte, amigos!