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«El pistacho no es viable sólo por el oportunismo»

José Luis Enríquez
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Agróptimum es una empresa de Villanueva de la Jara que ha experimentado un notable crecimiento vinculada a la producción de pistacho, un cultivo que se adapta a la perfección al clima de Castilla-La Mancha

Ángel Minaya, CEO de Agróptimum - Foto: Reyes Martínez

El cultivo de pistacho sigue ganando terreno en Castilla-La Mancha, donde en los últimos diez años se han plantado más de 50.000 hectáreas. Una de las empresas punteras en el pistacho y su gestión integral es Agróptimum, con sede en Villanueva de la Jara. Desde que nació en 2016 ha experimentado un crecimiento espectacular y en la actualidad el Grupo Agróptinum cuenta con unos 150 empleados directos y otros tantos indirectos que contribuyen a frenar la despoblación del medio Rural. 

Ángel Minaya (Villanueva de la Jara, 1990) es el CEO de Agróptimum y uno de los responsables del milagro del pistacho. Su receta se basa en levantar una empresa respetuosa con el medio ambiente, contribuir a frenar la despoblación, apostar por la sostenibilidad y el uso de las técnicas más innovadoras y tecnológicas. El resultado salta a la vista y acumula reconocimentos. El último es el premio Pyme del Año, que acaba de entregar el Banco Santander, en colaboración con la Cámara de Comercio y La Tribuna de Cuenca.

Se habla del pistacho como el oro verde. ¿Le parece adecuado?

La pregunta es un poco delicada. Se habla mucho del pistacho como oportunismo y por eso se habla de él como oro verde, pero no lo comparto porque no es un cultivo viable sólo por el oportunismo. Es un cultivo que tiene mucho recorrido a largo plazo. Podrá haber fluctuaciones de precio, subir o bajar más, pero va a ser un cultivo muy viable en zonas de Castilla-La Mancha y en el interior peninsular.

¿Pero es un cultivo de moda que atrae a inversores?

Es un cultivo que está muy bien visto porque tiene una trayectoria histórica en algunas zonas del país donde se ha comportado muy bien. Cuando los musulmanes estaban en la Península en gran parte de ella estaba este cultivo. Tenemos claro que es un cultivo que está funcionando y va a funcionar muy bien. Por eso hay interés de ciertos inversores porque la agricultura siempre es un activo seguro y si le das un valor añadido como producto que va a durar muchos años tienes una mezcla importante.

Decía que este cultivo se adapta muy bien a esta tierra. ¿Por qué?

Necesita frío y calor, pero en ambos casos, seco. Y aparte unos mínimos de pluviometrías que las tenemos, ya que es un cultivo de clima desértico y se adapta muy bien a los climas de secano. En Castilla-La Mancha, y en zonas de la provincia en concreto, tenemos un clima extraordinario para este cultivo.

¿Puede convivir con cultivos tradicionales como el olivar o el viñedo?

Sí, por supuesto. Es más resistente que el viñedo y el olivar tradicional porque aguanta mejor el frío, que es una de las debilidades de esos cultivos. Y con los calores extremos, igual. Necesita esas dos vertientes del clima que son las que cada vez más estamos teniendo, heladas en invierno y calores en verano. 

¿Se adapta al cambio climático?

Sí. Es precisamente lo que estaba comentando. El pistacho necesita justamente el clima que nos está viniendo. Un clima muy estricto en invierno con unas olas de frío que se necesitan para que el cultivo florezca y luego necesita unas olas de calor extremo en verano para que madure. El cambio climático no viene, para nada, bien pero en este caso sí que ayuda.

¿Cómo comenzaron la aventura de a cultivar pistacho?

Anticipándonos y haciendo el análisis del pasado, el presente y pensando en el futuro, adaptándonos a los medios climáticos. Hay que partir de la base de escoger algo que se adapte en la zona, por el suelo, por las precipitaciones por nuestras temperaturas y, sobre todo, que sea viable y rentable a largo plazo. Es importante que sea sostenible. Eso nos hizo cambiar el chip, salir de los cultivos más tradicionales como el almendro, la viña y el olivo. Teníamos claro que las condiciones climatológicas, y en este caso las bajas temperaturas, iba a ser un factor determinante. Teníamos claro que era un cultivo que se podía implantar en nuestra zona y que iba a ser a futuro porque a nivel mundial no hay apenas zonas donde se pueda desarrollar este cultivo. Tenemos un nicho muy importante y un crecimiento muy vertical.

¿Han incorporado nuevos métodos y estudiado como aplicarlos aquí?

No solo se trata de estudiar sino de aprender porque por mucho que diga la teoría si luego no conoces la práctica no tiene mucho sentido. Hemos estado en Estados Unidos varias veces, que son los primeros productores a nivel mundial de cultivo del pistacho, pero con un método más industrializado y tecnificado, aplicando más la tecnología y la mecanización de los sistemas para hacer un cultivo más viable y en menos tiempo. También hemos estado en Turquía, que también son grandes productores, e incluso en Irán, que es de donde viene la matriz del pistacho, de donde vienen los primeros árboles años atrás. Allí tienen un sistema de cultivo mucho más tradicional, que necesita mucha más mano de obra y una gestión distinta. Todo eso nos llevó a sacar conclusiones y a decidir qué sistema encaja en la Península. Aprendiendo de lo bueno y de lo malo para sacar las mejores conclusiones. Hemos aprendido mucho de los americanos y lo que no se debe hacer de los iraníes y los turcos.

¿En qué se diferencia el pistacho que producen respecto al iraní, turco o californiano?

En Villanueva de la Jara lo que hacemos es producir el árbol que después se va a implantar en el campo. Ya partimos de una diferencia clave, que es el tiempo en el que producimos ese árbol, que lo acortamos un 50 por ciento respecto a otras partes, y luego ¡ese árbol reduce los años de producción hasta la mitad del tiempo que se conocía como producción. Si la competencia producía árboles en 24 meses, nosotros lo hacemos en doce. Y aparte, si esos árboles dan fruto en ocho años, nosotros lo hacemos en cuatro. Acortamos los periodos de producción y a la vez estamos rentabilizando más las explotaciones por la gestión que le aplicamos con un servicio integral. Ese servicio 360 grados es por el que estamos luchando cada día.

¿Qué cuota de mercado tiene el pistacho nacional frente al importado?

Es baja. La proporción viene a ser de un 95 por ciento importado frente a un cinco por ciento español.

¿Lo ve como un estímulo? ¿Queda camino por recorrer?

Hay muchísimo camino ya que el producto español tiene mejores calidades que el importado ya que se produce de una forma más ecológica y respetuosa. Además nuestro clima ayuda para sacar este producto con tan buenas calidades.

¿Cuáles son las previsiones de producción de Agróptimum?

Estaremos en la actualidad en medio millón de plantas anuales y la intención en 2023 es duplicar esa producción y aproximarnos al millón de plantas anuales que son las que saldrán para todas las provincias para implantarse y que den los frutos. Y eso frutos incluso los podamos recoger y procesar para llevarlos a los supermercados y grandes tiendas gourmet.

¿Cuántas hectáreas de pistacho hay en la región? 

Castilla-La Mancha tiene el 80 por ciento de las hectáreas, que son unas 51.000. Pero de ellas no van a ser productivas ni el 80 por ciento porque en todas las hectáreas no se han puesto materiales vegetales como recomendaba la gestión, están poco tecnificadas y tienen poco criterio. Con nuestra empresa estamos poniendo unas 1.000 ó 1.500 hectáreas al año, hasta ahora. Queremos duplicar esta apuesta produciendo más plantas en vivero y trasladándolas al campo. 

¿Tienen más planes de ampliación en Agróptimum? 

También estamos trabajando en cerrar el círculo estando al servicio de la recolección y con la fábrica en Villanueva de la Jara para coger los frutos, pelarlos y secarlos para envasarlos y poder vender el fruto seco.

¿A través de esta iniciativa emprendedora contribuyen a fijar población en el medio rural?

Es uno de nuestros grandes retos. Somos muy de pueblo y nos gustan todos los municipios tanto de la provincia como de la región. Somos muy afines a ello y uno de los objetivos más importantes que hay dentro del modelo de negocio es que sea lo más sostenible posible, que se respete el medio ambiente y fijando el medio rural. Atrayendo rentabilidad se contribuye a fijar poblaciones que en la actualidad se están marchando a las ciudades. Es uno de los grandes retos y valores que tiene Agróptinum.

Desde 2016 han recibido varios reconocimientos. El más reciente es el del Pyme del Año. ¿Qué supone?

Para mí y para todo mi equipo es un orgullo recibir premios como este de Pyme del Año porque al final te evalúa y te motiva a seguir trabajando por el mismo camino y de una forma más profesional. Te hacen sentirte cómodo y valorado.

Además, el Grupo Agróptinum se está expandiendo en la logística y por lo que también resultó premiado con un accésit a la Internacionalización...

Sí. Tenemos una empresa de transporte que nos presta los servicios para tener una trazabilidad súper controlada en lo que habitualmente hacemos, que es la entrega de plantas y gestión de proyectos. Aparte prestamos servicios a terceros. Sobre todo estamos muy vinculados con el sector de la agroalimentación.

Con esta evolución empresarial, si le digo que el pistacho ha venido para quedarse no hay duda, no?

Está clarísimo. El pistacho vino para quedarse miles de años porque es un cultivo muy sostenible que va a ser la alternativa más potente a los cultivos extensivos, que tantos problemas están teniendo porque no tienen rentabilidad, dependen mucho de la climatología, elevados costes de producción… El pistacho es un cultivo sostenible, que se adapta muy bien a las zonas, que va a tener un desarrollo larguísimo en el tiempo porque es un árbol centenario que con muy poco medios va a ser muy productivo. No nos fijamos en el oro verde sino en la gran alternativa al terreno rústico español.