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Editorial

Presupuestos, modificaciones y un horizonte con forma de urna

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Un año no es nada en política. Por más que la concatenación de sucesos de impacto global y el vértigo que se imprime a la esfera política, cada vez más embadurnada de cortoplacismo, proyecten la imagen contraria, un ejercicio es un suspiro. Sobre todo cuando se trata del último antes de pasar por las urnas. En lo que va de año estamos asistiendo a la aprobación de presupuestos o la modificación de los ya existentes para que los ayuntamientos, y de forma más concreta sus rectores, escenifiquen cierta capacidad de gestión y lo traduzcan en inversiones que, además de balizar la labor de un gobierno concreto, sirvan como impulso para la próxima campaña.

Es muy elocuente el movimiento del bipartito que gobierna la capital burgalesa, que pronto aprobará una modificación presupuestaria que permitirá inyectar más de 40 millones al presupuesto de 2022, sirviendo la mayor parte de ese dinero para iniciar inversiones a lo largo de este ejercicio y, en la medida de lo posible, culminarlas a comienzos de 2023, cuando la llamada a urnas suene con más fuerza. Paralelamente, se reservan dos millones de euros para una nueva campaña de incentivos al consumo que dé continuidad a las que sirvieron para dar respiración asistida al castigado sector terciario durante la crisis sanitaria. De eso se benefician los comercios y sus clientes. Nunca sobran campañas de promoción, pero esta, la más cuantiosa, se prepara para el otoño, cuando, al menos sobre el papel, los efectos de la pandemia serán un recuerdo. 

Resulta evidente que la carrera electoral hacia 2023 va adquiriendo velocidad de crucero. Frente a los gobiernos, la oposición. Unos y otros tienen una labor que, además de legítima, es imperativa. Los primeros, ejercer el mando con vocación constructiva y la búsqueda del progreso común. Los segundos, vigilar que así se haga. Todo lo demás es artificio, humo para tapar los errores cometidos a lo largo de un mandato que ha sido particularmente agitado por el daño causado por la covid y todas sus derivas en el plano económico.

La sociedad civil debe reclamar su papel en un contexto como el actual. Elevar el nivel de exigencia con sus gobernantes y fiscalizar la acción de gobierno y oposición va a ser más necesario que nunca en los próximos meses, como lo es siempre en el prólogo de una cita electoral. Llegan ahora inversiones que han sido reclamadas durante años y que hasta la fecha no habían encontrado financiación o voluntad política para salir adelante. Es la magia de las elecciones, que tiene por norma desaparecer súbitamente cuando transcurren los plenos de investidura. Los balances, por más que las chisteras vengan cargadas para allanar el final de la legislatura, deben alcanzar todo el mandato, y eso vale tanto para los que mandan como para los que miran.