PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Autocrítica, humildad y cercanía

03/04/2020

Escribo el día en que las cifras han caído como un cielo desplomado y negro sobre nuestras cabezas. La cifra de infectados, a los que se ha hecho el test únicamente, supera de largo ya los 100.000, y la de muertos, oficiales, los 10.000. Cuando comparemos en el Registro Civil, algunos compañeros ya lo han hecho en Albacete, en toda España el número de fallecidos del año anterior y el del actual en este mes y los venideros, sabremos de verdad cuántos más han sido. Y serán muchos.
Escribo el jueves y de nuevo día de un nuevo récord atroz en aumento de los fallecimientos. La anunciada inflexión de la curva, anunciada para el pasado fin de semana no da señales de aparecer. Y el día se conjuga, además, con otro de datos igualmente aterradores. En marzo, 300.000 parados más, cerca de 850.000 afiliados menos a la Seguridad Social y millones, unos dicen que 1,5 otros que tres, de trabajadores bajo suspensiones temporales de empleo. Y el Gobierno, sí el Gobierno, amenazando a las empresas y acogotando a los autónomos. Desolador. Y aún peor. Sabemos que no será mañana ni pasado cuando comenzaremos a ver un atisbo de luz.
Ni por España ni, menos aún, por nuestra región que está ofreciendo un panorama aún peor, con su triste podio de ser la tercera comunidad en un número de pérdidas humanas que es muy posible que cuando lean estas líneas y oficialmente estarán o habrán ya pasado de las 1.000. Ante ello cualquier eufemismo sobra y están sobrando muchas cosas además. Les están sobrando sobre todo a nuestros gobernantes. Y les está faltando humildad, cercanía, reconocer los errores y saber pedir perdón.
El error es lo más propio, natural y común al hombre. En quien ha de actuar y está expuesto a la mirada de todos es más visible aún. Es comprensible si se comete sin mala fe y excusable si se asume, pero resultan muy pocos quien saben hacer esto y se disculpan por ello. Se supone síntoma de debilidad, cuando sería de grandeza, y solo acrecienta la lejanía y la desconfianza de una ciudadanía atribulada. Tampoco, y menos que nada, es solución el ocultar, o hasta mentir, la situación.
La situación en la región es pavorosa, y lleva siéndolo desde hace cerca ya de un mes. Y desde ese tiempo hubo llamadas angustiosas, tanto aquí como en toda la nación, de que debería haberse hecho acopio de lo necesario, de la protección y remedios, para afrontar lo que venía y que no se quería, por quienes más debían, ver. Esa es una tacha y una tremenda responsabilidad que habrá que asumir. También habrá que hacerlo con las palabras que no debieron decirse jamas, las acusaciones que nunca se debieron verter, nadie quería vacaciones así, ni los señalamientos a quienes denunciaban la situación y lo siguen haciendo por doquier, pues son quienes la sufren en la primera líneas de los hospitales. Sea un enfermero de Albacete, un médico de Guadalajara o de Alcázar de San Juan o el jefe de todo el servicio de anestesia de un gran hospital. Su coraje es nuestra muralla y sus testimonios, la voz de los enfermos y nuestra voz.
Humildad, cercanía y autocrítica. No es demasiado pedir. Podemos comprender, pero para ello hay que hablar con la verdad. Podemos y queremos apoyar pero para ello es preciso que se deje de lado la autojustificación, el buscar a quien echar las culpas y, como fórmula de defensa, arremeter contra los demás.
Son tiempos terribles y los que vienen no van a ser mejor. Habrá quien pretenda sacar provecho político de ellos pero no lo es. Ahora sí que no lo es. Se necesita más que nunca de liderazgo, de un palo mayor en el barco al que asirse en medio de la tempestad, de alguien en quien se pueda confiar. Pero para ello es necesaria la verdad, la humildad, reconocer el error y entonces al tiempo que pedir perdón, pedir también a todos, con cercanía y desde el corazón, la mano, el hombro y el esfuerzo de todos para levantarse juntos y volver a caminar.