"La literatura es el último refugio de la libertad"

J. Monreal
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"La literatura es el último refugio de la libertad" - Foto: Javier Pozo

Pérez Henares fue el encargado de pregonar la Feria del Libro de Cuenca

Antonio Pérez Henares es un periodista y escritor apasionado por la historia y la naturaleza. Ávido lector desde que era niño, su pasión por los libros y las historias de sus mayores, hicieron que se abriera camino en el mundillo literario, en el que destaca como autor en diversos géneros, sobre todo en narrativa (12 títulos). Atraído por la prehistoria, es autor de cinco libros sobre este periodo de la humanidad. Es autor de numerosos ensayos, algunos en solitario y otros en colaboración con afamados autores. También es autor de dos libros de poesía.

En la actualidad, preside la Asociación de Escritores con la Historia que agrupa a cerca de 40 escritores entre los más destacados del género preocupados por la imagen tergiversada que se ofrece de continuo sobre la historia de España. Pérez Henares ha sido el pregonero de la feria del Libro en Cuenca, evento cultural que distribuirá sus actividades entre la Plaza de España, donde se han ubicado las casetas de los libreros, la Biblioteca del Centro Cultural Aguirre y el Salón de Actos de la Diputación, además de los pueblos de la provincia, Pedernoso, Tarancón, Tragacete y Valdemeca, donde se desarrollarán diversas actividades culturales y encuentros con escritores.

¿Fue su primer maestro, don Enrique, quien le enseñó a leer y escribir el culpable de su vocación literaria?

Yo diría que el segundo, ya que quien más influyó en mí fue mi abuelo Valentín Gómez, un excelente narrador que me contaba relatos increíbles entre ellos un famoso romance castellano del siglo XIII, La loba parda, que cuando lo leí años más tarde lo reconocí al momento porque lo sabía de memoria. Tuve la inmensa suerte de tener alguien que me narrara historias maravillosas en vez de tener un móvil. También influyó de manera decisiva mi primer maestro, como bien dices, don Enrique, quien no sólo me enseño a leer y a escribir, sino a soñar. Una de mis grandes satisfacciones fue cuando le pude entregar mis primeras novelas publicadas, que es la mejor forma de agradecer lo que aquel buen maestro hizo por mí en mis primeros pasos escolares.

¿Recuerda aquella vieja escuela en la que la lectura y el dictado en la pizarra fueron fundamentales para el aprendizaje?

La recuerdo con cariño y con cierta nostalgia, aunque yo siempre me refugiaba en la naturaleza y en la lectura. Recuerdo que leí El Quijote a los ocho años, y descubrí que era un libro (aunque no lo entendiera en su totalidad), lo que sí tengo claro es que me resultaba divertido. No es que sea el libro que más me ha influido, sino que hubo otros autores por los que sentía verdadera pasión como son Verne, Salgari, London o Stevenson, que fueron de gran influencia en mi niñez y adolescencia. Años más tarde, me influyeron también muchos otros autores entre los que destaco a dos de los grandes escritores españoles merecedores del Nobel y a los que se les ha negado, como fueron Benito Pérez Galdós y Miguel Delibes.

¿Ahora ya no se disfruta con aquellos autores que nos hicieron soñar? ¿Se ha perdido capacidad de imaginar?

Estamos perdiendo capacidad de imaginar y otras muchas capacidades. Ayer leí una frase que decía: cuando los teléfonos estaban sujetos por un cable, los hombres éramos libres. En estos momentos lo que veo es una especie humana abducida, ensimismada en temas absolutamente banales y presuntamente comunicándose, cuando al realidad es que hay una gran incomunicación, y resulta preocupante el futuro.

A pesar de los esfuerzos de editoriales, ferias y bibliotecas públicas por fomentar la lectura, ¿no tiene la impresión de que cada día se lee menos, y lo que aún peor, se tiene menor capacidad de comprensión de lo leído?

Se lee mucho, pero todo a base de tuit, frases sueltas, ni siquiera titulares. A eso le llaman comunicación, cuando en realidad no sé cómo llamarlo. A pesar de todo, hay mucha gente, sobre todo joven, que sí sabe aprovechar las oportunidades. Lo que realmente me preocupa son las nuevas generaciones que vienen, que no se paran a pensar que el futuro se siembra. Creo que a los jóvenes les va a suceder lo mismo que a esas grandes familias en las que los abuelos hicieron un gran patrimonio, los hijos lo disfrutaron y los nietos lo dilapidaron. Lo malo es que los cascotes de ese derribo caerá sobre su cabeza. Lo que resulta indignante es que la gente que tiene todo tipo de facilidades no sepa aprovecharlas, sino que las pisotea. La culpa no es de ellos sino de una sociedad que, lejos de educar en valores de derechos y deberes, se fija en los derechos, dejándolos abocados a un nihilismo que por fortuna no veré.

¿Las nuevas tecnologías acabarán con el libro en papel?

Pienso que no se va a acabar. Lo que menos importa es el soporte, porque lo importante es que se lea. Hay un fuerte arraigo cultural hacia la publicación en papel, y las nuevas tecnologías no hay que verlas como rivales sino como un medio para acercarse a la cultura. Lo que sí está claro es que habrá gente que aprovechará todos los medios y oportunidades y una gran mayoría que no ha sido capaz o no ha querido participar de esas ventajas. El desastre vendrá cuando esa mayoría desprecie a la minoría que ha sabido formarse y quiera eliminarla.

Hay una tendencia actual a modificar y tergiversar la historia. ¿Sucede lo mismo con los cuentos clásicos para hacerlos políticamente correctos?

Estamos entrando en un proceso de atontamiento colectivo, transmitido por tierra, mar y aire, amén de redes, televisiones, etc. No hay otra explicación. En cuanto a lo políticamente correcto, considero que es una absoluta y brutal estupidez, que se convierte en dictadura. Es la dictadura de los tontos, y lo que es aún más grave: el mayor peligro viene cuando a un tonto se le concede poder. En estos momentos que vivimos, el último refugio de libertad es la literatura, porque incluso el periodismo se ha convertido en la gran punta de lanza de la dictadura de la insensatez. Una dictadura terrible porque aplasta el sentido común, pretendiendo convertir a la humanidad en una especie de robot cortado por un mismo patrón. La dictadura del mundo de Orwell es, actualmente, la dictadura de lo políticamente correcto.

 

Este no es su primer pregón, aunque sí la primera vez que pregona la Feria del Libro de Cuenca. ¿Qué destaca se su intervención?

Centro mi intervención en el libro, como es obvio, sin dejar a un lado temas actuales como el que decimos de las nuevas tendencias y la incomunicación. Hay un aspecto que destaco especialmente, que es el de las manipulaciones que se están haciendo en materia histórica. Manipulación que viene de la mano de gentes que se autodenominan progresistas, y lo que es más grave aún, son ignorantes que predican una especie de doctrina de pecado original de ser españoles que tienen temor a pronunciar la palabra España y que se avergüenzan de nuestra historia. La ignorante progresía domina las universidades y que aparece continuamente en los medios de comunicación, tergiversan los hechos y tratan de dar la vuelta a toda una cultura, una forma de vida y una esencia como integrantes de una nación.

Tras la aparición de su último trabajo, que lleva el título de La Canción del Bisonte, anda ya metido en la elaboración de una nueva entrega?

Una vez que ve la luz una obra ya se está pensando en la siguiente o, al menos, con los preparativos previos a otra nueva entrega. Las últimas obras han funcionado muy bien, y eso te anima y estimula a seguir el camino, variando de temas o retomando la trayectoria iniciada en muchas de mis obras en las que trato de personajes reales de nuestra historia. De momento estoy en fase de preparación y no es bueno adelantar nada de la siguiente novela. Lo que sí puedo avanzar es que los personajes y sitaciones de la trama del nuevo libro serán más cercanos a nosotros en el tiempo, después de haber dejado atrás la etapa de la prehistoria. La preparación de cualquier tipo de publicación requiere una elaboración minuciosa y detallada, sin prisa. De momento sigo tomando notas, como principio del proceso creativo, y poco a poco iré encajando las piezas de este nuevo puzzle.