Editorial

La moción de censura de Vox y la decisión del PP

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Este miércoles el Congreso de los Diputados vivirá la quinta moción de censura de la democracia, con un Santiago Abascal que tratará de defender sus argumentos desde la tribuna de la Cámara Baja para sacar a Pedro Sánchez de la Presidencia del Gobierno. Sin embargo, el resultado de este ‘partido’ se sabe antes de que haya comenzado y la maniobra de Vox está condenada al fracaso. Las matemáticas no dan mayoría y es un hecho desde que fue presentada que la iniciativa no saldrá adelante. Lo que todavía está por ver es la posición que tomará un PP, liderado por Pablo Casado, al que ayer mismo Esperanza Aguirre animaba a votar a favor de la moción, al mismo tiempo que Aznar lo hacía para que se decantara por lo contrario.
A día de hoy, la posición del PP es un misterio. El propio Casado ha pedido a sus diputados altas dosis de contención verbal para evitar malos entendidos, antes de que Génova tome una decisión que se despejará en el último momento. La situación recuerda a lo que le sucedió al PSOE en 2017, cuando Podemos, con su candidato Pablo Iglesias, que veía cerca el ‘sorpasso,’ presentó una moción de censura contra Rajoy. Los socialistas, que creyeron que respaldar al líder morado era un gesto de debilidad, se decantaron por el camino de la abstención. Rajoy siguió como presidente, hasta que, un año después, Pedro Sánchez, con el aval de Podemos y los partidos nacionalistas, conseguía poner fin a la etapa del PP y del gallego al frente del Ejecutivo.
El PP se juega mucho en esta moción. Da la sensación de que, incluso, más que el propio Sánchez, que deberá encajar las críticas hostiles a su gestión que lleguen desde las filas de Vox. Un ‘sí’, que es lo que todos descartan, se puede interpretar como un tiro en el pie y podría pasar factura en el futuro, mientras que un ‘no’, con los momentos que vive España, con una crisis sanitaria que ha desencadenado una crisis económica sin precedentes, tampoco lo entendería su electorado.
La tesitura es complicada y la opción de la abstención cobra fuerza por su sentido de Estado, aunque los ataques al modelo constitucional, pues Podemos ha lanzado varios dardos contra Felipe VI que no han sido respondidos con contundencia desde Ferraz, así como la postura en el ámbito judicial, en el que las dos formaciones que conforman el Gabinete han presentado su propia reforma -criticada tanto por las asociaciones de jueces como desde Bruselas- para modificar la elección del Consejo General del Poder Judicial, pueden condicionar la respuesta de un PP que debe medir más que nunca su posicionamiento.